Publicaciones de Roli Marín Tapia (3)

SE ROMPE EL VELO

Ensoñación, tal vez,

las bocas del aire de ayer, no es un sueño, dicen,

mientras las heridas cicatrizan con las gotas de la lluvia

y los parpadeos de un reino empiezan a acariciar su sien.

Los dioses procrean, respiran, entonces,

 el brillo, los ornamentos, aparecen,

se gesta la forma de otro dios, entonces,

los panegíricos inútiles se desvanecen.

Empieza a tener consciencia de ser un dios,

la piel de sus pies luce arrugada y empolvada,

los otros dioses le hablan loores,

al primer canto se rompe el velo

y es que este dios prefiere la tierra y no el cielo.

Un dios arrogante, fariseo y pagano,

cada vez que aprecia un hombre arrastrándose por el piso

se convierte en buen samaritano,

no grita en los cultos,

no se arrodilla,

prefiere mirar las arrugas de su mano.

Es así como  empieza  a tener vida,

el cielo es un lugar cerrado,

en cambio la tierra tiene salida.

No duerme,

piensa en aquellos  seres de lo ignoto y desconocido,

en aquellas ráfagas de luz inasibles,

en aquellos destellos de agonía,

en aquel ser humano que nunca ha vivido.

 

Roli Marín Tapia

Redactor Prensamérica Perú

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A VECES, PIERDO LA CALMA

 

Estoy madurando, quizás

pierdo el equilibrio, a veces,

estoy madurando, quizás,

 parece un vidrio, mi vida.

Estoy madurando, quizás,

 he insultado a mi amigo, ayer,

estoy madurando, quizás

 he llorado como un niño que busca abrigo, ayer.

Estoy madurando, quizás,

 he tenido sentimientos de destrucción, ayer,

estoy madurando, quizás,

sentí que la vida no es una sensación, ayer.

Estoy madurando, quizás,

que Dios cubría mis huesos con carne, sentí ayer,

 estoy madurando, quizás,

hoy me siento más cobarde.

 De lo que digo, dudo,

 estoy madurando, quizás,

 de lo que veo, dudo

¡estoy mutando!

 Estoy madurando, quizás,

 gritos beligerantes mueven mi alma,

 el niño que fui ayer, dejo de ser,

a veces, pierdo  la calma.

 

Roli Marín Tapia

Redactor Prensaméric-Perú

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AQUEL CÁLIZ

 

La acrimonía de aquel día,

un mutismo sepulcral,

un estado casi de agnosia;

una mañana agoniosa sin cara angelical.

No quise anochecer sin divisar la aureola;

mis pies estaban en el lodo de aquel azarbe;

el belísono toque de mis pies

iba abriendo la bocacalle.

Bebí el cáliz de la vivacidad;

mi cuerpo absorbió nuevo caudal;

me convertí en un celícola,

de mi vida el cardenal.

No me da miedo si el día anochece;

conyugalmente, me he unido a la luz;

mi aliento diamantífero protege mi camino,

leve es el peso de la cruz.

Aquel estado de depauperación se he esfumado,

la vigorosidad de mi alma canta cada mañana,

la melodía de la nueva vida  se escucha,

es una locura sana.

 

Roli Marín Tapia

Redactor Prensamérica-Perú

 

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