LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godínez Soto

“Los Caballos de Diómedes: Este primer trabajo consistía en capturar una manada de caballos salvajes que Diómedes, hijo de Marte y rey de Tracia, criaba para la destrucción y la guerra. Estos animales echaban fuego por las fosas nasales y se alimentaban con los cuerpos de los extranjeros que las tormentas arrojaban, a las costas de su reino. Siempre estaban sujetas con pesadas cadenas a sus pesebres de bronce. Hércules para este trabajo, llamó a su amigo Abderis para que lo ayudase. Tan pronto descubren los establos, matan a los criados y ponen a Diómedes en el comedero, donde es devorado por sus propios caballos. Tan grande fue su triunfo, que consideró indigno llevarlos él, por lo que encargó a su amigo la tarea. Abderis que era débil y temía la tarea, no pudo con la manada y fue asesinado por los caballos. Hércules desolado volvió a realizar el trabajo y lo terminó, llevándolas en presencia de Euristeo”[1]

Este trabajo está asociado con Aries y las cualidades que éste expresa, es decir: comienzo, nacimiento e impulso. Aries se asocia con el impulso necesario para romper la inercia y comenzar un nuevo ciclo.

El comienzo del ciclo evolutivo del ser humano, el primer paso para el desarrollo interior y la dominación del alma. El inicio de una nueva fase de desarrollo. Hércules emprende su primer trabajo sin comprender bien la magnitud de la tarea y sin estar preparado. Su impulsividad lo lleva a fracasar en un primer momento, al encomendarle la tarea a su amigo Abderis. Su falta de experiencia y su ímpetu por triunfar lo llevan a rehacer el trabajo hasta que el triunfo sigue a sus esfuerzos. Aries rige la cabeza, es el signo del pensador. Es la carrera del alma dentro de la materia y a través del proceso del pensamiento. Los caballos representan los pensamientos equivocados y las ideas erróneas. El reto consiste en comprender que la fuerza sólo es útil si se controla la mente con sabiduría.

La dicotomía Alma-Personalidad también está presente en este trabajo, pues a Hércules “el Alma”, lo acompaña Abderis, símbolo de “la Personalidad”.

Sobre esto los teóricos nos comentan: Hércules se dio cuenta del daño que las yeguas madres estaban haciendo. Se precipitó valerosamente al rescate de sus vecinos. Se determinó a capturar las yeguas madres, pero se sobrestimó a sí mismo. Tuvo éxito en reunirlas y capturarlas, pero fracasó en darse cuenta de la potencia y fuerza de ellas; por lo tanto, se las entregó a Abderis, el símbolo del yo personal inferior, para retenerlas. Pero al unísono se necesitaban para guardar a esos caballos devastadores. Abderis sólo no era suficientemente fuerte, y lo que había estado ocurriendo a la gente de la vecindad, le ocurrió a Abderis; las yeguas lo mataron.

Lo cual nos recuerda que el trabajo de retorno a la Unidad no consiste en matar a la Personalidad, sino en subordinar su pequeña voluntad personal a la Voluntad del Alma.

El Alma y la Personalidad se necesitan mutuamente.

La Personalidad es un reflejo del Alma, y necesita de ella para expresar todas sus potencialidades, mientras que el Alma necesita de la Personalidad para evolucionar en el mundo de la forma.

Así que este trabajo es un trabajo de integración más que de muerte. Lo que se agota es la voluntariosa Personalidad (simbolizada aquí por Aries y las yeguas devoradoras de hombres) al someterse a la Voluntad plena del Alma.

Pudiendo el albañil, dominar a las “yeguas desbocadas” de su propia conciencia personal. La mente que, en la etapa previa al contacto con el Alma, es utilizada más como una herramienta de análisis y en consecuencia de división, que de síntesis e integración.

Es Cuanto.

 

[1] Trabajo 1 de Hércules.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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