De Ésto trata nuestro Trabajo...

¿CONFIANZA O DESCONFIANZA?

Evaristo Velasco Álvarez

La palabra CONFIANZA se genera de dos palabras latinas: CUM = con, formar parte de; hacer grupo; etc., + FIANZA = FE = tener certeza y credibilidad en alguien, en algo. Por su parte, DESCONFIANZA ES LA NEGACÓN DE LA CONFIANZA.

De ahí que podamos argumentar que la confianza se gana o se adquiere, una vez que creemos en algo, una vez que tenemos fe en algo, una vez que nuestra conciencia se ha hecho acreedora de la fe en una idea o en algo o en un individuo, y que se vuelve CONFIANZA.

Y la confianza está vinculada directamente con los sentimientos de la gente; de las personas. Esto nos indica que no podemos querer en lo que no conocemos; en lo que no sentimos fiable, en lo que no amamos. Todo lo que no nos genera confianza, credibilidad o fe, seguramente que estará del lado de la DESCONFIANZA.

Las preguntas entonces serían:

  • ¿De quién puedes o sientes CONFIANZA?
  • ¿Cuándo sientes CONFIANZA?
  • ¿Cómo sientes la CONFIANZA?

A lo que podemos razonar lo siguiente:

  • Que la Confianza es un sentimiento, es una reacción de nuestro yo consciente y no es algo que surja así nomás, sino algo que se va construyendo poco a poco; con cada una de las actividades realizadas o no, con cada una de las actitudes tomadas o no tomadas, que nosotros o quienes nos rodean, física o mentalmente, realizamos.
  • Es un sentimiento que va generando nuestra certeza en que lo que vendrá, o no vendrá; sentimiento generado de lo que vamos aprendiendo en la vida. Por ello, nuestros padres, hermanos, parientes y todos los que nos rodean, van poco a poco creando nuestra confianza. Aprendemos a confiar en la mano que se nos tiende, en la voz de quien está con nosotros, de lo que vemos, de lo que escuchamos, de lo que olemos, de lo que tocamos, de lo que probamos.
  • Entonces, la confianza es poner nuestros 5 sentidos en juego, con lo que hemos aprendido.

Así pues, sin duda que confiamos en quien ha construido nuestra confianza con sus anteriores acciones, o con lo que se nos ha dicho por quienes confiamos. Nuestro padre o nuestra madre, o ambos nos llevan a tal iglesia y nos demuestran que ellos están de acuerdo y creen en lo que existe en ese lugar y quienes lo dirigen, son personas y lugares de confianza; y nosotros lo aprendemos. Y así la escuela, los libros, los lugares, las condiciones, etcétera.

Por ello, existe una conciencia nacional, un sentimiento de orgullo de pertenencia a tal o cual lugar, región, equipo, religión, aspecto físico, etc., y de ahí nuestra aversión o sentimiento contrario a lo que creemos que no conocemos, pero que se nos ha advertido por quienes son nuestros CONFIDENTES. Así que formemos sentimientos sanos de patriotismo, de amor, de cooperación, en quienes nos dan la oportunidad de hacerlo; pero principalmente en nuestra familia.

Seamos claros en nuestros pensamientos y generemos CONFIANZA en los que nos rodean, porque ello contribuirá a fortalecer nuestra personalidad, al mismo tiempo que estaremos haciendo más fuerte nuestro vínculo con ellos. Y ya sea que se trate de nuestros amigos, parientes, vecinos, etc., seguramente que nuestro espíritu se ensanchará de lo lindo y nos sentiremos muy bien.

Recordemos que el conocimiento destruye la ignorancia y por lo tanto nos da la capacidad de entender mejor, más documentadamente, mejor informada, nuestra confianza en lo que hacemos. Por ello tenemos fé en nuestros ideales y esperanza en realizarlos, porque lo hacemos por el bien de la humanidad. Por el bien de quienes nos rodean, por el bien de aquellos a quienes queremos.

¡Es cuanto!

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EVARISTO VELASCO ALVAREZ

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Comentarios

  • Ciertamente, la confianza es elemental para la convivencia, es un principio de solidaridad. Saludo.
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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.
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