Darío. Nombre del Protector de la Orden, y corresponde al lunes...
La historia habla de varios príncipes que llevaron este nombre.
Darío el Medo, hijo de Clasar, Astiages, y abuelo materno de Cyro. Se apoderó de Babilonia, destruyendo el imperio de los caldeos en aquella noche memorable en que Belshassar celebro un suntuoso convite con sus cortesanos, quienes entregados a la orgía y embriagados por el vino despertaron de su sueño al estruendo de las armas de los medos, que llevaron todo: sangre y fuego, pereciendo entre las ruinas de su imperio el que regía sus destinos después de Nabucodonosor.
Darío dividió el reino en ciento veinte satrapías o gobiernos, que subordinó a tres príncipes intendentes generales, entre los cuales Daniel ocupó el primer lugar. Dos años reinó Darío en Babilonia; al cabo de los cuales murió, sucediéndole su nieto Cyro (Daniel V, 31, VI).
Darío Histaspes, hijo de Histaspes sucesor de Cambyses en el imperio de los persas, el cual gobernó en paz después de destruir la tirana de los magos y haber matado al falso Esmerdis, que pretendía usurpar el cetro. En el segundo año de su reinado, enterado Darío de que su antecesor Cyro, había expedido un decreto autorizando la vuelta de los judíos a su patria y la reedificar a Jerusalén y su Templo, que fue después suspendida por los samaritanos y otros, dio un nuevo decreto para que continuasen las obras y se suministrase de la hacienda del rey, lo necesario para ello, tanto como para los sacrificios y holocaustos. Así se hizo y el nuevo Templo fu terminado en el mes de Adar, en el sexto año del rey Darío.
Daniel. Profeta que responde al protector, y corresponde al lunes…
Daniel, significa “Dios es juez” y fue uno de los príncipes de la casa real de Judá, que fu llevado cautivo a Babilonia cuando Jerusalén fue tomada por Nabucodonosor, rey de los caldeos, en el año 604 antes de J. C. Era Daniel de mucho entendimiento, y fu elegido con otros tres jóvenes príncipes para habitar en el palacio del rey y ser instruidos en las letras de los caldeos. Sus nombres eran Daniel, Ananias, Misael y Azaras, que fueron cambiados por los de origen Caldeo, Baltasar, Sadrac, Minach y Abednego.
Distinguiéndose Daniel entre sus compañeros y entre todos los sabios y magos de Caldea, y habiendo interpretado un sueño que Nabucodonosor había tenido y que aquellos no habían podido explicar, fue engrandecido por el rey, que le dio muchos y grandes dones y le puso de gobernador de la provincia de Babilonia y príncipe de los gobernadores, sobre todos los sabios, sus compañeros le pedían consejo sobre todos los negocios de la provincia. Asi continuó todo el reinado de Nabucodonosor y de Belshassar su hijo, y luego cuando Darío, rey de los medos se apoderó de Babilonia, fue confirmado Daniel en su puesto de primer gobernador y ministró, en el cual permaneció como Persa. Envidiado por los príncipes de Darío, fue acusado ante este de haber traspasado el edicto por el cual se mandaba que nadie hiciese petición alguna a Dios, sino al rey, y fue echado en consecuencia al foso de los leones, a pesar de haber intentado Darío salvarle. Dios, empero, le libró de aquel peligro y cerró la boca de las fieras, que no le causaron daño alguno.
Arrojados después sus acusadores con sus hijos y mujeres, fueron devorados por los leones, y Darío, que ya antes conocía el poder del Dios de Daniel, publicó un edicto para que todos temiesen al Señor, de quien hizo una magnifica confesión.
Daniel, cuya piedad para con Dios fue tan notable y cuyo amor a su pueblo, nunca fue desmentido, contribuyó poderosamente a aliviar la suerte de los desterrados, cuyo fin de cautiverio el Señor le mostró en contestación sus oraciones. Se cree que murió al final del reinado de Cyro, siendo ya de edad de noventa o más años. El libro de Daniel, reconocido siempre por canónico hasta el versículo 13 del cap. XII, contiene además de los hechos históricos en que él tuvo parte, misteriosas visiones proféticas sobre el fin de los imperios en el Éufrates, sobre el término de la cautividad del pueblo judío y sobre la venida del Mesías. El nombre de Daniel se conservó honrosamente entre los judíos persas, y de ello son prueba las referencias de Ezequiel, XIV, 14, 20, y XXVIII.
LA FE Y EL AMOR, LOGRARON QUE LOS JUDÍOS FUERAN PUESTOS EN LIBERTAD, YA QUE EL REY ERA JUSTO Y AMABA LA PAZ.
Es Cuanto.
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