LOS ALBAÑILES

 

Por: Diego Emmanuel Martínez Medina

GPM Or. Jalisco. Rito Nacional Mexicano

“Yo soy chinaco, no soy imperial, no importa que soplen el pito real”

Público en General.

Hoy nos reunimos aquí, para conmemorar un año más del natalicio del ilustre patricio de América, Benito Pablo Juárez García, hombre recto y honesto, masón firme de convicciones, Gobernante Honrado y sobre todo mexicano amante de su nación.

Para referirnos a nuestro hermano Benito, no requerimos protocolos, pues él fue un hombre sencillo y congruente en todo momento, tan congruente que durante la guerra de intervención dejó de recibir su salario como Presidente de la República, porque tenía la firme convicción que a la patria se le sirve, no se le cobra. ¿No sé si en este municipio exista alguien con esa cualidad? Tal parece que no.

Y como no es necesario el protocolo, me atrevo a hablarte de tú para preguntarte: ¿De qué fuiste hecho Benito?, que hoy 212 años después de tu nacimiento, sigues generando terror en los gobiernos conservadores disfrazados de liberales; en los gobernantes traidores, en la hipocresía política de algunos y sobre todo en los dirigentes de la reacción que les da terror pensar que pudieras regresar a gobernarnos.

Nosotros, los masones del Rito Nacional Mexicano somos los herederos de esa tradición que nos legaste, consistente en derrotar la tiranía, y forjar para la nación hombres que con su inteligencia y elevado sentido del honor defendieron al pueblo subyugado por la ignorancia en la que se les tenía sometidos.

Mi querido hermano Benito, tú que fuiste diputado, Ministro de la suprema corte de justicia, Gobernador de Oaxaca y Presidente de la República, y durante tu mandato no usaste nunca escolta, pues llegabas caminando a palacio sin temor al pueblo que gobernabas; ¿qué pensarías hoy al ver a cualquier funcionario de alta jerarquía, rodeado de escoltas y carga portafolios, para que los cuiden del pueblo que ellos mismos gobiernan?

Tú, mi querido hermano, que aboliste la mala costumbre de tener guardias de fuerza armada en tu casa y la de llevar en las funciones públicas sombreros de una forma especial. Usaste sombrero y el traje común de los ciudadanos, porque la respetabilidad del gobernante le viene de la ley, de su recto proceder y NO DE TRAJES NI DE APARATOS MILITARES PROPIOS SÓLO PARA LOS REYES DEL TEATRO.

Benito, he escuchado a gobernantes decir que se viven tiempos difíciles, que se viven tiempos oscuros, que hoy México no tiene salvación y que no existen posibilidades de cambio; habría que recordarles a esos gobernantes los tiempos oscuros que se vivían en tu época, cuando la Iglesia Católica dirigía todo en nuestro país, dirigía nacimientos, muertes, matrimonios y todo lo que hoy dirige el registro civil, gracias a ti.

Tú que tuviste que dirigir un país que nunca estuvo en paz por las ambiciones de los conservadores que defendían los derechos del clero y de la milicia que eran las clases poderosas en ese entonces, que pretendían derogar una constitución liberal; Tú que sufriste la invasión de potencias extranjeras para cobrar una deuda que no era de tu gobierno, y que hicieron una guerra que duró más de 5 años y que le costó a nuestra nación más de 90,000 muertos en un país que tenía apenas 8 millones de habitantes.

Tú si podrías decir que esos fueron tiempos oscuros y difíciles, y podrías exaltar que fuiste un líder, que supiste rodearte de los mejores mexicanos, tomando de ellos lo mejor; “Melchor Ocampo, Miguel y Sebastián Lerdo de Tejada, González Ortega, Ignacio Ramírez, Ignacio Zaragoza y por supuesto Guillermo Prieto, quien en sus escritos te retrata como un hombre dulcísimo en lo familiar, que cultivaba los afectos mínimos, que su placer era servir a los demás, cuidando borrar el descontento hasta en el último sirviente; que reía oportuno, estaba cuidadoso de que se atendiera a todo el mundo, que promovía conversaciones joviales, y después de encenderlas callaba, disfrutando de la conversación de los demás y siendo el primero en admirar a los otros. Que Jamás te escuchó difamar a nadie, y en cuanto a la modestia, no conoció a nadie superior a ti.

Es bonito querido hermano, que hoy después de 212 años de tu llegada a este mundo, los buenos mexicanos sigamos recordándote como ejemplo de civilidad, de honradez, de patriotismo, porque eso fuiste, eso eres y eso seguirás siendo.

Es por eso quizás, que a lo largo de la historia nos hayamos preguntado ¿Cuándo otro Juárez? pero si observamos con detenimiento, esa pregunta debería quedar disipada, pues todos los días surgen personas como tú mi querido hermano Benito, con otros nombres, otras características, otras ideas quizás, pero que día a día  luchan por un país mejor sin importar la adversidad, que buscan un cambio en sus conductas, aunque estén rodeados de corrupción e impunidad, que quiere un mundo mejor para sus hijos y se esfuerzan en conseguirlo.

Ciudadanos, sin duda, fueron tiempos difíciles los que se vivieron en la época de Juárez, y también difíciles son los que se viven actualmente, sin embargo, no todo está perdido, incluso puede ser cambiado si utilizamos los principios que él nos enseñó; sin robar, sin mentir, sin pedir dádivas para hacer nuestro trabajo, sin ignorar la desgracia ajena, uniéndonos como pueblo. Queremos un país mejor, queremos mejores mexicanos y cada día luchamos por ello; se viven tiempos electorales en los que muchos harán hasta lo imposible por conseguir el voto, utilizando la máxima que le han dado algunos a la política en este país, consistente en “Obtener dinero de los Ricos y votos de los pobres, para cuidar a los primeros de los segundos”.

Hoy, debemos quitarnos esa piedra que nos han cargado al decirnos que la corrupción va implícita en ser mexicanos. NO pueblo de Zapotlán, La corrupción no está implícita en ser mexicano; ser mexicano es ejemplo de patriotismo, ser mexicano es ejemplo de lucha, ser mexicano es ejemplo de tenacidad, pues como lo dijo Juárez, “la adversidad sólo desalienta a los pueblos despreciables”.

Hoy hago mías las palabras de mi general Zaragoza pronunciadas aquel 5 de mayo de 1862 cuando comenzaba la guerra contra los franceses: “MEXICANOS, ELLOS SON EL MEJOR EJERCITO DEL MUNDO, pero nosotros somos los MEJORES HIJOS DE MÉXICO”.

 Y eso son ustedes niños, jóvenes, adultos, “los mejores hijos de México”.

Cumplamos pues nuestra obligación como mejores hijos de este país, educándonos y haciendo de esta nación un México libre de corrupción.

Qué viva la memoria de Benito Juárez, que viva el liberalismo, pero sobre todo que Viva México.

“Entre los individuos como entre las naciones, el Respeto al Derecho Ajeno es la paz”.

Es cuánto.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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