LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godinez Soto

 

“32 Y dijo Moisés: Esto es lo que

Jehová ha mandado: Llenad un

gomer de el para que se guarde

para vuestros descendientes, a fin

de que vean el pan que yo os di a

comer en el desierto, cuando yo

os saque de la tierra de Egipto.

33 Y dijo Moisés a Aarón: Toma

una a vasija y pon en ella un gomer

de mana, y ponlo delante de

Jehová, para que sea guardado

para vuestros descendientes.

34 Y Aarón lo puso delante del

a Testimonio para guardarlo, como

Jehová lo mando a Moisés.”

Éxodo 16: 32-34

 

En el libro sagrado de Éxodo se nos narra sobre los hijos de Israel, que al salir de Egipto, liderados por Moisés, buscan la Libertad (ya que en Egipto eran esclavos), y por un periodo de 40 años andan vagando en el desierto de Sin, que está entre Elim y Sinai, todo esto para llegar a la tierra prometida.

El ternario de FE, ESPERANZA Y CARIDAD, que los liberales tienen como parte de sus ideales los podemos definir así:

La FE del Liberal, no debe ser confundida con la creencia ciega, hija de la Ignorancia, que origina la Superstición y el Fanatismo.

Esa FE, es la intuición de la Verdad, profética de su más pleno y perfecto conocimiento, al que nos guía iluminando nuestra senda en la oscuridad de la mente: esa divina y profética vislumbre, es precisamente a la que debemos todos los descubrimientos y las invenciones.

Tenemos FE en nosotros mismos, en la humanidad: “Por la verdad seréis libres”.

Si tenemos FE en nosotros dejaremos de ser explotados y esclavos (de pensamiento) de los demás.

Nosotros mismos somos responsables de nuestra pobreza, de nuestra depresión, y con FE en nosotros mismos podemos cambiar esa situación.

Los liberales debemos tener ESPERANZA en el resultado de nuestro propio esfuerzo y esta ESPERANZA debe ser resultado de nuestra FE.

No esperar nada sobrenatural, ni ilusorio, la ESPERANZA debe ser el motor de nuestra energía.

La ESPERANZA es tener confianza de que la verdad triunfara sobre el error, la justicia contra la inequidad, el bien contra el mal, el amor contra el odio, la felicidad contra la tribulación.

La CARIDAD, es amar a todos nuestros semejantes como a nosotros mismos.

El hombre que se ama a sí mismo, está preparado para amar a los demás y eso lo convertirá en una persona que irradie sobre sus semejantes: salud, alegría y prosperidad.

Por lo tanto el MANA del que nos habla el libro sagrado de la Biblia; es el que sirve de alimento al espíritu para trascender a otros planos, y asimismo sacarnos de la esclavitud; y los principios de FE, ESPERANZA Y CARIDAD, nos llevan a ese mismo fin.

Tengo FE en mis ideales, ESPERANZA en realizarlos por AMOR a la humanidad.

ES CUANTO.

 

 

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Comentarios

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.