LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godínez Soto ¿Acaso por el sólo hecho de ser albañiles, nos convertimos en Hermanos con el suficiente cariño fraternal correspondiente?

No. La concepción de hermano, no es la hermandad en el sentido fraterno-familiar. Es una idea "sui generis" que intuye en sí la concepción ideológica de una unión fraternal propiamente tal, no automática, sino, como meta. A ella debemos fijar el objetivo y, mientras tanto, nos dirigimos el uno hacia el otro con ese título, Hermano, diciéndole y le decimos tácitamente en esa palabra: Me gustaría que las relaciones entre nosotros lleguen a ser fraternales, quisiera que así fuera y que tanto tú como yo hagamos lo posible porque así sea.

Pero, la Cofradía no es tan ingenua e ilógica que pretenda que este asunto sea de resolución automática. Es mucho el Pulimento de la Piedra Bruta que será requerido por cada uno de nosotros para que el concepto de Fraternidad sea una realidad, mientras, podemos seguir funcionando como seres normales.

Nos llamamos Hermanos y, finalmente, con esfuerzo de cada uno de nosotros, los lazos fraternales serán fuertes.

El problema de la lealtad hacia el Hermano es muy interesante. ¿Debe un Hermano, en la vida cotidiana preferir a un hermano en vez de a un profano? ¿Debe el Hermano ayudar a su Hermano en el comercio, en la industria, en la administración pública, en la profesión? Claro que sí. Siempre y cuando actué bajo ciertas normas de conducta y de buena fe, sin cometer ilegalidades.

Si necesito comprar algo debo darle la prioridad a mi Hermano. Si soy funcionario público y puedo ayudar a mi Hermano debo hacerlo. No debo permitir ni colaborar con mi Hermano a que burle la Ley, y si la burla, probablemente por ética no debo intervenir y seguramente denunciar, si hay algo que pueda ayudar, debo hacerlo.

No hay duda que aquel a quien el Hermano recurre, también tiene la obligación de entregarle sus servicios o productos mejor y más baratos.

Nuestro comportamiento fuera del Templo debe ser acorde a la moralidad. Debemos manifestar el Amor a la Patria, ser un hombre integrado en la sociedad que pertenecemos, autosuficiente en lograr nuestro sustento y el de nuestra familia, respetar y cuidar de nuestra vida familiar y convivir, también fuera del Templo, con nuestros Hermanos y familias.

Debemos defender, difundir y actuar en cada una de nuestras actividades profanas de acuerdo a nuestros Principios más, comprender que, no solamente nosotros somos entes que actuamos o pretendemos actuar con moralidad. No pretende ser la Institución Moral por excelencia. Sólo pretendemos que con nuestro sistema lograremos, poco a poco, con la capacidad individual de cada uno de nosotros, Pulir nuestra propia Piedra Bruta, perfeccionarnos, influir en la sociedad para lograr un mundo mejor, más tolerante, más armónico, más feliz.

Es cuánto.

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Comentarios

  • Este tema es de infinita controversia, al menos en los tiempos actuales, aquí en Chile no es la más grande fortaleza, Los Entendidos comprenderán.
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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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