LOS ALBAÑILES

 

 

Por: Miguel Ángel Martínez Romero

 

“Gnóthi Seautón: Conócete a ti mismo”

Frase escrita en el frontispicio

Del
 Templo de Apolo en Delfos.

 

Las religiones de raíz cristiana, en su doctrina exotérica, enseñan a sus fieles que la composición del Ser Humano es dual: Cuerpo y Alma; al ir avanzando y profundizando, las escuelas esotéricas nos descubren que tal naturaleza es triple: cuerpo, alma y espíritu; y todavía más, si estudiamos con mayor ahínco, descubriremos que es séptuple.

 

Asimismo, las Escuelas que nos tratan de revelar lo Oculto, nos hacen descubrir que una parte de nosotros, ese Espíritu, es la verdadera Luz, la Chispa Divina que nos hace uno con el GADU.

 

Sabemos que nuestra iniciación es triple: una Primera que nos hace morir a los vicios y las pasiones y renacer a la Virtud y la búsqueda de la Verdad; una Segunda que nos incita a abrevar del Conocimiento y una Tercera que nos permite descubrir la Inmortalidad del Alma.

 

En este decurso, y con base en las normas de la Masonería Simbólica, aparentemente dejamos de lado cualquier estudio directo sobre la Naturaleza Divina. Aplicamos la sugerencia del Maestro de Nazareth: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

 

Sin embargo, como verdaderos albañiles, trabajando “sin ruido de herramientas ni golpe de martillos”, piedra a piedra, bloque a bloque, columna por columna, vamos edificando el Templo del que somos al mismo tiempo piedra, columna y operario, bajo los planos trazados y la guía amorosa del Gran Arquitecto.

 

Pero, ¿está completo nuestro edificio? ¿Realmente lo podríamos considerar terminado?

 

La respuesta ortodoxa es que sí: “Todo lo que es la Masonería se encuentra en los primeros tres grados”

 

Sin embargo, y citando a Albert Pike, esto se encuentra sepultado en ellos y “deteriorado por el tiempo y al extremo que sus rasgos verdaderos apenas pueden ser distinguidos”.

 

Por eso, y en busca de nuevas “herramientas” y de mejores técnicas, seremos exaltados al filosofismo, en el que conoceremos el secreto que nos permitirá insertar la clave que sostiene el Arco del Santuario.

 

Escudriñaremos, con Enoch, el Primer Iniciado, la Bóveda que contiene el Delta de Oro con el verdadero nombre del Eterno ahí grabado.

 

Leeremos con absoluta devoción la palabra grabada en cada uno de los arcos que sostienen el templo, trasladándolas con buril de fuego hasta nuestro Santuario Interno:

 

  • Causa Primera: El GADU es la Causa de las causas.
  • Creador: A partir de sí mismo.
  • Vivificante: Todo lo anima, lo reproduce y perfecciona.
  • Altísimo: Sólo le alcanza el Pensamiento.
  • Inmutable: No es ni vengativo ni está sujeto a nuestras mudanzas.
  • Eterno: Es el que fue, el que es y el que será.
  • Ordenador: Todo lo rige.
  • Omnipotente: Reina en la Eternidad, el Tiempo y el Espacio.
  • Inteligencia Suma (Omnisciente): Encierra cuanto el Sentimiento y la Razón alcanzan.

 

Y al observar el Triángulo de Oro engastado de piedras preciosas, comprenderemos que éste representa en sus tres lados la unidad del Ser, por la Naturaleza, la Inteligencia y La Conciencia; y que el nombre inscrito en él significa “El que Ha Sido, el Que Es y Siempre Será”. Y finalmente, después de construir dovela por dovela cada arco de nuestro particular templo, y de afirmarlo con su respectiva clave, comprenderemos que, como dice la inscripción del Templo de Apolo “Conócete a Ti mismo si quieres conocer el Universo”, si queremos conocer a Dios, tendremos que conocernos a nosotros mismos, y en particular, a quien el Mago Jeffa Jorge Adoum llamó el “Yo Soy”.

 

Es Cuanto.

 

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.