LOS ALBAÑILES

De Ésto trata nuestro Trabajo...

 

 

3634784454?profile=RESIZE_710xPor: Roberto Godínez Soto

 

Muchos transitan el camino por inercia, costumbre o moda, pero no están convencidos de la importancia de una verdadera transformación. De este modo, quedan a mitad de camino, contentándose con analizar las huellas cuando lo verdaderamente importante es el camino.

Cuando estamos en busca de nosotros mismos, necesitamos estudiar y al mismo tiempo sortear todas las dificultades que encontremos en el camino, pero sobre todo no dejarnos influenciar ni sorprender por falsas pistas. Lo mejor para llegar es tener esperanza en nosotros mismos y que no nos asuste el final del camino.

“En las montañas del Tíbet, un explorador buscaba con ahínco la pista del abominable hombre de las nieves. Tras llegar a un poblado muy humilde, preguntó a todos los habitantes del lugar si habían visto huellas o rastros del legendario yeti.

Un muchacho le dijo: “El que puede saber algo más sobre el yeti es el Maestro. Yo lo acompañaré hasta él”. 

Después de caminar durante dos horas por un territorio inhóspito, el explorador y el joven llegaron a la cabaña del Maestro.

– ¡Oh, amable señor! ¿Has visto huellas del yeti? ¿Sabes alguna cosa de él?

– Por supuesto que sí. Es más: conozco la cueva donde se refugia. ¡Vamos! ¡Deprisa! ¡No te quites el abrigo! Te llevaré a ver al yeti ahora mismo.

El explorador, que nunca había creído verdaderamente en la existencia del hombre de las nieves, empalideció y con la voz cortada por el miedo, le dijo al viejo: “En verdad, no busco a yeti. Solamente busco sus huellas”.

 

Es Cuanto.

 

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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