LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godin

Para aclararlo, mencionaré algunos personajes de la historia que han sido señalados como traidores o al menos desleales:

Jesús de Nazaret, por el Sanedrín; Miguel Hidalgo, por los Ibéricos y el clero; Benito Juárez, por el clero; Lázaro Cárdenas, por Plutarco Elías Calles; Andrés Manuel López Obrador, por Roberto Madrazo; y Felipe Calderón por Vicente Fox; y varios más.

¿Qué tenían en común estos personajes?

Cambiaron el orden establecido y quienes se sintieron amenazados en sus intereses, por la Ignorancia, la Ambición y la Hipocresía; los acusaron de traidores y desleales. Los cambios en Status Quo, generan miedo, sobre todo en quienes sienten haber detentado (y a veces administrado) la verdad. En todos esos casos, también eran más jóvenes que sus detractores, quienes pontificaban su experiencia.

Estos acusadores, defienden su derecho a administrar la verdad al pueblo. Su amor a la patria, al pueblo o las instituciones los hace sentirse indispensables. Confunden el Rey con el Reino, el Gobernador con el Estado, al Presidente con el País, y al Sacerdote con la Religión, sin reconocer su transitoriedad.

Es derecho del pueblo y obligación de los liberales, el cambiar el orden establecido si este se ha convertido en fuente de ignominia o de vergüenza.

Tal es el caso de los sindicatos, cuando exigen respeto a sus derechos y a que se les pague sus sueldos. Cuando el patrón les deja de pagar o no les cumple lo prometido; ¿Tiene el empleado la obligación de continuar obedeciendo sin cuestionar? ¿Sin buscar una mejora material o espiritual? ¿Es eso deslealtad?, ¡Sí! ¿Pero de quién? ¿Del empleado o del patrón que no cumplió?

Le asiste al pueblo el derecho soberano de buscar su mejora material y espiritual, aun cuando algunos conservados los acusen de deslealtades, como fue el caso de Juárez, cuando expropio los bienes de la iglesia y creo la institución del Registro Civil.

Es el mismo caso de Lázaro Cárdenas, cuando no permitió la intromisión del “Jefe Máximo de la Revolución” y envió al exilio a Plutarco Elías Calles, sentando las bases para democratizar la vida pública del país y hacer efectivo el principio de NO Reelección. Ahuyentando los fantasmas que querían ejercer el poder tras el trono, al modo de los sabios iluminados encabezados por el cardenal Richelieu, que ejerció el poder como primer ministro del Rey Luis XIII, en 1624; quien siendo católico no dudo en aliarse con los protestantes para lograr sus objetivos. Se juntaron el agua y el aceite por el interés de sus propias conveniencias.

Debe haber continuidad, decían los seguidores de Calles, detractores de Cárdenas.

¡Claro! ellos hablaban de continuidad en sus prebendas y con proyectos para imponer Presidentes después de Cárdenas. Al modo del III Reich que duraría 1,000 años dominando al mundo. ¿Era Maximato o continuidad?

La continuidad es en los programas, principios y valores, claramente expresados en los documentos básicos; en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la Declaración de Principios y Estatutos de PNR (abuelo del PRI), fundado por el mismo Calles. Sin embargo lo traiciono su Ambición, estableciendo el Maximato, que busco perpetuar su poder.

¿Calles, amaba a México? ¡Sí!, y ese celo le hizo creerse indispensable.

Por eso debemos estar atentos y evitar que la historia se repita. El pueblo de México no lo permitiría ni aun en otras latitudes; como lo vimos en las elecciones de Obama frente al candidato Bush, que incluso ya veían como imponer al hijo de Jeff Bush como candidato en el 2013. Pero el propio pueblo americano detuvo las ambiciones de esta familia.

En México ya empezamos.

¿Fue Jesús de Nazaret, un traidor al Sanedrín o liberó a su pueblo del oscurantismo, creando una religión de Amor? Lo acusaron de desleal y en alianza vergonzante con el Imperio Romano, lo juzgaron y ejecutaron.

¿Fue López Obrador un traidor cuando lo persiguió Roberto Madrazo, siendo gobernador de Tabasco? ¿Fue Felipe Calderón desleal a Vicente Fox, por haber iniciado su campaña siendo secretario de Energía, antes de pedirle permiso? ¿Fue Mario Anguiano desleal cuando no olvido sus afectos con personajes políticos que se vincularon con el PRD?

¿Quiénes son los Desleales y Traidores?

¿Quiénes quienes desean practicar la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad? o  ¿Quienes haciendo leyes a modo, pretenden imponer un régimen de desprestigio, errores y traiciones?

¡La historia lo dirá!

 

ES CUANTO.



[1] Artículo Publicado en el 2009, en “boletincolimtol”, y se utilizó como prueba para descalificar a un candidato. pero sigue siendo actual. (Solo como información adicional ese correo es de mi propiedad desde el 2006 y sigo usándolo)

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.