De Ésto trata nuestro Trabajo...

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Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra en vez de levantar en estos tiempos de incertidumbre por la falta de sinceridad y honestidad ante la realidad del Covid 19 que puso en jaque al mundo entero sale a flote ese otro virus tan añejo como la misma humanidad y más dañino en algunos seres humanos. Que es la ambición, si bien es cierto podemos comenzar tomando las interpretaciones de los diccionarios, las frases de los filósofos, las interpretaciones de terceros, para corroborar lo dicho, pero desde un sentido propio e instrucción de los albañiles.

La ambición es…

¿Qué piensas tú de la ambición?, ¿alguna vez has ambicionado algo?, los invito a meditar esas dos preguntas, ya meditadas pregúntense ¿es mala la ambición?, ¿tus ambiciones te dañan a ti o a un tercero? una vez hecho esto comienzo con el presente tema.

De los enemigos que tienen la humanidad uno de ellos es la ambición, y se sabe esto desde que toca uno las puertas, pues cuando el candidato  comienza su proceso se le hace de conocimiento si se presenta de voluntad propia, y sin sugestión interesada de ambiciones personales se le da a conocer que en este camino deberá combatir contra la ambición la ignorancia, la hipocresía, los fementidos los fanáticos entre otros, pareciera fácil esta tarea pero analizando los puntos esenciales podemos darnos cuenta que no es tan sencillo como parece.

 Montesquieu decía “Un hombre no es desdichado a causa de la ambición, sino porque ésta lo devora”, Una vez establecida esta diferencia básica, profundicemos en lo positivo del término. Una ambición puede ennoblecer al individuo si se entiende por tal la aspiración a superarse en el plano cultural, profesional, o humano, Es condenable cuando se lucha por el poder cuando se persigue éste en grado absoluto, cuando quien lo desea aspira a convertirse en tirano y es asimismo rechazable cuando los medios empleados suponen la neutralización violenta del adversario.

Si la ambición supone un objetivo de riquezas y si esta aspiración, así como sus logros se extrapolan directamente a otros particulares, a quienes se ven agraciados con la inmersión en esa actividad por beneficiarse de una actividad laboral, un cargo público directa o indirectamente al conjunto de una colectividad, pues la creación de riqueza no es implosiva, no podemos por menos considerar como apreciable el fenómeno. 

Sin duda, podemos afirmar que la ambición tiene dos caras. Su rostro luminoso nos lleva a brillar, y su lado oscuro nos conduce al más profundo de los infiernos

Marcarnos metas y trabajar para conseguirlas forma parte de nuestro ADN. Es lo que nos permite evolucionar como seres humanos en particular y como especie en general. Resulta tan necesario como saludable, y la ambición tiene una función básica en este proceso. Sin embargo, la ambición no siempre cumple lo que nos promete. Sostenía Pitágoras: “de unos se apodera el ansia de riqueza y molicie, a otros les invade el deseo de dominio y de mando, les domina una ambición insana de gloria. El más puro es ese tipo de hombre que se dedica a la contemplación de las cosas más bellas, a quien se da el nombre de filósofo”. Y esta contraposición de la filosofía a la ambición y a la gloria es un tema que presupone las predicaciones epicúreas y estoicas se manifiesta no de forma menos dañina cuando el ansia se canaliza hacia la vanidad, que, aunque puede, no olvidemos, compartirse como objetivo con el poder y la riqueza, en ocasiones es finalidad independiente del ambicioso, de ahí la justificación de las preguntas que plantee al inicio pues si analizamos todos en algún momento hemos tenido ambiciones deseos que en ocasiones nos conducen por caminos errados que no se confunda la ambición con la motivación pues una nos lleva hacia un camino mientras la otra nos guía por un sendero.

La ambición es por lo tanto forzar, y así violar lo natural. Pero el que fuerza lo natural no puede conocerlo y percibirlo de verdad porque acaba de destruir ese estado natural de las cosas. Es por eso que la ambición es una cualidad muy perjudicial para la sabiduría. Le falta contemplación para ello. El ser ambicioso puede, por lo tanto, conocer la realidad que se ha producido, pero no puede “poseer” la esencia natural de las cosas. De la ambición hemos abusado igual que de varios vicios estas prometen desde el principio más de lo que dan, por lo tanto, la peor resaca es la de ambición, porque suele coincidir con el beso trivial de la muerte, cuando ya no se puede cambiar nada en un ser humano.

Como conclusión y aunado a los temas aquel que abusa de la ignorancia, de la ambición, de la hipocresía, y se deja guiar por sus negros consejos lo hace odioso de si y del universo.

La lucha contra la ambición es permanente, pero si no se pierde el sentido objetivo de las cosas, si se trabaja y se esfuerza en lo que se intenta lograr no es necesario ambicionar, el saber esperar, siempre atrae los mejores resultados.

"En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra".  

François Marie Arouet Voltaire.

 

ES CUANTO.

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Comentarios

  • Excelente trabajo Q:.H:. Cesar Alberto. Pero, no será mejor entender «La Ambición, refugio de los fracasados?»
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¿DE QUÉ SE TRATA?

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