LOS ALBAÑILES

Roberto Godinez Soto

 A través de la historia, el ser humano siempre ha necesitado creer en un ser supremo, así por ejemplo tenemos a nuestros antepasados, que eran politeístas, y tenían una variedad de dioses: Tezcatlipoca era una de las deidades principales y representante del principio de dualidad. Considerado como padre de los toltecas, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que está relacionado con la enseñanza de las artes y, por tanto, actúa como introductor de la civilización. Huitzilopochtli, dios de la guerra, representaba los dardos y lanzas del guerrero, la sabiduría y el poder, símbolos que lo identifican con la serpiente. Tláloc, dios de la lluvia, Xólotl, como dios del lucero de la tarde, representaba las formas ascendentes y descendentes del fuego. Tlazolteotl, diosa de la inmundicia, la lujuria y el deseo, absolvía a los fieles de sus faltas o pecados; representaba la basura, el abono y, por tanto, la fecundidad de la tierra. Mictlantecuhtli era el dios de las tinieblas y la muerte.

Después apareció la religión católica una religión monoteísta, la cual se ha ido poco a poco denigrando, no en su dogma, sino en su estructura administrativa.

Afortunadamente nosotros los albañiles somos tolerantes y la prueba de ello, es por ejemplo: que en Israel, se trabaja poniendo en el altar la Biblia de los católicos y el libro del Corán, sin tener ningún conflicto dentro de los talleres.

Claro que como albañiles podemos ir a misa de la religión que cada uno profese y también arrodillarnos dentro de la ceremonia litúrgica, porque esto lo estamos haciendo ante el G.·. A.·. D.·. U.·.

Mucha gente piensa que somos ateos o adoradores de Satanás, pero esto sucede por la ignorancia de la gente. Lo mas importante para nosotros, como albañiles, es respetar las religiones, en su dogma, además de que también debemos creer en un Dios, porque si no es así estaríamos negando, nuestra propia existencia.

También piensa así la gente porque atacamos a la iglesia, pero lo que no han reflexionado, es que el ataque es a la estructura administrativa de dicha iglesia y no al dogma.

Considero que los mas importante de todo es que solamente existe un Dios, llámese  como se llame, Jehová, Yahvé o Alá, etc.

¿Pero cómo encontrar la divinidad? ¿Dónde encontrarla? Quizás esta parábola oriental nos ayude a encontrar respuestas.

Cuando se creó el mundo, todos los dioses se reunieron para determinar en dónde ocultarían la Divinidad del hombre recién creado. Uno de ellos sugirió la idea de que se fuesen todos al extremo más distante de la tierra y la enterraran allí; pero pensaron que el hombre, por naturaleza inquieto viajero, podría encontrar el tesoro perdido en uno de sus viajes. Otros propusieron que se arrojara a las profundidades del mar; pero los demás dioses objetaron que el hombre, insaciable curioso, podría llegar a sumergirse tanto que la encontrase. Por fin, tras de un momento de silencio, se levantó el más antiguo y más sabio de los dioses, y dijo: “ocultadla dentro del mismo hombre, porque allí sólo la irá a buscar cuando renuncie a encontrarla fuera de sí”. Y así se acordó y se hizo. Y desde entonces el hombre vaga por el mundo buscando por todas partes su divinidad, antes de pensar en buscarla dentro de sí mismo.

Por lo tanto, debemos buscar dentro de nosotros mismos para poder encontrar a la divinidad que cada uno de nosotros lleva dentro.

Es cuanto.

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Comentarios

  • ¿quién se lo imaginaría?, dentro de nosotros mismos eh? Un tema profundo, para pedir la palabra muuuuuuchas veces...
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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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