LOS ALBAÑILES

Por: Arturo Rivera Del Pielago  

La falsa Institución se basa en el culto a la personalidad​; la verdadera Institución es impersonal. Constantemente vemos en nuestros ​talleres, a albañiles peleando porque se les otorgue el puesto en el taller; luchas encarnizadas entre Albañiles, que a final de cuentas terminan en divisiones dolorosas. Los que no entienden los principios, buscan o le rinden culto a la personalidad, pero esto es una trampa diseñada para desenmascararnos, para ponernos en evidencia ante los demás.

El mal albañil se desenmascara solo

Cuando ocupa puestos de responsabilidad busca el lucimiento personal más no el bien general de la Orden. En ese momento los que buscan ese tipo de lucimiento y reconocimiento generalmente son personas que han fracasado en el mundo profano o que han sido malos padres de familia y peores esposos, dipsómanos o pésimos ciudadanos que en su mediocridad se vanaglorian de sus cargos y grados, exhibiendo sus impecables y pomposos títulos y se regocijan con los aplausos.

Peor aún, se dedican a usar su poder para perseguir y no para construir, sin darse cuenta de que los altos grados y las Dignidades, sea de VM, Gran Maestro o Soberano G​ran Comendador son tan solo símbolos de un avance espiritual del cual carecen.

Los que hemos estado lo suficientemente dentro de la Orden sabemos que la ​realidad de La Gran Obra de los Liberales, se cumple muy dentro de cada Albañil, al vencer sus pasiones y sus bajos ímpetus emocionales. Al mismo tiempo, todos sabemos que todo en la Orden tiene un sentido, aún lo que a ojos profanos luce como si fuera ridículo y cursi.

Si quieres hacer feliz a un imbécil dentro de la Institución, o peor, hacerle creer que es feliz, dale diplomas, muchos grados, puestos, nombramientos pomposos, poder, halagos, regalos, ​ honores,​ condecoraciones, reconocimientos​, etc.

Ahora, si quieres hacer feliz a un real y auténtico Albañil, demuéstrale... ¡que te mejoras a tí mismo constantemente!

El Albañil es un creador de condiciones, estas condiciones crean situaciones.

Las situaciones especiales dan frutos.

El mundo tal como lo imagina el Albañil, es en general, una posibilidad, no un hecho.

Esto es, para la mayoría de la gente el mundo tal cual es, es el que debería ser y punto.

Pero para el Albañil, s​oñar con un mundo mucho mejor y el primer paso es: Albañil mejórate a ti mismo.

Es Cuánto.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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