LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godínez Soto

 

En la actualidad nos convencen mediante campañas publicitarias, que la felicidad consiste en la satisfacción de los deseos, consumiendo más y teniendo más y más cosas; y todo gira alrededor del materialismo (un carro deportivo, una casa con piscina, ropa de marca, etc.)

Sin embargo, esa supuesta felicidad es utópica, ya que cuando el deseo ha sido satisfecho nos frustramos, pues la felicidad se ha escapado de las manos, sintiendo la necesidad de satisfacer nuevos deseos que nos llevan a un círculo que no tiene fin. Según los antiguos la felicidad permanente no proviene de la satisfacción de nuestros deseos sino de vivir una vida plena y consciente, descubriendo íntimamente ¿qué soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? No obstante, para alcanzar esta felicidad se hace indispensable un cambio radical de nuestra forma de pensar y de sentir.

Esta transformación implica una nueva forma de interpretar el mundo y descifrar las señales que llegan a nuestra mente a través de los sentidos.

No podemos esperar que los cambios vengan de afuera.

Para cambiar el mundo, primero debemos cambiar nosotros interiormente. Si queremos un mundo más justo, más virtuoso, menos corrupto, menos violento, nosotros mismos debemos ser justos, virtuosos, erradicando de nuestra vida toda conducta corrupta y violenta.

La vida sin rumbo que nos propone la sociedad de consumo, estructurada en torno al materialismo y la ignorancia, nos ha convertido en marionetas de las circunstancias y esclavos de nuestros deseos. La filosofía es una alternativa real que se contrapone a la sensibilidad predominante en el mundo moderno y nos invita a tomar el control de nuestra existencia, formándonos integralmente a fin de alcanzar una vida plena.

Vale la pena vivir de una manera más digna y consciente y atreverse a transitar la senda de los antiguos, aun cuando el mundo entero parece estar marchando en la dirección contraria.

Es cuánto.

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Comentarios

  • Pero OJO: Es también la filosofía la que nos anima a poner en duda todo aquello que nuestros sentidos interpretan como realidad. Entonces ¿qué es real? Yo diría más bien, que la filosofía es lo menos falso, porque aunque filosofando nos podamos adentrar en profundos estados del solipsismo existencial, el que también nos podría llevar a no encontrar en Esa Verdad, la Felicidad en cuestión. A veces, como en el cuento de la Bruja que envenenó el pozo de un Reino, del que todos bebieron y enloquecieron menos el Rey, éste entonces comprendiendo la situación, y tras semanas de que todos en la calle dijeran que 'el Rey se ha vuelto Loco', decidió entonces beber también del agua, generando esta acción una gran fiesta en su Reino, pues todos estaban felices 'porque El Rey había recuperado la cordura'. La moraleja es: A veces hay que beber de las aguas profanas, para poder navegar en ese mundo, pues como dice La Biblia, nuestra Sabiduría para el Mundo es contada por Locura.
    S:.F:.U:.
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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.