LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godinez Soto

 “Que se haga la Luz: y la luz se hizo”

Génesis 1:3

El hombre primitivo consideraba la luz como algo que sustentaba la vida y todas las funciones y procesos de los seres vivos. Por lo tanto, iluminación era sinónimo de salud en su sentido literal de estar completo o ser sano en cuerpo, mente y espíritu. Para los seres primitivos, la luz era esencial como fenómeno espiritual además de físico.

En muchas culturas de la antigüedad se adoraba el sol. La meta más importante de la vida era, para el hombre, comprender totalmente la luz y, por consecuencia, a dios. La magia antigua trataba de lograr esta conexión al atraer la luz, transferir y reflejar su poder. De esta forma, la magia y la religión están inseparablemente unidas entre sí.

Por esas razones a los albañiles nos dicen los hijos de la Luz.

Podemos decir que la luz es una banda angosta de energía visible, por lo tanto los colores son energía.

Ahora bien, cada color tiene una longitud de banda de energía, por ejemplo el rojo tiene una longitud de onda más grande, mientras que el violeta tiene una longitud de banda más corta.

Partiendo de estas afirmaciones, de que los colores son energía, y de que el hombre cuando descubrió la alquimia, utilizó esta fuente de energía para su beneficio propio podemos decir entonces que la Institución utiliza colores para determinado propósito, así pues tenemos que:

Cuando hablamos de 33 Gradas. Las tres primeras gradas se llaman simbólicas, dogmáticos o fundamentales, y constituyen los talleres azules. Las gradas del cuatro al diez y ocho, constituyen los talleres rojos, (aunque del cuarto al catorce se utiliza el color verde). Las gradas que comprenden del diez y nueve al treinta, forman los talleres negros. Las gradas del treinta al treinta tres, agrupan a los que integran la masonería blanca.

EL AZUL: es el color de lo desconocido de lo oculto, de la penumbra: es emblema de la amistad, que es el rasgo peculiar del antiguo gremio masónico. Prudencia, bondad, paz, tranquilidad, sinceridad, franqueza, tino, discreción y razonamiento.

Además el azul es el color de la bóveda celeste. Su relación con el cielo hace al azul símbolo de la inmortalidad, la eternidad, el infinito, la castidad y la fidelidad.

Una interpretación tradicional del compás: es que el cuerpo es amarillo (de bronce) y las puntas son azules (de acero).

EL VERDE: es el color de la esperanza y metafísicamente está considerado como un elemento de transición y de gran vigor. Para los simbolistas, aparece asociado a la naturaleza. Lo consideran mediador cuando confluyen en combinación con él otros elementos de fuerte simbolismo, tales como las estrellas del universo y las ramas de olivo, que en tiempos de la antigüedad, en Grecia sobre todo, se les daban a los triunfadores.

Para los psicólogos es un color que nos remite a todo aquello que tenga que ver con lo inédito y lo nuevo.

El significado más extendido y popular es aquel que relaciona e identifica el color verde con las formas humanas de la esperanza, y al mismo tiempo se suele añadir la concepción de buen augurio, que se hallaría latente en todo objeto de color verde. En algunos ambientes se le atribuye, además, un simbolismo relativo a la paz. En la alquimia tiene un significado relacionado, también, con la fuerza de la luz y del fuego, incluido el llamado “Fuego secreto” con virtudes purificadoras exclusivamente; de aquí que los árabes lo consideraran como un principio catártico (purificado). Tiene no obstante, para los alquimistas, propiedades de atracción. El poder del verde crece lentamente, pero es tan firme que difícilmente caerá. Una advertencia de no hacer el mal a nadie más bien  hacer un bien, esperanza, victoria, realización de anhelos.

No debemos olvidar que el color verde ha estado asociado con las ideas de la muerte y la resurrección, o inmortalidad. La acacia, un árbol siempre verde, representa estas ideas en el ritual masónico.

EL ROJO: es el color de la vida (sangre), de la fuerza de la vitalidad, del momento en el cual el hombre realmente vive a plenitud su existencia. Valor. No es valor arrebatado que conduce a la violencia, sino la insistencia en modificar su personalidad para honrar al GADU, el empeño, la decisión, el amor para afrontar cualquier peligro y emprender las obras tendientes al perfeccionamiento humano.

El rojo es el color del fuego, el calor y la sangre. Está asociado con lo guerra, el heroísmo y el sacrificio; denota asimismo caridad, devoción, abnegación, recordando al pelícano que alimenta sus polluelos con su propia sangre.

Rojo es el color de la juventud, del entusiasmo, la fuerza expansiva y la vitalidad. Es también símbolo de la fe y la fortaleza, de celo y fervor, así como del amor.

El rojo también tiene su lado sombrío, relacionado con las llamas del infierno, el aspecto de los demonios, el rojo rostro de la cólera.

EL NEGRO: es el color que se relaciona con la alquimia, la noche, la muerte. Inteligencia indica que con la luz que ha recibido el masón aún queda en las tinieblas y ahora que sabe hacer uso de la razón tiene el imperioso deber de modificar sus costumbres, hasta llegar a comprender cuál es su personalidad. Simboliza el misterio de las tinieblas, el dolor moral, la pesadumbre, la tristeza, el mal, lo desconocido.

El negro también tiene su lado positivo, el de la seriedad y sobriedad, el negro traje de las reuniones formales, el habito negro de los clérigos.

EL BLANCO: la pureza de la vida, la paz espiritual y rectitud de conducta. Rectitud. Significa que así debe conservar su mandil, la purificación de su conciencia y la elección del sendero que recorrerá. La equidad, a su vez es un sinónimo de entendimiento, discernimiento, concepción y expresión de las facultades básicas de la armonía universal.

El blanco representa comienzo, virtualidad, la página en blanco, la tela blanca frente al pintor. Por lo tanto, es el color lógico relacionado con los albañiles.

ES CUANTO.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.