LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godínez Soto

Antiguamente las cofradías sólo existían en los pueblos culturalmente más avanzados.

Pero al pasar los años, aparecieron Ritos, con nombres tan variados y extravagantes; los más populares y conocidos son: el York, el Escocés Antiguo y Aceptado, y el Nacional Mexicano; pero realmente existen más de 120[1].

La mayoría tienen como objetivo la creencia en un Ser Superior y ser amantes de la verdad.

Por lo tanto, no hay Albañiles Irregulares; ya que pertenecer a cualquiera de los Ritos en donde se trabaja bajo los principios universales de Libertad, Igualdad y Fraternidad, nos hace una gran familia que aunque con diferentes linajes, pero con un mismo aprendizaje esperado: ¡El conocimiento de sí mismo!, para ser mejores personas.

El visitar algunos talleres de otros Ritos, nos permite conocer y develar uno de los secretos. Que hay una misión humanitaria que todos los albañiles conocen: la práctica de las buenas obras; el estudio de la moral universal; el análisis de las ciencias y de las artes, y la práctica de todas las virtudes.

Las variantes en los trabajos son mínimas, ya que si se es albañil, se conoce lo más importante: ser Tolerante y Respetuoso, pero sobre todo, llevar a la práctica los antiguos linderos. Si se sabe tocar las puertas de una cofradía, se puede tener acceso, recordemos un principio: ¡Tocad y se os abrirá!

 Es Cuanto. 

[1] Raynaud De La Ferriere, Serge. El libro negro de la francmasonería. Pág. 5.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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