LOS ALBAÑILES

            Por: Miguel Ángel Martínez Romero. 

 

La tradición iniciática nos enseña que la constitución del Ser Humano es triple: cuerpo, alma y espíritu, en orden de lo material a lo divino, de lo grosero a lo sublime.

De acuerdo a esto, el alma sería la mediadora entre el cuerpo y el espíritu, entre lo físico y lo metafísico.

Esta situación hace que el alma se encuentre en un punto de mediación entre dos vías, el mundo material, tangible, físico, externo, y el mundo espiritual, invisible, metafísico e interno, en medio de una verdadera guerra interior.

Cada uno de nosotros sufre este verdadero conflicto interno, provocado por dos fuerzas: una centrífuga (hacia fuera, hacia la periferia, hacia abajo) y otra centrípeta (hacia dentro, hacia el centro, hacia arriba). La primera la provoca nuestro instinto animal, personificado por las Pasiones, mientras que la segunda es representada por nuestro instinto social, que permite el surgimiento de las virtudes.

Para poder alcanzar el triunfo del espíritu sobre la materia, debemos alcanzar la Paz Profunda (el Nirvana, la Iluminación, el Paraíso), el punto en que esta guerra debe de terminar, y es tarea del Alma alcanzar un acuerdo entre los contendientes, lo que filosóficamente se denomina “armonía de los opuestos”, llegando a un punto medio, en que cesa la contradicción entre el “Arriba” y el “Abajo”.

Este punto de equilibrio entre el “Arriba” y el “Abajo” se llama Iniciación o Iluminación, que consiste en el reconocimiento lúcido de que somos seres duales, pertenecientes a dos mundos y que, mientras vivamos sobre la tierra, encarnados en un cuerpo, necesitamos integrarnos conscientemente en ambos.

Debemos hacer notar que la Iniciación no es un trofeo, un premio ni un grado: es un estado, un momento de hiperlucidez individual, que se logra mediante ese viaje metafórico de la materia hacia el espíritu que antes mencionamos; el llamado viaje iniciático, y para desarrollarlo, deberemos recorrer el Sendero Iniciático.

El sendero iniciático consta de dos puntos, que representan estados de conciencia, que son unidos por una línea representativa del avance desde la ignorancia hasta la sabiduría.

Estos tres momentos denotan los tres ámbitos del proceso: lo exotérico, que es el conocimiento profano, la disciplina mecánica y el control de las pasiones, equivaldría a la educación iniciática primaria; lo mesotérico, que determina el dominio de las ciencias, la perfección del intelecto y el manejo de un método, sería como la educación iniciática secundaria, y lo esotérico, culminación del proceso evolutivo, se definiría como el equivalente de la enseñanza superior, en este punto, nuestro espíritu y nuestro cuerpo físico coexisten sin ningún conflicto.

Para alcanzar la iniciación, debemos obligatoriamente cumplir con estos tres meta-procesos, ninguno de los cuales se puede evadir.

Es Cuánto.

FUENTES: Phileas del Montesexto. Blog de Filosofía Esotérica y desarrollo personal.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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