LOS ALBAÑILES

Por: Miguel Ángel Martínez Romero

 

Antecedentes:

            1.- De acuerdo al Observatorio Nacional Ciudadano, y citando su reporte de delitos de alto impacto del mes de marzo, los delitos de alto impacto aumentaron de acuerdo con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). En este sentido vale la pena señalar que si se contrastan los valores absolutos del primer trimestre de 2017 con el mismo lapso de 2016 se aprecia el incremento de 29.48% de los homicidios dolosos, de 12.57% de los homicidios culposos, de 19.75% de los secuestros del fuero federal y común, de 29.55% de las extorsiones, de 32.31% de los robos con violencia, de 13.10% de los robos de vehículos, de 3.18% de los robos a casa habitación, de 47.43% de los robos a negocio, de 31.69% de los robos a transeúnte y de 5.74% de las violaciones.

Es importante mencionar que si analizamos únicamente la incidencia delictiva de marzo de 2017 y se compara con la del mes previo se observa, de igual manera, un comportamiento al alza”[1].

2.- Según el INEGI, “entre el año 2000 y el 2015 el monto de divorcios aumentó 136.4%, mientras que el de matrimonios se redujo en 21.4 por ciento”[2]. Esto demuestra en qué medida se ha deteriorado en los últimos años el ambiente familiar: a los jóvenes no les interesa formar y educar una familia. 

3.- Conforme a datos del Trust Barometer Edelman, que mide el índice de confianza de los ciudadanos hacia las instituciones, “en México, la confianza hacia el gobierno, medios, empresas y organizaciones no gubernamentales ha caído 11 por ciento en 2017”.[3] Esto es uno de los indicadores que nos dicen cómo paulatinamente nos acercamos hacia la descomposición social. Los ciudadanos no creen que el gobierno legalmente constituido cumpla con las funciones para las que fue electo.

 4.- Resulta evidente que la familia tradicional ha dejado de cumplir con el rol que históricamente desempeñaba. Más que educar a los niños y jóvenes para convertirlos en individuos con valores morales, útiles a sí mismos, a su familia y a la sociedad, parece que forma competidores para una encarnizada contienda, en la que la ley, los escrúpulos morales y las convenciones sociales únicamente son válidos si los sorprenden transgrediéndolos. Por su parte, la escuela se debate en una lucha entre los intereses políticos de las autoridades y los sindicatos, con los trabajadores de la educación en el centro, convertidos a su pesar en los recipiendarios de las diatribas mediáticas, culpabilizados por los pobres alcances de un proceso que trata de convertir a los niños y jóvenes en herramientas sumisas  de una máquina de producción al servicio de los grandes capitales. Sus planes de estudio enfatizan los conocimientos científicos y tecnológicos, olvidando de manera intencionada la filosofía, la moral y el arte, descuidando así la formación espiritual de los nuevos ciudadanos. 

Como resultado de lo anterior, tenemos un gran número de adultos con una pésima preparación, clientes cautivos de la propaganda política y de la limosna partidista, así como público consumidor de los programas de las grandes cadenas televisivas. 

Sabemos bien que un pueblo educado es un pueblo preparado, y un pueblo preparado es capaz de encontrar remedio a los conflictos que se presenten. Por lo contrario, un pueblo mal preparado es presa fácil de hipócritas y falsos líderes, y aceptará vender sus privilegios por migajas, como ahora vende su voto a cambio de una despensa, una gorra una camiseta o un delantal. O bien, encauza su rebeldía hacia lo antisocial, convirtiéndose en peón del crimen. 

En busca de una solución a esto que se ha convertido en uno de los grandes retos, y aplicando los principios que nuestra Augusta Institución nos ha  imbuido, me permito realizar la siguiente:

PROPUESTA 

1.- Que se elabore una petición ante las autoridades educativas nacionales, para que se reintegren a los planes y programas nacionales los estudios de Filosofía, ética y moral que han sido borrados de ellos, según corresponda a los diferentes niveles. 

2.- Que cada uno de nosotros se convierta en un líder moral en su ámbito de influencia, aplicando y haciendo con su ejemplo y práctica aplicar las siete virtudes fundamentales; esto es, las tres virtudes infusas, sobrenaturales o teologales que son Fe, Esperanza y Caridad, y las tres virtudes morales, naturales o cardinales, como son Prudencia, Fortaleza, Templanza y Justicia. Es bien cierto que la palabra convence, pero el ejemplo arrastra. Si nos convertimos en líderes primero en nuestro hogar, luego en nuestro trabajo, y después en nuestro entorno social, podremos ejercer influencia sobre éste último, convirtiéndonos en verdaderos agentes de cambio. 

Es Cuanto 

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.