LOS ALBAÑILES

De Ésto trata nuestro Trabajo...

3151206311?profile=RESIZE_710xPor: Roberto Godínez Soto

Orfeo se le identifica como rey de Tracia. Además, es considerado como el poeta y músico por excelencia, inventor de la lira y la cítara. El dulce sonido de su canto y su lira amansaba a las bestias salvajes y los árboles y plantas se inclinaban para ofrecerle sus frutos.

Viajo a Samotracia, luego a Egipto, donde estudio con los sacerdotes de Memphis. Después de atravesar sus Misterios, volvió bajo un nombre de iniciación que había conquistado por sus pruebas y recibido de sus maestros. Se llamaba “Orfeo” o “Arpha”, lo que quiere decir: Aquel que cura por la Luz.

Después de regresar participó en la expedición de los argonautas a la Cólquide. Sus cantos salvan la expedición de tempestades y rivalizando con las sirenas salva la nave de naufragar. Como era el único iniciado en los misterios de Samotracia invoca a sus dioses para que les ayuden y convence a sus compañeros para que se inicien en ellos. De todo esto se desprende que Orfeo actuaba como sacerdote de la expedición, guiando a sus compañeros y apelando a la divinidad para salvar las dificultades.

Al morir su esposa. Orfeo, decidió bajar al infierno para traerla de vuelta al mundo de los vivos. Descendió y con su canto y el tañer de su lira no solo encantó al barquero Caronte, al can Cerbero, y los tres Jueces de los Muertos. Su hazaña y muestra de amor sorprendió a Hades y Perséfone, que le concedieron que Eurídice regresara al mundo de los vivos sólo con una condición: que Orfeo no mirase hacía atrás hasta que ambos estuvieran a la luz del sol.  Guiada por la lira de Orfeo, Eurídice le siguió camino de la superficie, pero cuando ya estaba cerca de salir del reino de Hades una terrible duda asaltó a Orfeo; ¿Le habrán engañado los reyes del inframundo? ¿Le estaba siguiendo realmente Eurídice? Ante la terrible duda se gira y Eurídice se desvanece, muriendo por segunda vez. Orfeo intenta ir de nuevo a por ella, pero esta vez Caronte se muestra inflexible y le impide el paso.

El descenso de Orfeo al Inframundo en búsqueda de su amada no debe ser visto como un simple sentimiento de apego terrenal a su amada sino como un viaje iniciático del mismo Orfeo en búsqueda de su propia alma y ser. El poder de la música, de la armonía y la pureza puede doblegar hasta los despiadados amos del tártaro y conmover su frío corazón. De hacer que el Amor, fuerza creadora del universo, triunfe y doblegue al caos. La duda de Orfeo, no es más que la flaqueza de nuestro yo terrenal, la duda emponzoñada que nos desvía de nuestro camino a modo de enseñanza para que los iniciados no caigan en el mismo error. Del mismo modo Platón nos explica en el mito de la caverna que aquél que consiga desligarse y salir a la luz sentirá un momento de duda y confusión al no poder entender la Realidad que se abre ante sus ojos.

El objetivo de los misterios órficos: La dualidad del alma, la parte divina que está manchada por las cenizas de un crimen y que tiene que purificarse para poder volver con la divinidad incluso a través de algunas metempsicosis o reencarnaciones. Para los órficos el cuerpo es un envoltorio para el alma, una prisión de la que debe liberarse.

Orfeo que, con su música, como el agua que sale de un manantial, propicia el milagro de la vida, la fertilidad de los campos, el crecimiento de las cosechas, el madurar de los frutos, el perfecto equilibrio de la naturaleza, de sus bosques, robles, ciervos y halcones. El devenir de las estaciones, de los ciclos naturales y vitales. La idea de reencarnación es inseparable de estos ciclos de vida y muerte, de luz y oscuridad, de recogimiento y expansión. Del mismo modo que al llegar los primeros fríos la naturaleza se aletarga y parece languidecer para después al llegar la primavera despertar, renacer en un estallido de vida y sinfonía de color. La música, la armonía, la geometría sagrada y la matemática. Las leyes por las que se rige nuestra existencia y nuestro universo. Orfeo cristalizó estos conocimientos y enseñanzas naturales. Hijo de un dios río y de la musa de la música. Hijo del ciclo del agua y de la armonía vino al mundo para elevar la conciencia de su tiempo. Para elevar el espíritu de los hombres y conectarlos con ese mundo más sutil pero no por eso menos real. Para conectarlos con su parte divina y eterna. Para que girasen sus ojos hacia su interior y descubrieran el alma que llevan dentro. Ecos de su mito nos llegan aún hoy. Ecos llenos de vida y con un mensaje más necesario ahora que nunca. Como la voz de nuestra conciencia que nos llama con voz cristalina, acallada por el absurdo del mundo moderno en que vivimos alejados de la naturaleza y de nuestro yo interior.

Orfeo simboliza, por un lado, el misterio de la muerte y de la resurrección; por otro lado, simboliza también el poder de la música y de la poesía, al que podría añadirse, además, la fuerza del amor; finalmente, simboliza la limitación de las capacidades humanas. Así pues, los elementos básicos del mito órfico, además de la música, son el amor, la muerte, el retorno a la vida y el conocimiento trascendente, que son elementos recurrentes en las artes.

El mito de Orfeo es uno de los que más influencia ha generado en la historia del arte, especialmente en la literatura, la pintura, la música, el teatro, e incluso el cine.

Pero, terminada su ingente labor, Orfeo nos abandonó.

Pero en los santuarios de Apolo que aún poseen la tradición Órfica, una fiesta misteriosa se celebra en el Equinoccio de la primavera: Es el momento en que los narcisos florecen al lado de la fuente Castalia. Los trípodes, las liras del Templo vibran por sí mismas y, dícese, que el Dios invisible vuelve del país de los Hiperbóreos, sobre un carro tirado por cisnes. Entonces la gran sacerdotisa vestida de Musa, coronada de laureles, la frente ceñida por cintas sagradas, canta sólo ante los iniciados el nacimiento de Orfeo, hijo de Apolo y de una de sus sacerdotisas. Ella invoca luego el alma de Orfeo, salvador de los hombres, soberano inmortal y tres veces coronado, en los infiernos, en la tierra y en el cielo: el que marcha con una estrella en la frente por entre los astros y dioses… Entonces escuchase la voz del Maestro al joven discípulo: “Repliégate hasta el fondo de ti mismo para elevarte al principio de las cosas, a la grande Tríada que resplandece en el Éter inmaculado. Consume tu cuerpo por el fuego de tu pensamiento; sal de la materia como la llama de la madera que ella devora. Entonces tu espíritu se lanzará en el puro Éter de las Causas eternas, como el águila en el trono de Júpiter”.

Es Cuanto.

 

 

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