LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godínez Soto

“Todo es doble; todo tiene dos polos; todo

su par de opuestos: los semejantes y los

antagónicos son lo mismo; los opuestos son

idénticos en naturaleza, pero diferentes en

grado; los extremos se tocan; todas las

verdades son semiverdades; todas las

paradojas pueden reconciliarse”

El Kybalión

 

En cada cosa, hay dos polos, y que los “opuestos” son en realidad los dos extremos de la misma cosa, residiendo la diferencia sólo en diversos grados de vibración y formas de manifestación.

Para que exista una manifestación del Espíritu en cualquier forma o expresión de vida, es necesario que la misma se exprese simultáneamente tanto en la polaridad positiva como en la negativa. Aquí se encuentra la explicación de las paradojas que han confundido por tanto tiempo a los hombres. Tanto el hielo como el fuego pueden quemar.

Dicho esto, tácitamente hay que comprender que de la misma manera que existe el bien también existe el mal.

Por ejemplo: el blanco y el negro, la luz y la oscuridad, el amor y el odio, el bien y el mal, etc. son solamente diferentes grados de vibración. Observamos lo relativo de cada estado, ya que depende del sitio en que estemos ubicados. Por ejemplo, en el termómetro, ¿dónde termina el frío y comienza el calor? O al viajar alrededor del planeta, ¿cuál es el Este y cuál el Oeste?

Tanto en los estados mentales como en los fenómenos del plano físico, los dos polos pueden ser clasificados como positivos y negativos, respectivamente.

Así, pues, el amor es positivo con respecto del odio; el valor con relación del miedo, etc. Aun desconociendo el principio de vibración, se deduce que el polo positivo parece ser de grado superior que el negativo, pudiendo aquel dominar fácilmente a este.

Por otro lado, la psicología Gestalt nos señala que “una vez reconocido que los pensamientos y las acciones son hechas de la misma energía, podemos traducirlos de un nivel a otro” (los opuestos son idénticos en naturaleza).  Y la metafísica sostiene que es posible cambiar un estado mental en otro (trasmutar), siguiendo la línea de polarización (polarizándose).

Las cosas de diferente clase no pueden transmutarse unas en otras, pero sí las de igual clase. Se puede elevar el nivel de vibración y de esta manera, acercarse al polo positivo. Aplicando esto al mentalismo; una vez identificado un pensamiento negativo, puede anularse su efecto si lo cambiamos por su opuesto. Así se eleva el nivel de vibración; se trasmuta, se polariza.

La polaridad se presenta también en las subpartículas atómicas. Estas poseen cargas negativas (electrones) y positivas (protones), produciendo los fenómenos electromagnéticos.

Todos poseen una doble polaridad: un polo positivo y otro negativo, Yin y Yang, una energía centrípeta y una centrífuga, desde el más insignificante ser vivo al más complejo, desde la mínima molécula mineral al globo terráqueo.

Hasta en neurología se encuentra la polaridad en los hemisferios cerebrales; siendo el izquierdo el relacionado con la faz matemática y racional y el derecho con la faz intuitiva del pensamiento.

El principio de polaridad tiene relación con el principio de mentalismo; al afirmar que todo tiene su par de opuestos, también los pensamientos pueden ser positivos o negativos.

Podemos enlazar el principio de polaridad con el de vibración, ya que la diferencia entre los polos es simplemente una cuestión de diferencia de grados en la vibración.

La conexión con el principio de correspondencia se presenta al afirmar que todo es dual, entonces como arriba es abajo, pues ya vimos que se presenta la polaridad en todos los planos.

Es Cuánto.

 

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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