LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godìnez Soto

 

“Todos los ocultistas reconocen que

en los tres estados de: oruga; crisálida

y mariposa, hay una imagen divina de

la transformación que le aguarda a

cada ser humano”

 

En las escuelas iniciáticas y en la mayoría de las doctrinas religiosas, la muerte de la materia es un acto de purificación o pago de culpas; para renacer limpio y sin pecados, debe uno morir en el mundo físico para renacer purificado en otro plano espiritual.

El gran maestre Jesucristo, murió para pagar las culpas de la humanidad y renació al tercer día purificado.

La siguiente fabula nos da más luz al respecto:

“Al notar una oruga del fin de su estado reptante como gusano, y el principio de su largo sueño de crisálida, reunió a sus compañeras y les dijo: Triste es pensar en el forzoso abandono de esta vida que tan halagüeñas venturas me prometía.

Segada por la guadaña de la muerte en la flor de mi existencia, soy un ejemplo de la crueldad de la Naturaleza. ¡Agur! mis buenas amigas, ¡agur! para siempre. Mañana ya no existiré. Acompañada por las lágrimas y lamentaciones de las amigas que rodeaban su lecho de muerte, la oruga pasó a su otro estado. Una vieja oruga exclamó tristemente: Nuestra hermana nos ha dejado. Su destino es también el nuestro. Una tras otra nos abatirá la guadaña destructora como a la hierba de los prados. La fe nos mueve a esperar otra vida, pero acaso sea una vana esperanza.

Ninguna de nosotras sabe nada cierto sobre otra vida. Lamentamos el común destino de nuestra especie "Después se marcharon todas tristemente”[1]

Esta fábula nos deja como enseñanza que la oruga ignora la gloriosa vida que le espera cuando despierte del sueño de la aparente muerte y se metamorfosee en una policromada y bella mariposa. Pero no hemos de sonreírnos, porque todos tenemos el mismo espejismo que la oruga.

La muerte para el hombre no es más que el estado de crisálida para la oruga. En ninguno de ambos casos cesa la vida por un solo instante, sino que persiste mientras la Naturaleza efectúa sus transformaciones.

No hay muerte ni destrucción. Solo hay transformación. Primero oruga, después crisálida por ultimo mariposa.

Así el hombre: primero carnal, después metal y por ultimo espiritual.

“Nada muere realmente aunque todo experimenta un cambio de forma y actividad”

 

Es Cuánto.

 

 

[1] Redondo Segura, Francisco. Enseñanzas esotéricas para la nueva Era. Pág. 129.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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