LOS ALBAÑILES

De Ésto trata nuestro Trabajo...

Por: Roberto Godínez Soto

Una de las principales enseñanzas que se nos da a los Albañiles es: el conocernos, respetarnos y amarnos a nosotros mismos, antes que cualquier cosa, ya que, si no lo hacemos de esa manera, difícilmente, podremos aplicar esa triada a nuestros familiares, amigos y conocidos, y mucho menos a GADU.

[1]Un escéptico burlón desafió al rabino Hilel a recitar la Torah parado en un solo pie.

Aún sabiendo que se trataba de una estupidez, el sabio judío aceptó el desafío.

Juntó las manos sobre la cabeza, levantó una de sus piernas y dijo en voz alta: “No hagas a tu prójimo lo que no deseas que te hagan a ti”, y bajó su pie, para aclarar enseguida: “Esto es toda la Torah, el resto son comentarios”.

Analogía

Zigong preguntó: “¿Hay una sóla palabra que nos pueda guiar toda nuestra vida?”. El Maestro respondió: “¿No sería la reciprocidad?” Lo que no desees que te hagan a ti, no lo hagas a los otros”. (Analectas de Confucio, 15:24)

“Uno nunca debe hacer al otro lo que considera perjudicial para sí mismo. Este, en pocas palabras, es el sendero de la justicia”. (Mahabharata, Libro XIII, Anusasanna Parva, Sección CXIII).

“Un estado que no sea agradable o placentero para mí, tampoco lo será para él; y ¿cómo puedo imponer a los demás un estado que no me resulta agradable o placentero para mí?”. (Samyutta Nikaya V, 353. 35- 342.2)

“En todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas” (Mateo 7:12)

Corolario

Apliquemos esta enseñanza, en bien general de la orden y de la humanidad.

Es Cuanto.

 

[1] Phileas del Montesexto.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.

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