LOS ALBAÑILES

Por: Roberto Godínez Soto

“El ser humano debe ajustarse a la

Regla, al Compás y la Escuadra”.

 

Una de las características de los albañiles es el trabajar para perfeccionarse, por eso cuando hablamos de perfeccionarnos, queremos decir despertar, desarrollo y libertad; para lograrlo utilizamos tres grandes herramientas:

  1. La conciencia moral, representada por el libro de la ley o por la REGLA de vida.
  2. Su COMPAS-sión. La luz y virtud del corazón que representamos con el compás. A los albañiles se nos inculca que este debe estar apoyado en la ley y ajustado al buen juicio. Asimismo se nos aclara que el acto solemne que nos une a la Institución (el juramento), se cumple poniendo una de las puntas del compás sobre el corazón, haciendo de este el centro alrededor del que hemos de trazar la circunferencia de nuestras vidas. Porque el compás, si bien se rectifica en función de la ley y el juicio, se aplica tomando por centro el órgano central; y
  3. Su juicio, su buen y recto juicio, que es la luz y función de la mente y virtud de la razón (la escuadra).

Por lo tanto la perfección consiste en la rectificación del compás; y en su sucesiva liberación paulatina sin que en ningún momento compas y escuadra (compasión y recto juicio) dejen de estar apoyados en la ley, que es el fundamento de todo.

Por lo cual a un albañil se le encuentra entre la escuadra, el compás y una regla. O dicho de otra manera: bajo el recto juicio, la compasión y la regla de vida.

 

Es Cuánto.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.