De Ésto trata nuestro Trabajo...

 

 

9534319482?profile=RESIZE_400xPor: Roberto Godínez Soto

El busto de tres caras es un símbolo de la Trinidad de Zarathustra y Pitágoras. Su carácter hindú nos recuerda el Trimurti: tres formas, tres en uno, o uno en tres.

Los Arios recibieron de razas anteriores, y transmitieron el culto de: Agni (Dios del fuego), de Indra (Dios de la luz), y de Vishnú (Dios del Sol).

En sánscrito Agni refería al fuego del sacrificio; Se le atribuía inteligencia y beneficencia. Asociado con el fuego de tres tipos: 1)Digestión; 2)Salud, y 3) Corazón. Referencia al número tres.

La luz del fuego. De los Vedas es Indra, el rey de los cielos; de los sentidos, de la mente; y en los seres vivos de la conciencia.

Potencia impregnadora de fuego y de luz; Él es el creador, preservador y el destructor del universo: cuando Vishnú creó el universo se dividió a sí mismo en tres partes: Brahmá, Vishnú y Shiva.

La expresión de lo Divino en tres fases se expresa a través del ciclo de creación, preservación y destrucción en la forma de Brahmá, Vishnú y Shiva.

La expresión de la Deidad, en una manifestación triple; y representan el concepto cíclico de la creación, la preservación y la destrucción. Según Hutchens y Pike, la forma más antigua de la Trimurti era Agni, Usha y Mitra; el anagrama del cual, AUM, es visto en el entrelazado triángulo triple. De nuevo se debe enfatizar que estos conceptos están aquí para recordarnos de la universalidad de las grandes verdades religiosas del hombre.

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El número tres es muy enigmatico y debemos de seguirlo estudiando, ya que son bastantes las enseñanzas que nos deja.

Cuerpo-mente-espíritu.

Pasado-presente-futuro.

Físico-mental-etérico.

Etc. Etc.etc.

 

Es Cuanto.

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¿DE QUÉ SE TRATA?

Esta nueva sección Los Albañiles, en Prensamérica, es como un niño jugando ‘a los soldados’ con un juego de figuras de ajedrez. El niño se percata de la diferencia en el significado de las piezas debido a las formas y tamaños. Tal vez los caballos sugieren caballería, las piezas más grandes, oficiales, y los peones soldados de infantería. Sin embargo, el niño no practica el juego de ajedrez. Él se halla felizmente jugando de acuerdo a su imaginación, ignorante del significado de la simbología de las variadas piezas. Él no sabe que la reina es la pieza más poderosa sobre el tablero de ajedrez, ni se da cuenta tampoco que esto es debido a que los antiguos reconocieron la gran influencia que muchas reinas verdaderas ejercieron sobre sus amos y señores, los reyes.
El niño no percibe la sutil referencia a la influencia de la iglesia en los asuntos de estado, insinuada por las poderosas piezas llamadas alfiles. Tampoco aprecia la fina ironía, oculta en el hecho que estas piezas no se trasladan sobre el tablero de ajedrez en forma recta y honesta, más bien se mueven hacia sus objetivos en forma precavida.
El niño no se da cuenta del hecho que la limitación de movimientos de los peones es análogo a las restricciones que circunscribían al "hombre común" en aquellos días feudales despóticos. Así como ese pequeño con sus figuras de ajedrez, es el Gremio que se enorgullece a sí mismo con la perfección de las ceremonias, conferencias y rituales, y permanece ignorante a su oculto y simbólico significado, velado por esas mismas ceremonias.
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