Entrevista exclusiva al grarn ‘Chalo’ Rodríguez Burgos / Revista MUSA©

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“Escribo el mundo que vi, viví, que tal vez ya no exista”.

Miriam Alberganti II / Dra. Honoris Causa.

Hay escritores que escriben libros. Y hay otros, como Chalo Rodríguez Burgos (Pacasmayo, 1956), que siembran memoria. Arequipeño por adopción, neuroeducador, miembro del Gremio de Escritores del Perú, del Chapter Perú de la Society for Neuroscience y embajador cultural en Argentina, Chile, Colombia y Honduras, Chalo ha hecho de su vida un puente entre la ciencia y la poesía.

Autor bestseller en Amazon con Sediento compás en brisa esquiva, y de novelas como El silbido de las sombras y Surcos de vinilo, además de conductor del programa Aroma de Libro, Chalo escribe para no olvidar. Para nombrar lo cotidiano hasta volverlo trascendental. Hoy nos abre su morral.

Raíz y memoria

El niño que corría con las letras

Dices que de niño descubriste que podías “correr con las letras con la misma velocidad que con los pies jugando al fútbol”. ¿Qué recuerda hoy ese niño lector que levantaba cualquier papel tirado en el suelo, cuando vuelve a Pacasmayo y a Arequipa en tu escritura?

Está sobre mi hombro cuando escribo. Me corrige para que no me aparte de mi esencia; cuida que sea auténtico, que ría, que siga haciendo mis gracias de siempre y, sobre todo, que siga soñando y no deje de sonreír. Me advierte que la vida es solo un soplo de tiempo y que no hay retorno.

Tu máxima es contundente: “Escribo el mundo que vi, viví, que tal vez ya no exista… finalmente escribo para recordar el mundo que tuve”. ¿La escritura para ti es más un acto de resistencia contra el olvido o un acto de ternura hacia lo que ya no está?

La escritura me hace vivir de nuevo. Me recuerda quién soy, con mis ansias locas de ir tras cualquier sueño sin impedimentos ni barreras.

Puedo entrar a mi mundo de los seis años y sentir la brisa de mi mar en Pacasmayo; volver a tener ocho y sorprenderme por esa exuberante vegetación de Pucallpa; mirarme a los once correteando por las calles empedradas de Cocachacra, o avizorar a los trece años lo que significa el palpitante galopar de mi corazón en la perla del Huallaga, en Yurimaguas.

Me permite conversar con la familia que formé: puedo detener el mundo y hacerlo girar cada vez que lo deseo. Me permite entrar al mundo de otros y ver lo que yo no alcanzaba a percibir.

Al escribir, rediseño los aconteceres y me proyecto para seguir con la ilusión entera de avanzar en este hermoso sendero llamado vida.

Estás escribiendo un libro en memoria de tu padre, que partió a los 95 años. ¿Cómo se entrelaza esa entrañable amistad que tejieron con sus observaciones contemplativas sobre la naturaleza y el mundo actual? ¿Qué te está enseñando tu padre ahora, un año después?

Papá era un hombre excepcional, un ejemplo atípico de la Generación Silenciosa. Conservaba mucho de esas características, pero se iba adecuando con sabiduría a las variantes de la vida.

Hasta el final usó su tableta y su celular, y hacía comentarios en sus redes sociales. Él me hizo su amigo desde pequeño, manteniendo siempre bien marcada la hermosa línea de padre e hijo.

El fútbol nos unió muchísimo: largas escuchas por radio de los partidos y, luego, las transmisiones por televisión. Uno de los castigos más grandes que me aplicó por uno de mis tantos deslices juveniles fue cuando me dijo: “Ya no vas a escuchar los partidos conmigo”.

Me dolió profundamente; la desazón fue oscura y profunda.

Mantuvimos esa complicidad de vida a lo largo de los años. Fuimos de café en café conversando de todo, hasta que lo motivé a escribir su primer libro. Fue un éxito y lo vi lleno de felicidad al ver sus recuerdos impresos.

Cuando le sugerí escribir el segundo, aceptó con la condición de que lo hiciéramos juntos.

Fue un gran padre, un esposo ejemplar y un amigo a quien, en sus últimos años, tuve el privilegio de ayudar a bañarse y vestirse. Fue un gran pianista que le dio armonía a mi vida y una exquisita distinción que formó parte de mi identidad.

Y lo más hermoso es que sigo conversando con él y, a veces, me sorprendo haciendo alguno de sus clásicos gestos.

Cerebro, corazón y palabra

La ciencia vestida de humanidad

Eres parte del Chapter Perú de la Sociedad de Neurociencia, capacitador en neuroeducación y diplomado en plasticidad neuronal. ¿Cómo logras que el cerebro emocional y la razón dialoguen en un mismo verso sin que la poesía pierda su misterio?

El cerebro es uno de los misterios más grandes que existen. De por sí, su estructura y su funcionamiento son pura poesía. En esa espléndida plasticidad que presenta al conectar miles de neuronas para preguntarse: “¿Acaso solo soy la suma de mis recuerdos?”.

Conocer una mínima parte de cómo funciona el cerebro y descubrir cómo el aroma del almuerzo de mamá no pide permiso a ciertas áreas cerebrales, sino que ingresa directamente al núcleo de nuestras emociones, trayendo la mesa familiar al presente, es algo fascinante.

Las neurociencias nos permiten ampliar el conocimiento sobre cómo percibimos el entorno y nos invitan a un viaje inmersivo para conocernos mejor y responder a los estímulos que nos rodean.

Todo ello potencializa enormemente la capacidad creativa del escritor.

En tu programa Aroma de Libro abres una ventana generosa para otros autores, prologas, presentas, impulsas. En un mundo literario a veces tan competitivo, ¿de dónde nace esa vocación tuya por la generosidad, esa que incluso te valió el Premio al Valor de la Generosidad?

Estar en este mundo creativo me ha permitido conocer a personas de un enorme emprendimiento que comparten su sapiencia.

En los prólogos de mis libros colaboraron conmigo de manera desinteresada, y constantemente me tienen en cuenta para escribir sobre otros o representarlos. Eso me dejó un poderoso mensaje para continuar esa cadena de favores.

De ahí nace también mi profunda gratitud y admiración por iniciativas como la de la propia Revista Literaria MUSA, que, de manera completamente desinteresada, abre un espacio internacional de altísimo valor para que los escritores latinoamericanos podamos hacer oír nuestra voz, compartir nuestros saberes y abrazarnos a través de las letras.

Inspirado en esa misma filosofía, Chile País de Poetas me dio la magnífica oportunidad de conducir Aroma de Libro. Junto al escritor Christian Oyarzo hemos presentado a más de noventa escritores y leído sus obras.

Al final, los más enriquecidos hemos sido nosotros, al nutrirnos de magnífica literatura y conocer a seres humanos excepcionales.

Como columnista, docente y divulgador, sostienes que las cosas cotidianas y sencillas del ciudadano de a pie son trascendentales. ¿Cómo se enseña eso desde la neuroeducación a jóvenes y docentes que hoy viven distraídos y ansiosos?

Pregunta latente y vigente.

Cuando en clase decía a mis estudiantes: “¿Quieren saber por qué les sudan las manos, se acelera el corazón o el estómago comienza a tener sensaciones raras cuando pasa a su lado la chica (o) que les gusta?”, inmediatamente había capturado la atención de ellos.

De ahí es solo un paso para explicar cómo actúa su sistema nervioso y qué áreas del cerebro entran en funcionamiento.

A los docentes les aconsejo algo fundamental: el cerebro no aprende si no hay curiosidad y emoción. Les enseño a activar el sistema de recompensa del cerebro antes de lanzar cualquier fórmula o concepto abstracto.

Si a un profesor le toca dar clase a los alumnos del 5.º “A” y sabe que están ansiosos o distraídos pensando en el examen de admisión a la universidad, le sugiero no empezar directamente con la teoría en la pizarra.

Le propongo iniciar con una anécdota o una pregunta de la vida cotidiana. Si la clase es de geometría o física, en lugar de dibujar un triángulo frío, puede preguntarles: “¿Se han fijado en la estructura de los puentes por los que caminan a diario para llegar al colegio y por qué no se caen cuando pasa un camión?”.

La neuroeducación nos demuestra que el cerebro solo aprende aquello que le emociona y que tiene un vínculo o relación con su vida cotidiana.

Siembra y legado

Lo que dejas

Tu próximo proyecto narrativo, Las Ninfas del Pozo, vuelve sobre el trágico accidente aéreo de 1971 y el reencuentro con Mary y Mery en Pucallpa. ¿Por qué necesitabas cerrar ese viaje y compartirlo con tu nieta Morgana?

Hay situaciones inexplicables.

En una de las veces que Morgana me pidió que le contara sobre mi ineficaz manera de cargar el balde con agua que provocó la risa de las Ninfas del Pozo, como un relámpago recordé la foto de la puerta del avión caído. La había subido a Facebook mi primo en Pucallpa.

Y la puerta se abrió para invitarme a un retorno a Pucallpa, sesenta y dos años después, para saber sobre el lugar donde reposan mis amiguitas.

Ni siquiera lo pensé; fue casi un mandato.

Después de dos semanas ya estaba en Pucallpa. De allí viajé más de 100 km para llegar al lugar donde estaba la puerta.

Al tocarla, continué con este peregrinaje que he tratado de plasmar en este proyecto que me sigue estremeciendo.

Has recibido el Cóndor Mendocino, el Galardón Óscar Castro, el Fénix de Europa, la Gaviota de Plata y la medalla de oro de Arequipa. ¿Qué premio no está en la vitrina, pero llevas guardado en el morral del alma?

A veces siento que fui muy egoísta al inicio, pues comencé escribiendo solo para mí, con miedo a que me leyeran. Luego quise compartir mis sentires y llegar a más personas para conocer sus impresiones.

Cuando presenté mi primera novela, El silbido de las sombras, tuve tres presentadores: un cardiólogo de setenta años, un contador de sesenta y un estudiante de quince años. Los tres hicieron abordajes magníficos.

Pero el joven Felipe dijo algo fulminante al terminar su alocución:

“Si yo preguntara quién conoce a Chalo Rodríguez Burgos, seguro nadie respondería. Si pregunto quién leyó El silbido de las sombras, tampoco responderían. Pero a mí, este libro me movió los sentimientos”.

Cuando una persona me dice que algo que escribí lo conmovió, lo hizo reflexionar o le generó nuevos pensamientos, esté de acuerdo o no conmigo, siento una alegría inmensa que considero mi premio más valioso.

Has sido antologado en Perú, Argentina, Chile, Colombia, España, Puerto Rico y Estados Unidos. Eres embajador cultural de Arequipa y de colectivos de todo el continente. ¿Qué significa para ti ser un embajador itinerante de la palabra cuando la palabra parece valer cada vez menos?

En más de una ocasión tuve un debate interno con la famosa máxima que dice: “Una imagen vale más que mil palabras”.

Cuando era muy joven leí como cinco veces el libro ¡Viven!, de Piers Paul Read. Imagínate lo compenetrado que estaba.

Tiempo después vi la película y me di cuenta de que la imagen cinematográfica te fija una sola visión, mientras que la lectura te permite recrear e imaginar mundos infinitos.

Cada vez que leía el libro descubría nuevos matices; la película, en cambio, siempre mostraba lo mismo.

Escribir es construir universos disímiles y únicos nacidos de tus vivencias. Por eso me gusta sostener conversaciones reales y, sobre todo, me encanta escuchar. Así aprendo y aprecio otras percepciones que mueven los cimientos de mis recuerdos.

En cada conferencia que doy, crónica o libro que escribo, trato de reivindicar a la palabra como el medio vital para transferir nuestras emociones y nuestra propia visión del mundo.

Sueñas con dejar un testimonio que una la razón y la sensibilidad poética para las futuras generaciones. Si esta entrevista la leyera Morgana dentro de 30 años, ¿qué te gustaría que entendiera sobre por qué su abuelo escribía?

Qué hermosa e interesante pregunta. Me has conmovido tremendamente.

Me gustaría que entienda que, además de bosquejar algunas escenas del mundo que me tocó vivir, ese mundo también es parte del suyo, porque forma parte de su propia identidad.

Que entienda que, gracias a la escritura, el conocimiento no se pierde, pero, sobre todo, las emociones siguen latiendo para quien las lea.

Quisiera que sepa que su abuelo es la continuación de una saga de larga data y estoy seguro de que ella vivirá entre mis líneas; pero, sobre todo, sé que ella escribirá las suyas y bosquejará nuevos senderos… los suyos.

Y que estaré sobre su hombro cuando ella escriba, para decirle que no se aparte de su esencia y susurrarle al oído que la quiero mucho.

Ping pong MUSA

Preguntas rápidas, respuestas cortas

Un verso tuyo que te salve en días nublados.

Es lo que tengo, es lo que doy.

Un libro que te obligó a ser otro.

Retazos, mis lugares, mis momentos.

Pacasmayo en una sola imagen.

La playa besada por el donaire de sus olas.

Arequipa en un aroma.

El humo de la leña de una picantería tradicional.

Una palabra que nunca lograste domar en un poema.

Más que una palabra, es la angustia de no reflejar la esencia de mi sentir.

¿Qué te susurra el vinilo de Surcos de vinilo?

Vibra mi ser ante el anuncio de una catarata de emociones incontenibles.

Neurociencias o poesía: ¿quién abraza primero?

El abrazo es simultáneo, intrínseco y sincero.

¿Qué le dirías a un joven que quiere escribir, pero tiene miedo?

Piensa en ti, después en ti. No te pongas barreras.

Tu manía secreta antes de escribir.

Caminar temprano por el parque.

Si no fueras escritor, ¿qué serías?

Viajero empedernido.

Llegamos al final

Gracias, Chalo.

Gracias por recordarnos que el cerebro también es poesía. Gracias por enseñarnos que una pregunta sobre por qué sudan las manos puede ser más poderosa que una fórmula en la pizarra.

Gracias por esa cadena de favores que sostienes con Aroma de Libro y por honrar a MUSA con tu gratitud.

Gracias por tu padre pianista, por tus Ninfas del Pozo, por tu niño de Pacasmayo que sigue sobre tu hombro, corrigiéndote con ternura. Gracias por escribir para que nada de lo que amaste se pierda del todo.

Que tu padre siga conversando contigo en cada gesto. Que Morgana lea esta entrevista y sienta tu mano en su hombro. Que sigas corriendo con las letras, sin prisa y sin retorno, pero con la sonrisa intacta.

Con el corazón abierto, te abraza:

Revista Literaria MUSA

Nota realizada por: Miriam Alberganti II
Cronista literaria

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Buenos Aires, Argentina

Contacto

Chalo Rodríguez Burgos / PERFIL EN PRENSAMÉRICA

Email: chalorodriguez@hotmail.com

Facebook: Chalo Rodriguez Burgos / Chalo Rodriguez Burgos – Página Oficial

Instagram: @chalorodriguezburgos

Blog: https://chalorodriguez.blogspot.com/

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