El Gobierno y el CNE han trabajado para crear un ambiente caótico que afecte la participación electoral de los partidos y movimientos de oposición o que no se alinean con él.
En marzo de este año, el Consejo Nacional Electoral tomó la decisión de adelantar para el próximo 29 de noviembre las elecciones seccionales que debían efectuarse en febrero del año 2027. El pretexto: un informe técnico de la Secretaría de Gestión de Riesgos que aseguraba que el fenómeno de El Niño tendría su punto más alto en los días inicialmente previstos para el sufragio, lo que haría imposible realizarlo en muchos sitios, particularmente en la costa ecuatoriana.
Siempre se denunció que la resolución del CNE no tenía una base técnica, sino un interés político. A la par, vinieron decisiones como suspender a movimientos políticos —como Revolución Ciudadana—, intentar quitar el registro electoral a Unidad Popular y, entre otras acciones autoritarias y antidemocráticas, iniciar «procesos judiciales» para quitar, también, los derechos políticos a personas que se proyectaban como posibles candidatos o podían llegar a serlo. Todas esas acciones se inscriben en el plan del gobierno para crear un ambiente caótico que afecte la participación electoral de los partidos y movimientos de oposición o que no se alinean con él.
Noboa y su círculo calculaban —y no se equivocaban— que, mientras más distante estuviera el proceso electoral, más bajo caerían los candidatos de ADN debido al creciente desprestigio del gobierno. Pero las cosas ahora se le presentan peor. El fenómeno de El Niño ya está presente y con fuerza, provocando graves daños y poniendo en evidencia la nula acción preventiva del gobierno para paliar sus efectos. Los cortes de energía eléctrica han comenzado y el gobierno cree (¿en realidad cree?) que, con los pedidos de apagar los focos, con la orden a las medianas y grandes empresas de desconectarse del Sistema Nacional Interconectado y sin superar el déficit de 1.390 megavatios en la demanda nacional, podrá evitar los apagones. La crisis en el sector de la salud pública lleva meses sin resolverse; saltan nuevos casos de corrupción en los que están implicados altos funcionarios del gobierno, y el combate a la delincuencia, que el gobierno presenta como su punto fuerte, no da los resultados que la población espera. En esto, Noboa también está fracasando.
En medio de esta crisis política creada por el mismo gobierno —que utiliza a cuatro vocales del CNE que actúan como sus mandaderos— y de una situación crítica del país en la que el gobierno también tiene directa responsabilidad, ahora le han dado la orden al presidente del CNE, José Cabrera, de hacer declaraciones en las que advierta que las elecciones podrían ser aplazadas… e incluso suspendidas.
Más allá de que el gobierno y sus peleles del CNE —como dice la gente— les hayan «visto la cara» a los ecuatorianos, estamos frente a un nuevo intento de manipulación política. Lo que sucede en el país es una nueva demostración de que la democracia burguesa es manoseada y utilizada a gusto de quien tiene en sus manos el poder.
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