La sequía asociada al fenómeno de El Niño dejó sin cumplir las metas de la camaricultura hondureña: el sector calcula que este año se dejarán de producir unos 13 millones de libras de camarón frente a la proyección inicial, y que al menos 214 fincas del sur no pudieron cultivar por falta de lluvias. Unas 6.000 hectáreas quedaron sin siembra.
REDACCIÓN HONDURAS.- En enero, la Asociación Nacional de Acuicultores de Honduras (Andah) había anticipado un crecimiento de 32 % en la biomasa de 2026. La base era la cosecha de 2025 en Choluteca y Valle —120,5 millones de libras—, que a su vez había subido desde 107,4 millones en 2024 (13,1 millones de libras más, un 12,19 %). Con ese ritmo, la meta era llegar a 159 millones de libras. El cálculo suponía un verano similar al de 2025, que terminara hacia junio, y un avance gradual de la tecnificación para sacar más libras por hectárea.
No ocurrió. La escasez de lluvias se prolongó unos dos meses más de lo previsto. Juan Carlos Javier, presidente de la Andah, explicó que esa extensión del verano alteró las condiciones del Golfo de Fonseca: subió la salinidad y frenó el crecimiento del camarón en los estanques. Entre enero y agosto, la cosecha apenas pasó de 76 a 78,7 millones de libras, un aumento de 2,7 millones. Con ese desempeño, el gremio ya no espera cerrar en la meta inicial de 146 millones de libras; la diferencia es justamente esos 13 millones que se dejan de producir.
El clima extremo se venía advirtiendo desde mediados de año. Javier Amador, director ejecutivo de la Andah, describió un ciclo “malo”: temperaturas de hasta 48 grados Celsius en el sur, oxígeno bajo en el agua y salinidades muy altas. El camarón blanco del Pacífico (Litopenaeus vannamei) crece y sobrevive mejor entre 28 y 30 grados. Por encima de ese rango hay estrés térmico, menos desarrollo y más mortalidad. En junio, Amador estimó unos 500 empleos en riesgo y unas 6.500 familias afectadas de forma indirecta por la cadena productiva.
En las fincas pequeñas el golpe es más directo. Wilmer Cruz, presidente de la Asociación de Pequeños Productores de Camarón de la zona sur, reportó mortalidades de entre 30 % y 40 % en algunas unidades, por falta de oxígeno y por enfermedades ligadas al calentamiento de las aguas del Pacífico. Para compensar, muchos aumentaron el bombeo, lo que disparó el consumo de diésel y los costos. Cruz situó entre 207 y 210 las unidades productivas cerradas —cifra cercana a las 214 fincas que la Andah atribuye a la sequía— y advirtió que otras podrían salir de operación si no hay recursos para reactivar ciclos.
El problema climático llega sobre una industria que aún no se recupera del quiebre comercial de 2023. Honduras llegó a tener unas 420 fincas y más de 24.000 hectáreas en producción; hoy operan alrededor de 200. El gremio estima unos 6.000 empleos directos perdidos y miles de puestos indirectos. En 2025, al menos 113 fincas no cosecharon ni una laguna. La ruptura con Taiwán —que llegó a comprar más de 29 millones de libras y fue el principal mercado asiático— no fue sustituida por China: en 2025 el gigante asiático absorbió apenas unas 723.000 a 753.000 libras, frente a más de 6,1 millones que todavía envió Taiwán, ya con arancel. La Unión Europea y México sostienen hoy el grueso de las ventas.
Esa recomposición explica por qué las exportaciones no se han desplomado al mismo ritmo que la producción interna. Hasta agosto de 2026 se habían enviado 44.974.950 libras, ligeramente por encima de las 43.371.520 libras del mismo periodo de 2025. El alivio vino del producto con valor agregado hacia Europa, que pasó de 16,3 a 19,1 millones de libras en el periodo comparado. En 2025 el país exportó cerca de 69 millones de libras por unos 261 millones de dólares, mejor que 2024 pero todavía lejos de las 78,6 millones de libras de 2023. Entre enero y mayo de 2026 las ventas externas sumaron unos 119,3 millones de dólares, un 9,2 % más que el año anterior, empujadas por volumen y por mejores precios en Europa.
Los pequeños productores dicen que ese repunte no les llega. Cruz denuncia obstáculos para colocar el camarón, competencia desigual en el mercado interno y la falta de una planta propia de procesamiento. Han pedido al Gobierno la entrega de una planta abandonada en manos del Estado. Sobre China, esperan unos 25 contenedores en los próximos meses, aunque reconocen que los costos de procesamiento en Honduras hacen poco atractivo el precio. También reclaman financiamiento fresco, no sólo readecuación de deudas: el sector aspira a fondos que en una primera etapa rondarían 150 millones de dólares, dentro de una meta mayor de hasta 600 millones, y confía en la Ley de Alivio Financiero para el Agro para refinanciar créditos.
La sequía no es solo camaronera. En comunidades del sur, como Calpules, campesinos reportan seis meses sin lluvia suficiente: se secaron maíz y frijol, bajaron los pozos y desapareció el trabajo de jornal. El Estado destinó 74,6 millones de lempiras en ayuda alimentaria por la sequía. Cenaos y Copeco vinculan El Niño con menos ciclones en el Atlántico y con un ingreso más tardío de frentes fríos, lo que alarga el déficit de lluvias en el Pacífico.
Para el cierre de 2026 el sector ya no habla de crecer 32 %. La aspiración más realista es acercarse a la cosecha y a las exportaciones de 2025, y dejar para 2027 una recuperación que dependerá de que baje la temperatura del agua, de que vuelva la lluvia al Golfo de Fonseca y de que haya crédito para tecnificar bombeo, oxígeno y monitoreo. Las pérdidas del ciclo actual, advierten los pequeños productores, ya están prácticamente definidas.
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