Como los números no les dan en las calles, Daniel Noboa y ADN vuelven a usar a sus denunciantes de alquiler para intentar ganar en los escritorios de la Fiscalía lo que no pueden conquistar en las urnas. Esta nueva embestida contra la Alcaldía de Quito no tiene nada de fiscalización ni de transparencia; es la muestra desesperada de un régimen que necesita desestabilizar instituciones para disimular que sus candidatos no levantan cabeza.
El problema de fondo es claro: el gobierno convirtió al Estado en su comité de campaña porque no tiene un solo resultado real que mostrarle al país. Incapaces de resolver los apagones, la inseguridad y la crisis económica, la única “gestión” que le queda a Noboa es armar shows judiciales para arrebatar las administraciones locales y tapar el fracaso absoluto de su propio mandato.
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