Fuertes lluvias han colapsado vías en toda la ciudad de Guayaquil

Lic. Carlos García Neira
3 minutos de lectura
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Guayaquil y sus zonas aledañas han recibido la primera gran descarga pluvial del Superfenómeno de El Niño, y el resultado ha sido inmediato: un caos absoluto y la paralización total de la ciudad. Los pocos vehículos que logran avanzar sin quedar varados o con los motores destruidos por la acumulación de agua, se enfrentan a un colapso vial insostenible.

El norte, el centro y el sur de la ciudad se convirtieron en un embudo sin salida. Lo más indignante no es solo la fuerza de la naturaleza, sino la ausencia total de autoridad: ni un solo agente de tránsito, ni un policía en las intersecciones clave: Cero presencia.
Ciudadanos atrapados por más de tres horas en trayectos habituales de 30 minutos, abandonados a su suerte en medio de la delincuencia, el agua y la desesperación.

Esto demuestra una verdad terrible: no existe una planificación vial ni protocolo alguno para afrontar este tipo de emergencia. NADA.
Durante meses las autoridades vendieron la idea de un “plan integral”, pero la realidad demuestra que ni siquiera saben distinguir entre una planificación estratégica y una respuesta improvisada. Si no pueden organizar el tráfico bajo una fuerte lluvia, ¿de qué plan integral nos están hablando?

Es inaceptable. Los agentes de tránsito, la Policía y los Bomberos deberían estar desplegados en los puntos críticos, agilizando el flujo y sancionando el comportamiento irresponsable de choferes de buses y vehículos pesados que tapan las intersecciones e inmovilizan la ciudad por completo. Estamos atravesando una emergencia de gran magnitud y no es concebible que las autoridades permanezcan cómodamente sentadas en sus escritorios, monitoreando la tragedia a través de pantallas de vigilancia, en lugar de disponer personal equipado con botas e impermeables en el territorio para dirigir el tráfico y ayudar con las emergencias.
El peligro por las intensas precipitaciones es inminente y grave, pero la inacción no puede ser la respuesta.

Se requieren medidas urgentes para mitigar la crisis, garantizar la movilidad de los vehículos habilitados y permitir la circulación de la ciudadanía y de los servicios de emergencia. La gestión de una ciudad no se hace desde el aire acondicionado; se demuestra en las calles cuando, por ejemplo, hay una fuerte lluvia el agua aprieta. Debemos exigir que las autoridades levanten el trasero de sus cómodas sillas y salgan a las calles a trabajar.

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