Autor desconocido
Mucho se habla del método Bukele. Con razón. El Salvador metió presos a todos los pandilleros y recuperó sus calles. Mucho se habla del método colombiano contra la guerrilla. Mano dura contra el fusil. Todo eso está bien. Es necesario. Pero es incompleto. Lo que nadie está analizando, lo que ningún analista quiere tocar, es el Método Noboa. Porque el Método Noboa no es de corto plazo. Es de largo plazo. Y es el único que va a la raíz.
Bukele ataca al soldado. Noboa ataca al que paga el sueldo del soldado.
Durante décadas, Ecuador combatió al sicario de la esquina, al microtraficante del barrio, al pandillero tatuado. Pero nunca tocamos al financista. Nunca tocamos al político que lava. Nunca tocamos al empresario que presta su camaronera, su constructora, su gasolinera para blanquear. Nunca tocamos al alcalde que no puede justificar ni su camioneta, ni su casa en la playa, ni el viaje a Miami de toda su familia.
¿Cuándo habíamos visto esto antes? ¿Cuándo un presidente se había atrevido a ordenar allanamientos en los lugares aniñados?
El Método Noboa ataca al distribuidor narco, sí. Pero sobre todo, ataca al financiamiento. Ataca a la estructura política y económica que mantiene a esos grupos vivos. Por primera vez vemos operativos en Cumbayá. Por primera vez vemos allanamientos en Isla Mocolí. Por primera vez vemos esposados no solo al que dispara, sino al que lava el dinero de quien dispara, al que firma el contrato, al que da el permiso municipal.
Todos sabemos quiénes son. En cada ciudad del país sabemos qué alcalde no justifica sus lujos. Sabemos qué empresario pasó de tener un local a tener una cadena de locales en un año. Sabemos qué constructor gana todas las licitaciones. Era un secreto a voces que nadie tocaba por miedo o por complicidad.
Noboa lo está tocando.
Por eso este método es superior. Porque encerrar a 500 pandilleros sirve por un mes, pero si les cortas el dinero, si les desbaratas la oficina contable, si les incautas las haciendas, los edificios y las cuentas en paraísos fiscales, los desbaratas para siempre.
La seguridad no se gana solo en las cárceles y en las calles. Se gana en las notarías. Se gana en los municipios. Se gana en las empresas de papel. El presidente Daniel Noboa ha entendido lo que nadie entendió: que el narcotráfico en Ecuador no es un problema de pobres armados, es un problema de ricos lavando.
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