Luego de dos meses, el cadáver de Mónika Silva, activista polaca de derechos humanos, sigue en la morgue de SantaElena.
La mujer de 41 años fue encontrada muerta el 8 de junio en el lugar donde vivía en montañita. La autopsia confirmó que fue estrangulada y que presentaba varios golpes, uno de ellos contundente en la cabeza. Una de las abogadas de la familia explica por qué no existe una fecha de entrega del cuerpo.
La Fiscalía investiga el caso como femicidio y analiza cámaras de seguridad, dispositivos electrónicos y evidencias forenses.
La defensa resalta que, antes de ser asesinada, Mónika Silva investigaba y denunciaba actos de corrupción y advirtió que había sido amenazada de muerte.
“Ella dijo nombres completos con toda claridad, y son esas personas también que deberán ser llamadas para que expliquen o den su versión”, resaltó Martínez.
Su asesinato trascendió las fronteras. Polonia abrió una investigación paralela y organismos internacionales han pedido al Estado ecuatoriano una investigación rápida e independiente. Pero la defensa asegura que la capacidad del sistema criminalístico es insuficiente frente a la cantidad de casos que debe procesar.
“En Ecuador sólo está funcionando el servicio de evaluación criminalística para este tipo de exámenes en Quito, y es el único en el país“, señaló la directora de CEPAM. Ni la Fiscalía ni la Policía se han pronunciado sobre los avances de la investigación. Más de dos meses después, y la pregunta central sigue sin respuesta: ¿Quién la mató y por qué?
