Lo que debería ser uno de los organismos más serios y respetados del Ecuador atraviesa una nueva etapa de confrontaciones públicas. En medio de ellas aparece reiteradamente el nombre del consejero José Fernando Merino, quien en los últimos meses ha acumulado cruces, acusaciones y decisiones controvertidas dentro del Consejo Nacional Electoral.
El episodio más reciente ocurrió este 22 de agosto, durante el debate por la negativa a inscribir la candidatura de Luisa González a la Prefectura de Manabí. La consejera Elena Nájera cuestionó una reunión que habrían mantenido autoridades electorales antes de esa decisión. Merino la interrumpió y la acusó de mentir; Nájera respondió llamándolo “consejero mentiroso” y anunció que expondría públicamente sus actuaciones. La tensión llegó al punto de solicitarse una suspensión momentánea de la sesión.
Pero el cuestionamiento sobre lo ocurrido en Manabí no vino solamente de Nájera. El consejero Enrique Pita también pidió explicaciones sobre las circunstancias de aquella reunión, colocando el tema en el centro de una nueva disputa interna del organismo electoral.
Y los encontronazos de Merino vienen de antes. El 11 de junio, durante otra tensa sesión, acusó a compañeros del CNE de promover “maniobras para abrir una crisis institucional”. Nájera reaccionó y anunció posibles acciones legales por lo que consideró acusaciones injuriosas; Merino volvió a interrumpirla y José Cabrera tuvo que pedir que se respetara el uso de la palabra.
Su trayectoria política también ha generado cuestionamientos. Merino perteneció a CREO entre 2012 y 2018 y fue candidato suplente a la Asamblea por Construye en 2023. Años después, como vocal del CNE, terminó votando a favor de cancelar del registro electoral precisamente a Construye, además de Unidad Popular.
Incluso antes de convertirse en consejero principal, Merino había protagonizado una dura confrontación contra quienes dirigían el propio organismo. En 2024 participó junto con otros suplentes en una protesta para exigir su principalización y posteriormente replicó en redes un mensaje que hablaba de sacar a la “pandilla de Atamaint” del CNE. Paradójicamente, después terminó agradeciendo públicamente a Diana Atamaint tras asumir como principal.
El problema ya trasciende a José Merino. Cada pelea, interrupción y acusación protagonizada entre quienes deberían actuar como árbitros electorales termina deteriorando la imagen del CNE ante un país que necesita confiar en quien organiza sus elecciones.
Los ecuatorianos no financian al Consejo Nacional Electoral para contemplar espectáculos entre sus autoridades. Pagan una institución que debería ofrecer independencia, transparencia y confianza. Cuando sus sesiones terminan convertidas en escenarios de confrontación, quien queda mal no es solamente un consejero: queda golpeada la credibilidad del CNE y la imagen institucional del Ecuador.
