Teresa Valdés Betancourt.
La tercera edad constituye un tema muy complejo de abordar por sus múltiples aristas, desde el plano personal, social, de género, salud, sexualidad, cultura, tradiciones, jurídico y hasta político, porque reclama mayor atención integral de la sociedad y de las instancias de gobierno.
Por supuesto, cada persona que llega a esa etapa de la vida requiere demostrar independencia personal para preservar y reclamar sus derechos, así como promover su bienestar, sin discriminación ni los prejuicios que se generan en la sociedad y en la propia valoración individual.
El desarrollo científico, con los avances de la medicina, la tecnología y la salud pública, contribuye al aumento de la esperanza de vida. En México, las personas mayores de 60 años presentan un significativo incremento en la población.
Según el Consejo Nacional de Población, en 2025 ese grupo de personas adultas mayores representó el 12.8 % de la población total, equivalente a 17 millones 121 mil 580 personas. Asimismo, la esperanza de vida máxima se incrementa a 84 años de edad para los hombres y 90 para las mujeres. En consecuencia, la pirámide poblacional refleja envejecimiento y feminización.
Entonces, se puede advertir que la vejez en México está marcada por desigualdades de género, porque las mujeres, quienes viven más años, padecen múltiples problemas de salud, poseen menos recursos materiales y carecen de un adecuado acceso a la seguridad social o a cuidados formales.
Al considerar los múltiples aspectos socioculturales relacionados con la edad, se identifica otro prejuicio conocido como edadismo, una forma de discriminación omnipresente que se ejerce contra las personas adultas mayores, incluso cuando se encuentran en plenitud de sus facultades. Esta discriminación puede manifestarse desde negarles una tarjeta de crédito hasta no otorgarles una plaza fija en un centro laboral, a pesar de los conocimientos y capacidades demostrados.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el edadismo “afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos hacia los demás o hacia nosotros mismos por motivos de edad”.
Para prevenir ciertas manifestaciones de discriminación, se fortalece el marco legal y se fomenta la educación intergeneracional, con el propósito de generar espacios de participación en la toma de decisiones, identificar las condiciones de las personas de la tercera edad y advertir sobre la revictimización de las mujeres mayores.
Veamos un ejemplo contundente: mientras que a una mujer de 80 años la envían a un refugio, en Estados Unidos un hombre de esa misma edad ha ocupado la Presidencia del país.
Existen alternativas sociales impulsadas desde la sociedad civil, como la experiencia de la Universidad de los Jueves, promovida por la Licda. Laura Castellot Mondragón en la Fundación Romero-Abaroa, en Colima, México, que reúne semanalmente a personas mayores para intercambiar experiencias, conocimientos y momentos de recreación, en una jornada matutina que enriquece la convivencia social.
Esas propuestas y otras experiencias de socialización son factibles porque, desde 1982, se estableció el 28 de agosto como el Día de las Personas Adultas Mayores, dedicado a reconocer el ejercicio de sus derechos humanos, sociales y civiles.
Aún está pendiente que la sociedad actualice las legislaciones vigentes, como el Decreto No. 163, de septiembre de 2013, del estado de Colima, que dio vida jurídica a la Ley de la Procuraduría de la Defensa del Adulto Mayor para el Estado de Colima, destinada a brindar atención jurídica, orientación y apoyo integral a quienes se encuentran en situación de riesgo, desamparo o violencia familiar y social.
Urge analizar otras oportunidades porque, hoy, como resultado de los avances científicos, las personas adultas mayores cuentan con mayores posibilidades intelectuales y de calidad de vida. A través de la tecnología, pueden seguir aportando sus saberes en diversas ramas socioeconómicas, culturales, educacionales y hasta productivas.
En resumen, la alternativa humana de envejecer o morir no significa una amenaza, sino una realidad que convoca a valorar cada etapa de la existencia para mujeres y hombres en igualdad de condiciones, de manera que puedan disfrutar su vida con plenitud.
@Letra Clara
