Por: Roberto Godínez Soto.
El jueves 24 de septiembre del presente año, se presento el libro “Voz de Paisajes”, en las instalaciones de la Universidad Intercultural de Colima.
Salvador Alejandro Ochoa López, autor del libro “Voz de Paisajes”, es un destacado escritor e investigador, miembro de la Asociación Colimense de Periodistas y Escritores y de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos, además es un agente social y cultural que tengo el placer de conocer. Pero no fue un mero conocimiento formal entre personas, fue mucho más que eso. En rigor, algunos pueden decir que fue un encuentro para atender una tarea específica; otros han dicho que fue una serie de reuniones de trabajos académicos muy asertivas; pero otros han manifestado que tal vez fue un cruce de espíritus guiados por los dioses para complementarse y aportar sus luces como una sola, para los que quieren ver.
Existen libros que no se leen solo con los ojos, sino que se respiran, se sienten en la piel y se graban en la memoria como un recuerdo que no era nuestro hasta ese momento. Voz de Paisajes pertenece a esa estirpe de obras que no se limitan a mostrar el mundo: lo nombran, le devuelven su voz y lo ponen a conversar con lo más profundo del espíritu humano. Es un encuentro doble: el asombro ante la belleza de ríos, montañas y cielos, y el reconocimiento de que cada paisaje lleva también el reflejo de quien lo mira.
El título mismo encierra todo el sentido de la obra. No se trata solo de describir lugares, sino de escucharlos. La naturaleza, en estos versos, no es un decorado mudo: tiene algo que decir, que cantar, que revelar. Las montañas guardan historias de siglos; los ríos son el tiempo hecho movimiento; los atardeceres y los caminos cobran aquí vida interior, lenguaje propio. El poeta se convierte así en intermediario: presta su voz para que el paisaje hable, y a la vez deja que el paisaje le dicte lo que su propio corazón callaba.

Esta unión entre lo exterior y lo interior recorre cada página. Voz de Paisajes nos enseña que no hay separación entre el mundo que llevamos dentro y el que nos rodea. El valle sereno es también la paz anhelada; la tormenta expresa la turbulencia que a veces nos habita; el amanecer canta la esperanza que renace. Por eso leerlo no es visitar algo ajeno, sino mirarse en un espejo: el paisaje nos devuelve nuestra propia alma, más clara y entera.
El libro se despliega como un recorrido, tanto geográfico como espiritual. Sus poemas transitan por la costa donde el mar dialoga con la orilla, la sierra entre nubes, el campo que se viste de vida o de reposo. Cada escenario tiene su tono, su acento, su manera de decir el mundo. Y así cambia también la voz que lo canta: unas veces suave, otras firme, siempre sincera, siempre atenta a lo que el entorno susurra.
Uno de sus mayores aciertos es su sencillez. No necesita palabras rebuscadas ni adornos excesivos: la naturaleza, bien nombrada, ya tiene su propia grandeza. Los versos dejan espacio al silencio, confían en que la imagen clara dice más que la frase recargada. Hay en ellos una claridad que no es simpleza, sino transparencia: como el agua del arroyo que deja ver el fondo, estos poemas nos llevan sin obstáculos a lo esencial, a esa verdad que todos sentimos pero pocos logran expresar.
A lo largo de la obra se teje también una reflexión profunda: nuestra relación con la tierra. Voz de Paisajes nos recuerda que no somos dueños del entorno, sino parte de él. Cuidar lo que nos rodea es cuidar de nosotros mismos; escuchar la voz del paisaje es escuchar la voz de nuestro origen y nuestro porvenir. En tiempos de prisa y ruido, este libro es una invitación a detenernos, a respirar, a volver a aprender a ver.
Al cerrar sus páginas, algo ha cambiado en nuestra mirada. El mundo no es igual: ahora se nota el canto en el viento, la historia en la roca, la promesa en cada amanecer. El libro cumple así la misión más noble de la poesía: devolvernos el asombro, recordarnos que lo extraordinario está en lo cotidiano, si tan solo nos detenemos a escucharlo. Nos enseña que la naturaleza no está lejos, sino aquí, en cada latido que se conmueve ante la belleza.
Por todo ello, Voz de Paisajes es mucho más que un libro de poemas sobre la naturaleza. Es un puente entre lo exterior y lo interior, un homenaje a todo cuanto nos habla si sabemos oír, un recordatorio de que el mundo tiene voz y nosotros tenemos el privilegio de escucharla. Quien entre en estas páginas saldrá con la mirada renovada y con el corazón más dispuesto a reconocer que, en cada rincón de la tierra, hay algo sagrado que nos llama, nos nombra y nos espera.
Es cuanto.
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