El migrante ilegal Pte. 2

Dr. Armando Arévalo Hernández
10 minutos de lectura
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Así pasaron seis   meses, los cuales le sirvieron a Cristian para conocer la

ciudad de Tijuana, desde colonias pobres ubicadas en los cerros como La

Pancho Villa, hasta las colonias ricas ubicadas en las Playas de Tijuana. Las

calles Tamaulipas y Coahuila, siempre repletas de negocios y de gringos, de

prostitución y de drogadicción;  al caminar por esas calles veía  inmigrantes

de varios países, principalmente de Centro y Sur América cuyo sueño era

pasar al otro lado y hacer realidad el “sueño americano”, además de gringos

tanto de la armada, el ejército y ciudadanos, que venían a comportarse en

forma degenerada, a drogarse y a abusar de los mexicanos, así como de  los

ilegales, que trabajaban en los negocios de esas calles.

Unos   días   antes   de   partir   hacia   el   país   del   norte,   el   doncel   estaba

semidormido, cuando escucho una algarabía fuera de lo común. Esa gritería

inusual provocó  que se levantara y fuera directamente a la ventana. Eran las

tres de la mañana, el clima estaba templado, ni frío ni caliente.   No había

nubes,   se   podía     ver   las   estrellas   del   cielo,   además   le   permitió   ver   con

claridad lo que estaba aconteciendo al otro lado de la alambrada, esto es, en

territorio gringo.

Una   carretera   separaba   la   casa   de   su   prima   Rosa   con   la   alambrada

fronteriza, podía ver claramente al otro lado (unos cien metros de distancia

desde la ventana a la alambrada). Esa noche vio varios encapuchados con

sotanas blancas y banderas que tenían las letras KKK, inmediatamente supo

que era el Ku Kux Klan. Vio cómo  se escondieron  con el fin de  que no los

vieran   los   braceros   que   se   iban   a   brincar.     Llegaron   cincuenta   

espaliersmojadas   con   su   pollero   quienes     se   dispusieron   a   brincar   la   

alambrada.

Cuando   estaban   del   otro   lado,     salieron   los   del   KKK   de   sus   

escondites, empezaron   a   cazarlos   como   viles   animales.   No  había   

ninguna   patrulla   de inmigración,   no   estaban   pasando   los   helicópteros,   

ningún   agente   de inmigración, solo los del KKK y los ilegales.

El mancebo vio como atraparon a diez,   los pusieron en cruces de madera

para   quemarlos,   antes   los   mataron   a   cuchilladas.   El   olor   fétido   de   los

cadáveres quemados, olor de muerte,   llegaba hasta su ventana. También

observó que otros diez volvieron a brincar la cerca pero ahora de Estados

Unidos hacia México. Pensaron que  estando   en tierra mexicana  el KKK no

entraría   y   los   dejaría   en   paz.     Los   encapuchados   no   respetaron   frontera

alguna,   procedieron   también   a   brincar   la   alambrada     hacia   el   territorio

mexicano     para   seguir   cazándolos,   aún   fuera   de   todo   contexto   legal

internacional. ¡Qué gran violación de los derechos humanos de esta pobre

gente y de la soberanía mexicana!

Uno   de   los   desafortunados   inmigrantes   corrió   hacia   la   casa   de   su   prima

Rosa, llegando hasta  abajo de la ventana  donde estaba Cristian viendo. Le

dieron alcance cuatro encapuchados del KKK, lo atraparon, sin miramiento

alguno   le   encajaron   cuchillos   en   el   vientre     para   matarlo.   Usaron     

Armas blancas para no usar sus fusiles AR-15,  así,   no despertarían  a la gente

del vecindario y alertarlos de su funesta presencia en tierra mexicana.  Uno del

KKK volteó hacia la ventana, vio al joven. En perfecto español, ¿Qué ves? Y

luego en forma imperativa le gritó, ¡vete a dormir mexicano estúpido!

Una vez que se cercioraron que estaba muerto el ilegal que habían atrapado,

dejando tirado el cadáver ahí,  procedieron a buscar otro, de los diez que se

regresaron a México, al no encontrar a ninguno se dirigieron a la alambrada

fronteriza, la brincaron y se  reunieron con su grupo del KKK. Eran  cien los

del   Ku Kux Klan.   Tenían   armas   de   todo   tipo:   granadas,   rifles,     fusiles,   

cuchillos, gasolina  para quemarlos y varias cruces de madera, no podían faltar.

Al siguiente día en el desayuno.

— ¿Prima, escuchaste  el alboroto  de  anoche?

—– Ya estamos acostumbrados, los agentes migratorios se

desaparecen, para   darle   oportunidad   al KKK de actuar.   Según me han

comentado, todo está arreglado entre ellos. Dicen que entre los del KKK hay

políticos   muy   importantes  de   los   Estados   Unidos,   fanáticos   racistas   y   su

diversión es cazar inmigrantes y matarlos, como lo viste ayer.

—-   La Procuraduría General de la República (PGR) tiene su oficina a una

cuadra, ¿no hace nada para evitarlo, prima?

—-Los del KKK han matado gente  en las puertas de la Procuraduría y ellos

como si no pasara  nada.   Dicen las malas  lenguas  que  también están de

acuerdo con los del KKK, dejando así que sacien sus instintos racistas y asesinos. Ni

el gobierno gringo ni el mexicano se meten, dan amplia libertad al KKK para

que   hagan   dos   veces   al   año   sus   ceremonias   racistas,   es   lo   que   le   

da existencia a ese grupo supremacista de  la raza blanca. Tal vez sí hay gente

poderosa en esa organización.

El pubescente no   daba crédito a lo que   había visto, si alguien le hubiera

platicado, hubiera pensado que eran mentiras,  en su joven mente no cabía

la posibilidad de tanta maldad y racismo. Sí, había leído sobre el KKK pero

nunca pensó verlo en persona, matando en este caso a inmigrantes, cuyo

pecado era querer ir en busca  del  “Sueño americano”.

Cuatro     días   después,   su   prima   les   dijo   que   había   llegado   la   fecha   

De pasarlos al país del norte.

—– !Mañana van a pasar¡. No podrán cargar casi nada, lo básico nada más.

En estas maletas (les dio una maleta roja a cada uno), metan sus cosas, son

maletas   especiales   que   los   identificarán   con   los   agentes   de   inmigración,

agentes comprados por mi jefe Salvatore Lucania. Los agentes,   al ver las

maletas sabrán que ustedes tienen paso libre, no les dirán nada, que  están

trabajando   para   la   familia   de   Salvatore,     también   conocida   como   la   

Cosa Nostra.

Ese día  de Marzo del año mil novecientos setenta y ocho, a las nueve de la

mañana, su prima los llevó  hasta las playas de Tijuana. Entraron a una casa

muy elegante, los recibió una gringa obesa entrada en edad.  Habló con ellos

en español mocho. Fue muy  amable,  les ofreció café, pan y  un desayuno

muy rico.  Al terminar de desayunar les ofreció una pastilla a cada uno para

calmar los nervios. Se la tomaron porque     su prima Rosa les dijo que no

había problema. Se la tomaron principalmente por la confianza con la prima

Rosa, más que con la gringa que apenas habían acabado de conocer.

La gringa recibió una llamada telefónica  y al  colgar le dijo a Rosa.

—  Ya viene el carro de sitio a recogerlos, es necesario que  crucen el túnel,

¿les distes instrucciones  sobre lo  que tienen que hacer?

—– Sí, tienen todas las instrucciones. Van bien desayunados, les diste las

pastillas  para  los  nervios,  creo que  todo está  bien (le contestó Rosa  a la

Gringa Terry).

— Ok, procedamos. Dijo en voz alta la Gringa Terry.

Ambas,     llevaron   a   los   jóvenes     a   un   cuarto.   Terry   recorrió     una   

Lujosa alfombra persa,  abajo de la alfombra había  una puerta secreta  para bajar

a un  túnel. Ambos bajaron veinte y cinco metros. Era  un túnel que tenía  aire

acondicionado,   bastante luz,  sus paredes estaban decoradas con ladrillos

muy   elegantes.     Hasta   daba   gusto   caminar   por   ahí,   de   México   hacia   

Los Estados Unidos. Dulce iba feliz, el mozo no tanto, porque extrañaba su vida

alegre en Guadalajara. Cuando llegaron al final del túnel, estaba   abierta la

puerta del otro extremo, donde un gringo les dijo en perfecto español.

—–     Mientras   ayudas     a   tu   hermana   a   subir   las   escaleras,     pasame   las

maletas.

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