Así pasaron seis meses, los cuales le sirvieron a Cristian para conocer la
ciudad de Tijuana, desde colonias pobres ubicadas en los cerros como La
Pancho Villa, hasta las colonias ricas ubicadas en las Playas de Tijuana. Las
calles Tamaulipas y Coahuila, siempre repletas de negocios y de gringos, de
prostitución y de drogadicción; al caminar por esas calles veía inmigrantes
de varios países, principalmente de Centro y Sur América cuyo sueño era
pasar al otro lado y hacer realidad el “sueño americano”, además de gringos
tanto de la armada, el ejército y ciudadanos, que venían a comportarse en
forma degenerada, a drogarse y a abusar de los mexicanos, así como de los
ilegales, que trabajaban en los negocios de esas calles.
Unos días antes de partir hacia el país del norte, el doncel estaba
semidormido, cuando escucho una algarabía fuera de lo común. Esa gritería
inusual provocó que se levantara y fuera directamente a la ventana. Eran las
tres de la mañana, el clima estaba templado, ni frío ni caliente. No había
nubes, se podía ver las estrellas del cielo, además le permitió ver con
claridad lo que estaba aconteciendo al otro lado de la alambrada, esto es, en
territorio gringo.
Una carretera separaba la casa de su prima Rosa con la alambrada
fronteriza, podía ver claramente al otro lado (unos cien metros de distancia
desde la ventana a la alambrada). Esa noche vio varios encapuchados con
sotanas blancas y banderas que tenían las letras KKK, inmediatamente supo
que era el Ku Kux Klan. Vio cómo se escondieron con el fin de que no los
vieran los braceros que se iban a brincar. Llegaron cincuenta
espaliersmojadas con su pollero quienes se dispusieron a brincar la
alambrada.
Cuando estaban del otro lado, salieron los del KKK de sus
escondites, empezaron a cazarlos como viles animales. No había
ninguna patrulla de inmigración, no estaban pasando los helicópteros,
ningún agente de inmigración, solo los del KKK y los ilegales.
El mancebo vio como atraparon a diez, los pusieron en cruces de madera
para quemarlos, antes los mataron a cuchilladas. El olor fétido de los
cadáveres quemados, olor de muerte, llegaba hasta su ventana. También
observó que otros diez volvieron a brincar la cerca pero ahora de Estados
Unidos hacia México. Pensaron que estando en tierra mexicana el KKK no
entraría y los dejaría en paz. Los encapuchados no respetaron frontera
alguna, procedieron también a brincar la alambrada hacia el territorio
mexicano para seguir cazándolos, aún fuera de todo contexto legal
internacional. ¡Qué gran violación de los derechos humanos de esta pobre
gente y de la soberanía mexicana!
Uno de los desafortunados inmigrantes corrió hacia la casa de su prima
Rosa, llegando hasta abajo de la ventana donde estaba Cristian viendo. Le
dieron alcance cuatro encapuchados del KKK, lo atraparon, sin miramiento
alguno le encajaron cuchillos en el vientre para matarlo. Usaron
Armas blancas para no usar sus fusiles AR-15, así, no despertarían a la gente
del vecindario y alertarlos de su funesta presencia en tierra mexicana. Uno del
KKK volteó hacia la ventana, vio al joven. En perfecto español, ¿Qué ves? Y
luego en forma imperativa le gritó, ¡vete a dormir mexicano estúpido!
Una vez que se cercioraron que estaba muerto el ilegal que habían atrapado,
dejando tirado el cadáver ahí, procedieron a buscar otro, de los diez que se
regresaron a México, al no encontrar a ninguno se dirigieron a la alambrada
fronteriza, la brincaron y se reunieron con su grupo del KKK. Eran cien los
del Ku Kux Klan. Tenían armas de todo tipo: granadas, rifles, fusiles,
cuchillos, gasolina para quemarlos y varias cruces de madera, no podían faltar.
Al siguiente día en el desayuno.
— ¿Prima, escuchaste el alboroto de anoche?
—– Ya estamos acostumbrados, los agentes migratorios se
desaparecen, para darle oportunidad al KKK de actuar. Según me han
comentado, todo está arreglado entre ellos. Dicen que entre los del KKK hay
políticos muy importantes de los Estados Unidos, fanáticos racistas y su
diversión es cazar inmigrantes y matarlos, como lo viste ayer.
—- La Procuraduría General de la República (PGR) tiene su oficina a una
cuadra, ¿no hace nada para evitarlo, prima?
—-Los del KKK han matado gente en las puertas de la Procuraduría y ellos
como si no pasara nada. Dicen las malas lenguas que también están de
acuerdo con los del KKK, dejando así que sacien sus instintos racistas y asesinos. Ni
el gobierno gringo ni el mexicano se meten, dan amplia libertad al KKK para
que hagan dos veces al año sus ceremonias racistas, es lo que le
da existencia a ese grupo supremacista de la raza blanca. Tal vez sí hay gente
poderosa en esa organización.
El pubescente no daba crédito a lo que había visto, si alguien le hubiera
platicado, hubiera pensado que eran mentiras, en su joven mente no cabía
la posibilidad de tanta maldad y racismo. Sí, había leído sobre el KKK pero
nunca pensó verlo en persona, matando en este caso a inmigrantes, cuyo
pecado era querer ir en busca del “Sueño americano”.
Cuatro días después, su prima les dijo que había llegado la fecha
De pasarlos al país del norte.
—– !Mañana van a pasar¡. No podrán cargar casi nada, lo básico nada más.
En estas maletas (les dio una maleta roja a cada uno), metan sus cosas, son
maletas especiales que los identificarán con los agentes de inmigración,
agentes comprados por mi jefe Salvatore Lucania. Los agentes, al ver las
maletas sabrán que ustedes tienen paso libre, no les dirán nada, que están
trabajando para la familia de Salvatore, también conocida como la
Cosa Nostra.
Ese día de Marzo del año mil novecientos setenta y ocho, a las nueve de la
mañana, su prima los llevó hasta las playas de Tijuana. Entraron a una casa
muy elegante, los recibió una gringa obesa entrada en edad. Habló con ellos
en español mocho. Fue muy amable, les ofreció café, pan y un desayuno
muy rico. Al terminar de desayunar les ofreció una pastilla a cada uno para
calmar los nervios. Se la tomaron porque su prima Rosa les dijo que no
había problema. Se la tomaron principalmente por la confianza con la prima
Rosa, más que con la gringa que apenas habían acabado de conocer.
La gringa recibió una llamada telefónica y al colgar le dijo a Rosa.
— Ya viene el carro de sitio a recogerlos, es necesario que crucen el túnel,
¿les distes instrucciones sobre lo que tienen que hacer?
—– Sí, tienen todas las instrucciones. Van bien desayunados, les diste las
pastillas para los nervios, creo que todo está bien (le contestó Rosa a la
Gringa Terry).
— Ok, procedamos. Dijo en voz alta la Gringa Terry.
Ambas, llevaron a los jóvenes a un cuarto. Terry recorrió una
Lujosa alfombra persa, abajo de la alfombra había una puerta secreta para bajar
a un túnel. Ambos bajaron veinte y cinco metros. Era un túnel que tenía aire
acondicionado, bastante luz, sus paredes estaban decoradas con ladrillos
muy elegantes. Hasta daba gusto caminar por ahí, de México hacia
Los Estados Unidos. Dulce iba feliz, el mozo no tanto, porque extrañaba su vida
alegre en Guadalajara. Cuando llegaron al final del túnel, estaba abierta la
puerta del otro extremo, donde un gringo les dijo en perfecto español.
—– Mientras ayudas a tu hermana a subir las escaleras, pasame las
maletas.
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