El presidente Kast también celebra el gran Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y Protestantes de Chile

Msc. Mariana Alvarado Fariño
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“Un hombre que oye la verdad de Dios y la recibe en su corazón ya no es esclavo del hombre ni de sus circunstancias“. Con esta cita histórica del pionero protestante Juan Canut de Bon, el presidente de Chile, José Antonio Kast, encabezó la ceremonia oficial en conmemoración del Día Nacional de las Iglesias Evangélicas y Protestantes en el Palacio de La Moneda.

La actividad reunió a autoridades de Gobierno, parlamentarios y representantes de distintas confesiones religiosas para rendir tributo al aporte histórico y social de la fe evangélica en la sociedad chilena.​Durante su alocución, el mandatario destacó el papel determinante del mundo evangélico en los sectores más vulnerables de la nación, subrayando su presencia en comedores comunitarios, recintos penitenciarios y programas de acogida familiar. “Ustedes ponen a la persona en el centro y siempre abren las puertas para las personas más vulnerables, para las personas más afectadas, para las personas más dolidas. Nunca he visto a alguien de la iglesia evangélica que le haya cerrado la puerta o negado el tiempo a alguien que le necesite”, manifestó el jefe de Estado ante los asistentes.

​En el plano de los anuncios y la gestión pública, el presidente Kast enfatizó avances concretos en materia de libertad religiosa e infraestructura comunitaria. Entre ellos, resaltó la apertura de un espacio de culto evangélico en la sede de Gobierno y el programa del Ministerio de Vivienda que destinará cerca de 6.000 millones de pesos para financiar la construcción de centros comunitarios y de culto religioso a lo largo del país. Sobre esto punto, el gobernante recalcó que “la libertad religiosa va más allá del derecho a practicar privadamente nuestras creencias; es la libertad de vivir conforme a nuestra propia conciencia, de transmitir las convicciones a nuestros hijos, de formar comunidades y de participar en la vida de la Nación sin tener que renunciar a su propia fe“.

​El discurso también abordó los grandes retos del país en áreas como la educación, la superación de la delincuencia y el fortalecimiento de la sociedad a través del optimismo. “Un hijo de Dios no es pesimista. Dios es esperanza. Con pesimismo no ayudamos a nadie; cuando hay una dificultad, hay una oportunidad”, afirmó. Al finalizar su intervención, Kast renovó el compromiso del Estado chileno con el respeto a la diversidad de credos y la unidad nacional, agradeciendo a las comunidades evangélicas y protestantes por su continua labor social y sus oraciones por las instituciones de la República.

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