Por segundo año consecutivo, el desfile cívico de Otavalo se realizará sin la participación de militares ni policías, una decisión que vuelve a poner sobre la mesa las heridas que dejaron las jornadas de protesta y los enfrentamientos vividos en la zona. Más allá del acto cívico, la ausencia de ambas instituciones refleja que la relación con una parte de la población sigue marcada por la desconfianza. El tiempo ha pasado, pero para muchos habitantes lo ocurrido todavía pesa en la memoria colectiva.
La pregunta es inevitable: ¿mantenerlos fuera del desfile ayuda a sanar esas heridas o termina profundizando aún más la división?
La gente de Otavalo no quiere verlos en el desfile a la policía y militares porque los consideran asesino de su pueblo y culpable de los hechos sangrientos que se suscitaron en este lugar.
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