
Por: Roberto Godínez Soto
¿Acaso por el solo hecho de ser
Liberales, nos convertimos en
Hermanos con el suficiente cariño
fraternal correspondiente?
La concepción de hermano, no es de la hermandad en el sentido fraterno-familiar. Es una idea “sui generis” que intuye en sí la concepción ideológica de una unión fraternal propiamente, no automática, sino, como meta. A ella debemos fijar el objetivo y, mientras tanto, nos dirigimos el uno hacia el otro con ese título, Hermano, diciéndole y le decimos tácitamente en esa palabra: Me gustaría que las relaciones entre nosotros lleguen a ser fraternales, quisiera que así fuera y que tanto tú como yo hagamos lo posible porque así sea.
Pero, la Institución no es tan ingenua e ilógica que pretenda que este asunto sea de resolución automática. Es mucho el Pulimento de la Piedra Bruta que será requerido por cada uno de nosotros para que el concepto de Fraternidad sea una realidad, mientras, podemos seguir funcionando como seres normales.
“Hay que entender que la Institución participa en el crecimiento individual de cada liberal que así lo quiera. Debemos pensar que ha subsistido a través de infinidad de sucesos y movimientos sociales o políticos en lo cual únicamente ha intervenido para guiar el progreso humano. Si acaso algo espectacular llega a lograr un liberal, únicamente habrá sido trabajo de él, porque el motivo de una Logia es simplemente transmitir conocimientos y fraternidad”[1]
Nos llamamos Hermanos y, finalmente, con esfuerzo de cada uno de nosotros, los lazos fraternales serán fuertes.
El problema de la lealtad hacia el Hermano es muy interesante. ¿Debe un Hermano, en la vida cotidiana preferir a un hermano en vez de a un profano? ¿Debe el Hermano ayudar a su Hermano en el comercio, en la industria, en la administración pública, en la profesión? Claro que sí. Siempre y cuando actué bajo ciertas normas de conducta y de buena fe, sin cometer ilegalidades.
Si necesito comprar algo debo darle la prioridad a mi Hermano. Si soy funcionario público y puedo ayudar a mi Hermano debo hacerlo. No debo permitir ni colaborar con mi Hermano a que evada la Ley, y si la elude, probablemente por ética no debo intervenir y seguramente denunciar, si hay algo que pueda ayudar, debo hacerlo.
No hay duda que aquel a quien el Hermano recurre, también tiene la obligación de entregarle sus servicios o productos mejor y más baratos.
Nuestro comportamiento fuera del Templo debe ser acorde a la moralidad. Debemos manifestar el Amor a la Patria, ser un hombre integrado en la sociedad que pertenecemos, autosuficiente en lograr nuestro sustento y el de nuestra familia, respetar y cuidar de nuestra vida familiar y convivir, también fuera del Templo, con nuestros Hermanos y familias.
Debemos defender, difundir y actuar en cada una de nuestras actividades profanas de acuerdo a nuestros Principios, comprender que no solamente nosotros somos entes que actuamos o pretendemos actuar con moralidad. No pretende ser la Institución Moral por excelencia. Solo pretendemos que con nuestro sistema lograremos, poco a poco, con la capacidad individual de cada uno de nosotros, Pulir nuestra propia Piedra Bruta, perfeccionarnos, influir en la sociedad para lograr un mundo mejor, más tolerante, más armónico, más feliz.
Es Cuanto.
[1] Cano, Pablo. Editorial del valle de México. Pág. 5
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