‘La Pinta, La Niña y Santa María’ en disputa por controversial autoría / Gustavo Pacheco vs Luis Padilla

Lic. Carlos García Neira
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CARLOS GARCÍA NEIRA.

El músico y arreglista Gustavo Pacheco Cucalón diálogo con Prensamérica Internacional© referente al tema La Pinta, La Niña y la Santa María, interpretado por Jesús Fichamba en el Festival OTI Sevilla 1985.

Cuarenta años después de aquella noche en Sevilla en la que Jesús Fichamba llevó a Ecuador al segundo lugar del Festival OTI con La Pinta, la Niña y la Santa María, la canción continúa envuelta en una disputa por su autoría. Luis Padilla Guevara sostiene que es el autor de la letra y la música. Gustavo Pacheco defiende una participación que, según su versión y los documentos que invoca, va más allá de los arreglos musicales. Entre ambos hay contratos, registros, resoluciones administrativas, fallos judiciales y una historia que comenzó mucho antes de que el conflicto llegara a los tribunales.

Hay canciones que terminan cuando se apagan los aplausos. Otras comienzan justamente allí. La noche del 21 de septiembre de 1985, en Sevilla, España, Jesús Fichamba apareció sobre el escenario del Festival OTI para interpretar una canción que hablaba de tres embarcaciones que ya pertenecían a la memoria universal: La Pinta, la Niña y la Santa María. Ecuador esperaba su turno y Fichamba llevaba sobre los hombros una responsabilidad que trascendía la competencia musical. Era la voz de un país ante un auditorio internacional. Su interpretación terminó entre aplausos y Ecuador consiguió el segundo lugar del certamen, en una actuación que convertiría aquella canción en uno de los episodios más recordados de la música ecuatoriana de los años ochenta.

En los registros y documentos de aquella época, la obra aparecía vinculada a Luis Padilla Guevara, mientras Gustavo Pacheco participaba en la elaboración de los arreglos y en la dirección musical. La canción, sin embargo, no quedó congelada en aquella noche de 1985. Continuó circulando, fue incorporada al repertorio de Fichamba y terminó convirtiéndose en una pieza reconocible de la música ecuatoriana. Con el paso de los años, la discusión sobre quién había creado exactamente la obra comenzó a cobrar fuerza hasta transformarse en una disputa de propiedad intelectual que llevaría a sus protagonistas a recorrer las instancias administrativas y judiciales del país.

Jesús Fichamba ocupaba entonces el centro de la escena, pero detrás de aquella interpretación había dos nombres que con el tiempo quedarían enfrentados por la historia de la composición. Luis Padilla Guevara ha mantenido durante décadas que él escribió la letra y compuso la música. Gustavo Pacheco, por su parte, ha sostenido que su intervención en la creación de la obra fue de una naturaleza distinta a la que posteriormente se le reconoció y que existen documentos que respaldan su posición. La diferencia no es solamente una cuestión de créditos en una carátula: determinar quién es autor, compositor, arreglista o titular de derechos tiene consecuencias jurídicas y económicas dentro de la legislación de propiedad intelectual.

La voz de Fichamba

Jesús Fichamba se convirtió en el rostro y la voz inseparable de la canción. Su interpretación en Sevilla marcó uno de los momentos más importantes de su carrera y también uno de los episodios más recordados de la participación ecuatoriana en el Festival OTI. El cantante, de origen indígena, había construido una trayectoria artística que lo llevó desde los escenarios nacionales hasta presentaciones internacionales. Aquella noche española, vestido con elementos que evocaban su identidad ecuatoriana, enfrentó a intérpretes de distintos países y consiguió que una canción sobre las tres carabelas quedara asociada para siempre a su voz.

Fichamba recordaría posteriormente aquella experiencia con orgullo. Para él, La Pinta, la Niña y la Santa María formaba parte de la historia de su carrera y de una época en la que la música ecuatoriana buscaba abrirse espacio en escenarios internacionales. En entrevistas posteriores recordó que la canción estaba relacionada con la conmemoración de los 500 años de la llegada de Colón a América y que la obra había sido seleccionada para representar al Ecuador en el OTI. También sostuvo públicamente que había conocido la canción como una composición de Luis Padilla.

“La Pinta, la Niña y la Santa María, de Luis Padilla”, recordó Fichamba al referirse a la presentación de la obra y a la manera en que había sido identificada en aquella época.

El cantante murió en Guayaquil el 26 de abril de 2021, a los 74 años, víctima de la COVID-19. Su muerte cerró la posibilidad de que pudiera intervenir personalmente en las nuevas etapas de una controversia que, para entonces, llevaba muchos años desarrollándose. Su voz, sin embargo, permaneció vinculada a la canción y a la historia de aquella noche en Sevilla.

El reclamo de Gustavo Pacheco

Con el paso del tiempo, Gustavo Pacheco comenzó a cuestionar la manera en que se había establecido la autoría de la obra. El músico ha sostenido que su participación no puede reducirse exclusivamente a la condición de arreglista y ha señalado documentos y contratos que, según su interpretación, respaldan una participación autoral en la composición.

La controversia llegó a las autoridades de propiedad intelectual y posteriormente a los tribunales. En el expediente aparecen documentos de distintas épocas, entre ellos registros, contratos, resoluciones administrativas y actuaciones judiciales. Uno de los elementos discutidos fue un contrato de edición relacionado con Hispavox, suscrito después de la participación ecuatoriana en el OTI. Pacheco ha sostenido que ese documento constituye una pieza importante para respaldar su versión, mientras que Padilla ha cuestionado la interpretación y validez que se pretende darle.

La discusión fue adquiriendo una dimensión cada vez mayor. Lo que comenzó como una diferencia entre músicos terminó convirtiéndose en un expediente en el que se discutieron conceptos fundamentales de la propiedad intelectual: quién creó la obra original, qué diferencia existe entre una composición y un arreglo, cuáles son los derechos que corresponden al autor de una obra preexistente y cuáles pertenecen a quien realiza una transformación o adaptación musical.

En ese contexto, Pacheco decidió llevar la discusión nuevamente al terreno público y lanzó una propuesta que busca poner frente a frente a quienes han sostenido posiciones diferentes sobre la canción.

“Quiero un debate de documentos, hechos y argumentos”

Pacheco plantea que, por respeto a la prensa, al público ecuatoriano, a su honor, a sus hijos y a su Patria, Luis Padilla, Nicolás Estrada, Juan Fernando Velasco y un representante oficial de SAYCE participen junto con él en un debate público, abierto y documentado sobre todo lo ocurrido alrededor de La Pinta, la Niña y la Santa María.

La propuesta es realizar el encuentro en el auditorio de la Universidad Católica y solicitar al rector de esa institución que acepte actuar como moderador o que designe a una persona independiente. Pacheco plantea además la creación de un Consejo de Honor independiente, para cuya integración propone solicitar la participación o designación de representantes de instituciones como la Corte Nacional de Justicia, la Corte Provincial de Justicia, el Consejo de la Judicatura y SENADI, además de representantes del ámbito musical y sinfónico nacional y provincial, SAYCE, el Ministerio de Cultura y otras instituciones académicas o culturales que las partes consideren convenientes.

La idea central de Pacheco es que la discusión se produzca frente a los documentos y no solamente a través de declaraciones públicas. Cada participante, según su propuesta, tendría exactamente el mismo tiempo para exponer sus argumentos, responder a los demás y realizar una contrarréplica. Cada uno podría llevar contratos, resoluciones, registros, licencias, comunicaciones y cualquier otro documento que considere necesario para sustentar públicamente sus afirmaciones.

“Quiero un debate de documentos, hechos y argumentos”, plantea Pacheco.

Su propuesta incluye además un espacio para preguntas de la prensa y del público, siempre bajo condiciones de igualdad para todos los participantes. El músico sostiene que, si los convocados aceptan, las reglas, la fecha y la hora podrían establecerse públicamente de común acuerdo.

Y cierra su invitación con una pregunta dirigida directamente a quienes menciona:

“Luis Padilla, Nicolás Estrada, Juan Fernando Velasco y SAYCE: aquí está mi invitación. ¿Aceptan el debate público?”.

Pacheco afirma que está dispuesto a presentarse y llevar consigo los documentos que, según su versión, respaldan su posición.

“Ahí se encontrarán: frente a los documentos, frente a la prensa y frente al Ecuador”, sostiene.

La respuesta de Luis Padilla

La respuesta de Luis Padilla Guevara fue inmediata y no dejó demasiado espacio para una negociación. Para el compositor, la discusión no debe regresar a un debate público porque, desde su perspectiva, ya fue examinada por las autoridades competentes.

“No tengo nada que debatir con Pacheco, mi querido amigo. Consulta al SENADI quién es el autor de la letra y la música de ‘La Pinta, la Niña y la Santa María’ y obtendrás la respuesta definitiva”, respondió Padilla.

El compositor sostiene que desde 2005, cuando Pacheco comenzó a cuestionar la autoría de la música, este presentó sus argumentos ante las autoridades de propiedad intelectual sin conseguir, según Padilla, una resolución que lo reconociera como autor de la composición.

“Ya todos sus argumentos los presentó en el IEPI, luego SENADI y jamás obtuvo ninguna resolución a su favor”, afirmó.

Padilla sostiene que el proceso llegó hasta la última instancia judicial y que las resoluciones que favorecieron su posición establecieron una diferencia entre la autoría de la obra y los arreglos musicales. Según su interpretación, él es el autor de la letra y la música, mientras que Pacheco tiene derechos sobre los arreglos.

“Los derechos de autor de la letra y la música de ‘La Pinta, la Niña y la Santa María’ son de Luis Padilla Guevara, y los derechos de autor de los arreglos musicales son de Gustavo Pacheco Cucalón”, sostiene el compositor.

Por esa razón, Padilla rechaza la idea de acudir a la Universidad Católica para volver a discutir el asunto.

“¿A qué voy a ir a la Universidad Católica si todo ya se decidió en los Tribunales de Justicia? Yo no voy a perder el tiempo con un tipo que ni siquiera acata los dictámenes de la ley”, afirmó.

Una diferencia que llegó a los tribunales

La posición de Padilla se apoya en una serie de resoluciones administrativas y judiciales que forman parte de un expediente iniciado hace años. En distintas etapas, las autoridades analizaron documentos relacionados con la inscripción de la obra, los derechos de autor y la participación de Pacheco en los arreglos musicales.

Una de las resoluciones del entonces Instituto Ecuatoriano de la Propiedad Intelectual estableció una distinción entre la obra musical original y los arreglos realizados posteriormente. Esa diferencia se convirtió en uno de los principales argumentos de Padilla: para él, una persona puede realizar un arreglo musical sobre una obra existente y tener derechos sobre ese arreglo sin convertirse por ello en el autor de la composición original.

La discusión llegó posteriormente a la justicia contencioso-administrativa. En 2021, un tribunal emitió una sentencia que respaldó la posición de Padilla y rechazó la demanda presentada por Pacheco. Aquella decisión fue interpretada públicamente como una confirmación de la autoría de Padilla sobre la letra y la música y de la condición de Pacheco como responsable de los arreglos.

Pero el expediente no terminó allí.

En 2023, la Corte Nacional de Justicia declaró la nulidad de aquella sentencia de 2021. El fallo introdujo un nuevo capítulo en una controversia que ya llevaba más de una década y obligó a mirar nuevamente el contenido y el procedimiento de las decisiones anteriores. La resolución tampoco puede interpretarse simplemente como una declaración de que Pacheco pasó a ser reconocido como autor de la canción. El conflicto jurídico es más complejo: una cosa es cuestionar la validez de una sentencia y otra muy distinta declarar que una de las partes se convierte automáticamente en autora de la obra.

Ese matiz resulta fundamental para contar la historia con precisión.

Por eso, la disputa no puede resumirse simplemente diciendo que “los tribunales determinaron definitivamente quién escribió la canción”. El expediente contiene decisiones diferentes y sucesivas, y las partes interpretan sus alcances de manera distinta.

El arreglo, la composición y una palabra que cambió la historia

En el centro de la controversia hay una palabra que parece sencilla, pero que en materia de propiedad intelectual tiene una importancia enorme: autor.

No es lo mismo escribir una letra que modificarla. No es lo mismo crear una melodía que realizar sobre ella una instrumentación. No es lo mismo componer una canción que construir un arreglo para una orquesta.

Pacheco sostiene que su intervención en La Pinta, la Niña y la Santa María debe analizarse a partir de los documentos que, según él, demuestran una participación más profunda. Padilla sostiene que esos argumentos ya fueron examinados y que ninguna resolución lo desplazó como autor de la obra original.

La diferencia entre ambas posiciones explica por qué la discusión ha sobrevivido durante tantos años.

También explica por qué una canción que en 1985 duraba apenas unos minutos terminó convirtiéndose en un expediente de cientos de páginas.

Una canción que quedó en la memoria

Mientras los abogados discutían contratos y resoluciones, la canción continuó perteneciendo a la memoria del público.

Para una generación de ecuatorianos, La Pinta, la Niña y la Santa María es, ante todo, la canción con la que Jesús Fichamba llegó al escenario internacional y consiguió el segundo lugar del Festival OTI. Es la imagen del cantante ecuatoriano frente a una orquesta, bajo las luces de Sevilla, interpretando una canción inspirada en las tres embarcaciones que cruzaron el Atlántico cinco siglos antes.

Fichamba no participaría de las últimas etapas de la disputa. Su muerte dejó a Padilla y Pacheco como los principales protagonistas de una controversia que continúa alrededor de la obra.

El tiempo, sin embargo, ha agregado otro elemento a la historia. En 2025, la Asamblea Nacional del Ecuador reconoció de manera póstuma a Jesús Fichamba con la condecoración al mérito cultural y también distinguió a Luis Padilla Guevara y Gustavo Pacheco Cucalón. El reconocimiento institucional puso nuevamente a los tres nombres juntos, aunque la disputa sobre la canción continúe.

Hay, así, dos historias que avanzan en paralelo.

Una es la historia artística: la de Jesús Fichamba, la canción, Sevilla, el OTI y aquel segundo lugar que convirtió la obra en un símbolo de la música ecuatoriana de una época.

La otra es la historia jurídica: la de los registros, los contratos, las reclamaciones, las resoluciones administrativas, las sentencias y las posiciones enfrentadas de Padilla y Pacheco.

Y ambas historias llevan el mismo título.

La Pinta, la Niña y la Santa María.

El debate que queda pendiente

Gustavo Pacheco quiere llevar la discusión nuevamente a una mesa pública. No propone solamente hablar: quiere que cada parte lleve los documentos que considere fundamentales y que estos sean expuestos frente a periodistas y público.

Luis Padilla, en cambio, considera que no existe razón para hacerlo. Para él, la cuestión ya pasó por las instituciones correspondientes y volver a debatirla públicamente sería regresar a una discusión que, desde su perspectiva, ya fue resuelta.

Entre ambas posiciones permanece una pregunta que ha acompañado a la canción durante décadas: ¿quién creó realmente la obra que Jesús Fichamba llevó a Sevilla en 1985?

La respuesta no depende de quién tenga la voz más fuerte en un debate. Depende de lo que digan los documentos, de cómo fueron valorados por las autoridades y del alcance jurídico de las decisiones adoptadas a lo largo del proceso.

En 1985, Fichamba cantó.

El público aplaudió.

Ecuador celebró el segundo lugar.

Cuarenta años después, los aplausos quedaron atrás, pero la canción sigue sonando. Solo que ahora lo hace entre expedientes, documentos y dos versiones que todavía no consiguen encontrarse.

Y mientras Pacheco pregunta públicamente: “¿Aceptan el debate?”, Padilla responde que no hay debate pendiente.

La canción, entretanto, continúa siendo de todos los que la recuerdan.

Y la disputa por quién puede decir legítimamente que la creó sigue escribiendo, muchos años después, un capítulo que todavía no termina.

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