Réquiem por el papel: La agonía de nuestra prensa impresa en Ecuador

Lic. Carlos García Neira
3 minutos de lectura
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Por: Lcdo. Hernán Muñoz.

No es sólo una muerte tecnológica. Es un suicidio empresarial, una rendición editorial y, sobre todo, una traición al oficio. Los medios impresos atraviesan una decadencia global sin precedentes, y Ecuador no es la excepción: es, quizás, uno de sus casos más dramáticos. El hábito de comprar periódicos se ha desplomado más del 80%, mientras los jóvenes no leen impresos ni compran diarios. La pandemia de COVID-19 agravó la caída, pero los años la acentuaron con una crueldad silenciosa. Lo digital predomina; los medios digitales y las redes sociales están en apogeo. Gritan lo que los medios tradicionales callan, sin embargo ese grito casi siempre no es información, sino chisme, espectáculo y viralidad. Además, la publicidad impresa es costosa; la digital, barata.

El papel, sencillamente, dejó de ser negocio. Pero reducirlo todo a una cuestión de costos sería una cobardía analítica: la prensa impresa no murió solo por el avance tecnológico, sino por la indiferencia de sus dueños, la precarización del oficio y la falta de lectores dispuestos a pagar.

Los buenos periodistas están en retirada y existe un vacío profesional en los medios de comunicación. Algunos dueños contratan aprendices por salarios bajos, sin rigor ni tiempo para investigar y contrastar. Y eso le quita el respeto al periodismo. La actual juventud cree más en un influencer que en un profesional de la comunicación. Muchos propietarios imponían temas que al lector no le interesaban, confundiendo sus intereses personales con el interés público.

Es un cúmulo de decisiones y omisiones que condujo a la casi extinción de los periódicos, ahora obligados a adaptarse a la era digital. Eso ha pasado en todo el mundo. Pero en Ecuador hay un agravante: pocos leen y pocos pagan por leer en digital. La cultura del consumo gratuito, combinada con una oferta digital que a menudo replica los vicios del papel —sensacionalismo, dependencia de la pauta oficial, ausencia de investigación—, ha creado un ecosistema donde el periodismo de calidad no encuentra sostenibilidad.

No sólo ha dejado de imprimirse Expreso. También lo hicieron La Hora, Hoy, El Comercio entre otros: monstruos del periodismo nacional escrito que vendían cientos de miles de ejemplares diarios y que, al final de sus días, no alcanzaban los cinco mil. Diario Extra y El Universo aún sobreviven, pero tienen respiración artificial. Eso lo sostenían los propios canillitas que debieron migrar a otros oficios. Eso no sostiene una plantilla, mucho menos una vocación.

Réquiem por los medios impresos. Pero que este réquiem no sea solo un lamento: sea una advertencia. Sin periodismo riguroso, sin lectores críticos y sin empresas que apuesten por la verdad por encima de la conveniencia, la democracia misma quedará huérfana de memoria y de fiscalización.

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