Guayaquil necesita un Alcalde que la rescate del letargo donde se encuentra

Lic. Carlos García Neira
5 minutos de lectura

Cuando escudriñamos la historia de una manera objetiva e imparcial podemos comprender y entender que a Guayaquil siempre se la dejo sola en la época colonial y Republicana. Guayaquil nació en el cerro Santa Ana capitaneada en sus inicios por el tuerto Orellana, gran personaje bravío y resuelto como eran los conquistadores españoles de esa epoca, como nos cuenta la historia Orellana perdió un ojo luchando en Portoviejo con los bravos originarios de aquel lugar.

Los primeros habitantes de Guayaquil tuvieron que luchar contra los mosquitos y plagas, los abundantes esteros que existían en Guayaquil teniendo como frontera natural la ría Guayas, quien le servía como enlace con otros asentamientos y se conectaban fluvialmente con el Virreynato del Perú (Lima) Cuando se creó la Audiencia de Quito, el contacto con Guayaquil era casi nulo, varios meses del año se podía transitar por los caminos coloniales desde Quito a Guayaquil, el invierno por aquellas épocas era implacable, es por aquello, que Guayaquil tuvo que sobrevivir sola, sin ayuda de nadie, Quito solo exigía la recaudación de impuestos y tributos para el Rey de España, pero nada de obras pública para esta región, así pudo sola Guayaquil crear su propio hospital para atender las dolencias de su gente, cubrir de piedra el cerro y parte del Malecón para defenderse de Piratas, Bucaneros y Corsarios. Llegó la época Republicana y si no fuera por sus hijos predilectos como Rocafuerte, Olmedo entre otros, su existencia habría desaparecido.

Llegamos al siglo XX con un extraordinario alcalde como fue Don Assad Bucaram Elmhalin quién con su ingenio y determinación puso su impronta para transformar Guayaquil, y como se esforzó para rellenar con cascajo y cemento la periferia de la ciudad y sea parte de ese gran Guayaquil. Así mismo, llego a sentarse en el sillón de Olmedo el felino León Febres Cordero quién con determinación y mano dura muchas veces con exageraciones logro transformar la letrina que se había convertido el Malecón Simón Bolívar, que a vista y paciencia de los transeúntes observaban los desafueros en que se había convertido dicho sitio. Realizó una magna obra pública y regeneró muchos sitios que ahora están destruidos y en el abandono total.

En que momento la Perla del Pacífico caño en el letargo y retroceso, eso es para otro comentario, pero creo que Guayaquil está hundida en la desazón y el abandono hasta de sus propios hijos, no nos preocupamos que hacen con los fondos públicos sus alcaldes y concejales, no fiscalizamos sus obras y las ordenanzas que perjudica a la ciudad, y nos enseñamos a dejar que esos funcionarios hagan lo que crean conveniente sin ser auditados, solo hacemos crítica y hasta allí llegamos, por lo que, invito a que en las próximas elecciones seccionales nos unamos para elegir aún buen Alcalde/sa, que ame a esta ciudad, que se comprometa a dialogar con sus habitantes, que como buen huancavilca pelee los fondos que le corresponde a Guayaquil, que conozca la cosa pública para no dejarse engañar por los consabidos asesores. Y sobre todo que sea honesto y celoso con los dineros que por ley le corresponden a Guayaquil. Además, que tenga una conexion con el ciudadano de a pie que sabe cual es la verdadera necesidad del guayaquileño, es difícil encontrar una aguja en el pajar, pero si se puede, es solo de aplicar sentido común y no dejarse llevar por el sentimentalismo y la victimización. Por Dios Guayaquil se merece un nuevo porvenir y depende de sus hijos, es decir, de todos nosotros.

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