Hay espectáculos que comienzan cuando se apagan las luces. La Cúpula, el nuevo proyecto de Flavio Mendoza, empieza bastante antes.
En Puerto Madero, junto al Casino Buenos Aires, una enorme estructura blanca llama la atención desde varias cuadras. A simple vista puede parecer una carpa de circo. Pero al atravesar sus puertas, la propuesta revela otra dimensión: un espacio concebido para combinar teatro, circo, danza, música, acrobacia, artes aéreas y tecnología en una experiencia inmersiva de 360 grados.
Es allí donde Mendoza presenta “El Príncipe Feliz, Corazón Dorado”, el espectáculo que inaugura este nuevo universo escénico y que toma como inspiración el célebre cuento de Oscar Wilde. Para el público internacional que todavía no conoce su trayectoria, Flavio Mendoza es uno de los principales creadores y productores del espectáculo argentino. Bailarín, coreógrafo y director, construyó una carrera marcada por grandes producciones y por la combinación de diferentes disciplinas escénicas.
Con La Cúpula vuelve a apostar por esa mezcla, pero esta vez con una diferencia fundamental: el espacio fue creado especialmente para el espectáculo.
La función comienza antes de entrar
Una de las particularidades de La Cúpula es que el público no pasa directamente de la calle a una butaca. La experiencia comienza desde el ingreso al predio. El proyecto incorpora un hall interactivo con juegos, instalaciones tecnológicas e intervenciones artísticas que funcionan como una antesala del espectáculo. La intención es que el visitante comience a entrar en el universo de La Cúpula antes de atravesar las puertas del domo. Después llega el momento de ingresar al espacio principal.
Y allí cambia completamente la percepción. No existe un escenario tradicional, frontal, separado del público por una distancia determinada. La estructura fue diseñada para funcionar en 360 grados, sin columnas ni obstáculos visuales que interrumpan la mirada. El escenario se encuentra en el centro y la acción puede desarrollarse en diferentes direcciones. Arriba, abajo, adelante y detrás. El espectador tiene que estar atento porque la escena puede cambiar en cualquier momento.
Un escenario que también se transforma
El centro de La Cúpula está formado por plataformas con movimiento dinámico. Son doce estructuras que permiten modificar el espacio durante la función y acompañar el desplazamiento de los artistas. La consecuencia es que el escenario deja de ser un lugar estático. Sube, baja y cambia de configuración. Sobre la estructura superior se despliega además un sistema de proyección mapping que permite convertir la cúpula en una gigantesca superficie visual. Las imágenes rodean al espectador y acompañan los cambios narrativos.
Una escena puede comenzar en un ambiente y, apenas unos segundos después, adquirir otra dimensión mediante las proyecciones, la iluminación y el movimiento de las plataformas. La tecnología no aparece simplemente como un complemento decorativo. Forma parte de la puesta.
El Príncipe Feliz, la historia que eligió Mendoza
En el centro de todo está una historia conocida por generaciones: “El Príncipe Feliz”, de Oscar Wilde. El cuento, publicado originalmente en 1888, presenta a un príncipe convertido en estatua que desde las alturas observa las dificultades de quienes viven en la ciudad. Una golondrina se convierte en su compañera y juntos comienzan un recorrido marcado por la solidaridad y la entrega.
Mendoza toma ese relato y lo lleva a un lenguaje completamente diferente. El argumento se convierte en el punto de partida para una producción en la que se cruzan teatro, circo, canto, danza, acrobacia y artes aéreas.
La historia conserva su dimensión emotiva, pero adquiere una estética contemporánea, apoyada en la música, las imágenes, la iluminación y los recursos tecnológicos. El resultado es un espectáculo que no intenta reproducir literalmente el cuento, sino utilizarlo como punto de partida para construir un universo visual propio.
Más de 20 artistas en escena
La puesta reúne a más de 20 artistas entre intérpretes, bailarines, acróbatas y artistas aéreos. El elenco está encabezado por Alan Lez, como el Príncipe Feliz; Valentina Podio, como la Golondrina; y Nacho Pérez Cortés, quien también cumple un papel fundamental dentro del desarrollo de la historia.
La producción exige que los artistas trabajen en diferentes niveles y dentro de una estructura que cambia permanentemente. No es solamente una cuestión de desplazarse por un escenario. El movimiento forma parte de la narración.
Los bailarines pueden aparecer mientras las plataformas cambian de posición. Los acróbatas utilizan el espacio aéreo. Las imágenes proyectadas modifican el ambiente y la música acompaña cada transformación. Por momentos, la mirada queda atrapada en el centro. Pero rápidamente algo sucede arriba. O a un costado. Y entonces el público descubre que en La Cúpula no existe un único lugar desde donde mirar.
Teatro, circo y tecnología
Flavio Mendoza ha construido gran parte de su identidad artística alrededor de la combinación de lenguajes. La Cúpula lleva esa característica a una escala especialmente ambiciosa. Hay momentos en los que la propuesta se acerca al teatro.
En otros, el circo toma el protagonismo. Después aparecen la danza, el canto, los números acrobáticos y los artistas suspendidos en el aire. Y sobre todo eso se despliega una capa tecnológica que transforma constantemente el espacio.
La música en vivo y las voces de los intérpretes completan la experiencia. La intención es que ninguno de esos elementos funcione de manera aislada. El movimiento, el sonido, la iluminación y las imágenes deben formar parte de una misma construcción escénica.
Un proyecto pensado como espacio propio
La diferencia de La Cúpula respecto de una producción tradicional comienza incluso antes del estreno. Mendoza decidió construir un espacio específicamente pensado para sus espectáculos. En una entrevista previa al lanzamiento, explicó que contar con un lugar propio le permitía tener mayor libertad creativa y no depender de las limitaciones de una sala teatral convencional.
La estructura fue desarrollada especialmente para el proyecto y llegó a Buenos Aires después de un proceso de construcción y preparación realizado para las necesidades específicas de la producción. Por eso La Cúpula no es simplemente el lugar donde se presenta el espectáculo. La Cúpula también es parte del espectáculo. El edificio, las plataformas, el techo, las proyecciones y la distribución del público fueron concebidos como elementos de una misma experiencia.
La historia detrás de la elección de Oscar Wilde
La elección de “El Príncipe Feliz” tampoco fue casual. Mendoza contó que el cuento tiene un significado personal porque fue uno de los relatos que su madre le leyó durante su infancia. Según relató, aquella lectura quedó asociada a una enseñanza sobre ayudar a los demás, y muchos años después terminó convirtiéndose en la historia que eligió para su nuevo espectáculo.
Esa dimensión personal agrega otra lectura a la producción. Detrás de una puesta cargada de tecnología, grandes estructuras y despliegue circense existe una historia vinculada con la solidaridad, la generosidad y la posibilidad de entregar algo propio para ayudar a otros. El espectáculo, por lo tanto, busca funcionar en dos niveles: como gran producción visual y como relato emocional.
La experiencia de estar adentro
Quizás allí se encuentra una de las claves de La Cúpula. No se trata únicamente de observar. El diseño del espacio busca que el espectador tenga la sensación de estar dentro de la acción. Las imágenes aparecen alrededor.
Las plataformas se mueven. Los artistas pueden actuar en diferentes niveles. La música envuelve el espacio. Y la iluminación modifica la atmósfera prácticamente de una escena a otra. Todo esto produce una sensación diferente a la de un teatro tradicional. En una sala convencional, el público sabe dónde está el escenario. Aquí, en cambio, el escenario puede estar prácticamente en cualquier parte.
Puerto Madero como punto de partida
La ubicación también forma parte de la identidad del proyecto. La Cúpula se instaló en el predio del Casino Buenos Aires, en Puerto Madero, y allí presentó oficialmente su primera producción durante agosto de 2026. La función de prensa reunió a más de 900 personas y contó con la presencia de numerosas figuras del espectáculo argentino.
Desde entonces, el espacio se convirtió en uno de los nuevos puntos de encuentro para quienes buscan una experiencia escénica diferente en Buenos Aires. La temporada porteña está llegando a su cierre durante septiembre, después de varias semanas de funciones.
Y antes de abandonar Buenos Aires, La Cúpula deja planteada una pregunta interesante: qué ocurre cuando un espectáculo deja de pensar en el escenario como un lugar fijo y empieza a considerar todo el espacio como parte de la narración. Mendoza parece tener una respuesta.
El próximo destino, después de Buenos Aires
Puerto Madero es el presente de La Cúpula. Pero no será su última parada. Una vez concluida la temporada porteña, el proyecto continuará su recorrido por Argentina. El próximo destino anunciado es Santa Fe, donde La Cúpula tiene previsto estrenarse el 30 de octubre, con “El Príncipe Feliz, Corazón Dorado”. La estructura se instalará en el estacionamiento del Hiper Chango Más, sobre la Ruta Nacional 168.
Pero esa será otra etapa. Por ahora, el centro de esta historia está en Puerto Madero. Allí, detrás de una enorme cúpula blanca, Flavio Mendoza construyó un espacio donde el circo puede encontrarse con el teatro, la danza con la tecnología y una historia clásica con una puesta pensada para el público contemporáneo. La Cúpula propone que el espectador no se limite a mirar.
Que levante la cabeza. Que mire hacia los costados. Que siga el movimiento. Que se deje sorprender. Porque en este nuevo universo de Flavio Mendoza, el espectáculo no termina en el borde del escenario.
El escenario es todo el espacio.
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