Santa Fe, 20 de septiembre de 2026. Lucía Yépez no llegó a discutir. Fue de caza. En la final de los 53 kg de lucha libre, la ecuatoriana se plantó frente a Alexa Álvarez (Venezuela) y en menos de medio minuto resolvió el combate por superioridad técnica: 10-0.
Veinte segundos. El árbitro ni siquiera alcanzó a acomodarse del todo cuando “La Tigresa” ya tenía los brazos en alto y el himno a punto de sonar. Era el oro que todos esperaban de la subcampeona olímpica de París 2024, cuatro veces campeona panamericana y plata mundial. Y lo cobró con la misma ferocidad con la que suele hablar de sí misma: “Ponerse la corona es demostrarle que Lucía sigue de pie y Lucía es una tigre”.
No fue un acto solitario. Ese mismo día Jacqueline Mollocana, campeona en Asunción 2022, repitió título en los 50 kg. Experiencia, control y otro oro para la bandera. Luisa Valverde, también oro en 2022, se quedó con la plata en 57 kg: un segundo lugar que no empaña una carrera que ya incluye títulos bolivarianos y panamericanos. Tres mujeres, tres categorías, tres podios. Ecuador no “sumó medallas”; dominó la jornada de lucha femenina.
El medallero lo reflejó de inmediato: 11 oros. El país ya no era sólo el de las sorpresas aisladas; era el de un grupo que llega a cada ciclo olímpico con nombres que pesan. Yépez, abanderada rumbo a Los Ángeles 2028, lo dejó claro antes de competir y lo ratificó después: “Haremos que Ecuador brille siempre” y “vamos a estar en lo más alto en los Juegos Olímpicos, paso a paso”.
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