UNIÓN NACIONAL DE PERIODISTAS — NÚCLEO DEL GUAYAS.
La encíclica Magnifica Humanitas, de León XIV, es un documento notable pero incómodo: sus mejores verdades chocan con las contradicciones de la institución que las pronuncia.
Por Dick Richard Sellan Bajana | Periodista e investigador sociocultural | Guayaquil, Ecuador | Septiembre 2026 para Prensamerica Internacional©.
El 15 de mayo de 2026, el Vaticano hizo algo que los grandes parlamentos no han tenido el coraje de hacer: mirar de frente al poder tecnológico y llamarlo por su nombre. León XIV presento Magnifica Humanitas, 110 paginas sobre los efectos de la inteligencia artificial en la dignidad humana, advirtiendo que la IA no puede considerarse moralmente neutra y exigiendo “desarmarla”, para que no domine al ser humano. La fecha fue deliberada: el 135 aniversario de la Rerum Novarum de León XIII. El mismo nombre, el mismo gesto; otra época, otro abismo.
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León XIV escribe que la tecnología “adquiere las características de quienes la disenan, financian, regulan y utilizan“. Si quienes la disenan son elites privadas que responden sólo a sus accionistas, el resultado no es tecnología neutra: es tecnología de clase. OpenAI y Anthropic figuran entre las empresas privadas mas valiosas de Estados Unidos, con valoraciones superiores al PIB de decenas de países. Son los nuevos soberanos sin territorio ni bandera. La encíclica los nombra con una categoria propia: “colonialismo digital”, la concentración de datos, infraestructura computacional y poder algoritmico en unas pocas corporaciones, el mismo patrón extractivo del colonialismo histórico, ahora con cables de fibra óptica en lugar de carabelas.
El ser humano como obstaculo a superar
El núcleo filosófico del documento es su critica al transhumanismo (mejorar y modificar al humano mediante biomedicina e ingenieria corporal) y al poshumanismo (superar al ser humano como especie y crear una superinteligencia que controle la sociedad). En ambas corrientes, el ser humano existente, con sus limites, emociones y mortalidad, es el problema a resolver. León XIV advierte que esa lógica desemboca en una nueva exclusión: humanos “aumentados” frente a humanos “descartables”. La utopía tecnológica de unos pocos es la distopia de todos los demás.
Las verdades incomodas del documento
La encíclica es lucida en el diagnóstico pero evasiva en las soluciones. Denuncia la concentración del poder tecnológico privado, pero no propone mecanismos concretos para desmantelarla. Critica los algoritmos que moldean el imaginario colectivo, aunque el Vaticano usó durante siglos sus propios instrumentos de control informativo: el Index Librorum Prohibitorum, la Inquisicion, la censura sistemática. Su condena simétrica entre capitalismo desregulado y “colectivismo” reproduce una falsa equivalencia que neutraliza cualquier alternativa estructural real. Hay además, una ironía geopolítica: León XIV es ciudadano del mismo país que alberga a las corporaciones que el documento condena.
Lo que el mundo necesita escuchar
Con todas sus contradicciones, Magnifica Humanitas representa algo que escasea: una institución de peso global que se niega al determinismo tecnológico. La enciclica advierte, que la IA no experimenta emociones ni relaciones humanas genuinas, y que sus respuestas dan una falsa impresión de objetividad. En el periodismo eso tiene nombre: el algoritmo no tiene conciencia de clase, ni memoria histórica, ni indignacion moral. Puede imitar el lenguaje del periodismo crítico; no puede sentir la injusticia que lo motiva. La historia cambia, dice el Papa, “cuando al menos un hombre o una mujer se toma en serio la dignidad de todos”. Eso es exactamente lo que han hecho los periodistas que se negaron a callar.
El Papa lo dice desde Roma. Nosotros lo decimos desde aquí.
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