EL VERDADERO COSTO DE IGNORAR AL PUEBLO
Cuando un gobierno decide desobedecer el mandato popular depositado en las urnas y vulnerar los principios rectores de la Constitución, la historia enseña que jamás se trata de una simple coincidencia política. Entregar la soberanía nacional —sea territorial, marítima, judicial o económica— a potencias foráneas e intereses oscuros bajo la falsa promesa de “seguridad” o “cooperación” no es un acto gratuito. Tras la cesión de la autodeterminación siempre se cocinan turbulencias estructurales que terminan pasando una factura devastadora a la ciudadanía: corrupción desmedida, saqueo de los bienes estratégicos y la pérdida sistemática de las libertades individuales.
La experiencia de diversos países en la región demuestra un patrón ineludible. Cuando los centros de decisión se desplazan fuera de las fronteras nacionales y las tropas o corporaciones foráneas operan con inmunidad en suelo patrio, el Estado de derecho se disuelve. Se crean marcos jurídicos de excepción, se destruye la transparencia en las contrataciones públicas y la justicia local queda atada de manos para fiscalizar. El resultado final no es la paz, sino la subordinación de un país entero donde las riquezas naturales y los recursos públicos terminan saqueados mientras la población es sometida al control y al chantaje.
LAS TRES ETAPAS DEL DESMANTELAMIENTO SOBERANO
Inmunidad e Impunidad (Corrupción): Se firman acuerdos opacos que otorgan patentes de corso a fuerzas y contratistas externos. Al no rendir cuentas ante jueces o fiscales nacionales, se dinamita el principio de justicia y se abren las puertas a la opacidad en el gasto público.
Entreguismo de Recursos (Saqueo): La subordinación política y militar suele pavimentar el camino para la concesión entreguista de sectores estratégicos —como puertos, minería, petróleo y telecomunicaciones— despojando al Estado de sus fuentes de riqueza para beneficiar a élites transnacionales.
Militarización y Control Social (Pérdida de Libertades): Para sostener un modelo que vulnera la voluntad popular, la fuerza pública deja de perseguir al verdadero crimen organizado y se enfoca en la criminalización de la protesta, el acoso a la prensa libre y la intimidación ciudadana.
LA CONSTITUCIÓN COMO RETINADOR DE LA DIGNIDAD NACIONAL
El ordenamiento jurídico del Ecuador es enfático al blindar la independencia de la República / Soberanía Inalienable (Art. 1 de la Constitución): La soberanía radica en el pueblo, cuya voluntad es el fundamento de la autoridad, y se ejerce a través de los órganos del poder público. Ningún gobernante tiene la atribución de regalarla.
Prohibición de Bases y Enclaves (Art. 5): Declarar al Ecuador como territorio de paz exige la prohibición absoluta de instalaciones u operaciones militares foráneas que pongan en riesgo la integridad nacional.
Garantía de Derechos y Libertades (Art. 66): El Estado tiene la obligación inalienable de proteger la vida, la honra, la libre circulación y el trabajo de sus ciudadanos, sin someterlos a la arbitrariedad de potencias extranjeras.
LLAMADO A LA CIUDADANÍA: EXIGIR CUENTAS Y DEFENDER LA PATRIA
Un pueblo que calla ante la invasión paulatina de sus instituciones termina perdiendo su futuro. La ciudadanía no puede permanecer como una espectadora pasiva mientras se pisotea el mandato popular y se pone en subasta la dignidad nacional.
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