Comando Sur (USA) hunde barco pesquero en el mar ecuatoriano

Lic. Carlos García Neira
8 minutos de lectura
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¡EL SACRIFICIO DE UNA FAENA REDUCIDO A NADA!

​MANTA, Manabí.— Días enteros de trabajo nocturno, combustible invertido, redes lanzadas al océano y el sudor de hombres que arriesgan la vida en altamar quedaron reducidos a escombros en el fondo del Océano Pacífico. La embarcación pesquera “X Siempre Don Carlos” se suma a la lista de naves interceptadas, destruidas y hundidas durante sus labores operativas, provocando no sólo la pérdida del barco, sino el desperdicio absoluto de una valiosa y cuantiosa captura de peces que ya había sido lograda con extremo sacrificio. Quienes interceptaron, evacuaron y hundieron al pesquero X Siempre Don Carlos el 15 de septiembre de 2026, fueron fuerzas del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), a través de la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental (JTF-WHEM).

​Los testimonios de los trabajadores del mar confirman el drama humanitario y económico que enfrenta el sector: tras la intercepción y el posterior hundimiento de la nave, toneladas de pesca fresca y el esfuerzo de múltiples familias manabitas se perdieron de manera irrecuperable en las profundidades marinas.

​DEL TRABAJO HONESTO AL DESPOJO EN ALTAMAR

​El caso de la embarcación “X Siempre Don Carlos” no representa únicamente la destrucción de una herramienta de trabajo, sino una afrenta directa a la subsistencia de las familias que dependen de la pesca artesanal e industrial en las costas de Manabí: ​Pérdida Total del Producto del Trabajo.

La captura conseguida tras jornadas agotadoras en altamar fue arrojada al fondo del mar junto con la estructura de la nave. No hubo espacio para el desembarque, la verificación ni la comercialización legal del producto, dejando a los armadores y a la tripulación en el desamparo económico total.

Destrucción de Herramientas de Vida: El costo de los motores, las artes de pesca, el equipamiento de navegación y el casco destruido liquida de golpe el patrimonio acumulado durante años de labores marítimas, dejando a decenas de familias sin su única fuente de ingresos.

Desperdicio e Impunidad: Inmovilizar una embarcación y provocar su hundimiento con la carga a bordo constituye un acto de desproporción operativa que atenta contra el derecho al trabajo y la seguridad hídrica y alimentaria de las comunidades costeras.

​VIOLACIÓN AL DERECHO AL TRABAJO Y AL DEBIDO PROCESO

​La destrucción sistemática de barcos pesqueros en aguas jurisdiccionales e internacionales vulnera las garantías básicas consagrándose en el ordenamiento jurídico. ​Derecho al Trabajo y a la Propiedad (Arts. 66 y 321 de la Constitución): El Estado y las autoridades marítimas están obligados a proteger la propiedad privada y las fuentes de empleo. La destrucción arbitraria de bienes sin un juicio previo, sin peritajes de ley y sin una sentencia condenatoria firme viola el debido proceso.

Presunción de Inocencia (Art. 76 de la Constitución): Calificar o presumir la ilegalidad de una nave sin presentar pruebas materiales ni someter el caso a la justicia ordinaria vulnera las garantías constitucionales de los trabajadores del mar.

Falta de Tutela Judicial Efectiva: Ejecutar acciones de fuerza en altamar que terminan en el hundimiento de las naves impide la recolección de pruebas lícitas y deja a los afectados en total indefensión jurídica para reclamar la reparación integral de los daños.

​LA VOZ DE LOS PESCADORES NO SE APAGA

​El hundimiento de la embarcación “X Siempre Don Carlos” evidencia la urgencia de exigir explicaciones claras a las autoridades pertinentes sobre los procedimientos ejecutados en el mar ecuatoriano. Destruir el fruto del trabajo honesto no es hacer justicia; es sembrar ruina en las familias trabajadoras de Manabí.

VERRSIÓN DE WASHINGTON

Quienes interceptaron, evacuaron y hundieron al pesquero X Siempre Don Carlos el 15 de septiembre de 2026, fueron fuerzas del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), a través de la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental (JTF-WHEM). Según el propio comando militar, la nave fue abordada en el Pacífico Oriental, sus tripulantes —unas 25 personas, según el reporte inicial— fueron retirados y luego la embarcación fue destruida y enviada al fondo. Washington la presentó como una “estación de reabastecimiento flotante” que, según su inteligencia, apoyaba operaciones de tráfico de drogas y estaba vinculada a Los Choneros. Los pescadores y familiares, en cambio, sostienen que se trataba de una faena honesta salida de Manta, con captura ya a bordo, y que no hubo juicio, peritaje ni sentencia previa que justificara reducir a escombros el fruto de días de trabajo en altamar.

CONCLUSIÓN

El hundimiento del X Siempre Don Carlos no es un episodio aislado: es el eslabón visible de un patrón que, desde finales de agosto, ha ido dejando en el fondo del Pacífico una fila de barcos salidos de Manta y de las comunas manabitas. Una y otra vez se repite la misma secuencia: interceptación en altamar por fuerzas del Comando Sur, evacuación de la tripulación, destrucción de la nave con la captura todavía a bordo y entrega de los hombres a autoridades ecuatorianas que, en varios de esos casos, no han logrado sostener acusaciones de narcotráfico ante un juez. Lo que se presenta como “estación flotante” de Los Choneros termina siendo, para las familias, el patrimonio de años, el combustible pagado, las redes y el pescado ya ganado con noches de riesgo. Cada hundimiento liquida de un golpe el trabajo honesto y deja a decenas de hogares sin herramienta ni producto, sin juicio previo y sin espacio para desembarcar lo que el mar sí les había dado.

Esa reiteración convierte la operación en algo más que un operativo puntual: se vuelve una práctica que trata a la flota pesquera de Manabí como sospechosa por el sólo hecho de estar en el Pacífico. El Don Carlos se suma a Los Tres Hermanos, Conquista 2, OM2, María Candelaria, Montecristi, Don Rufo y, al día siguiente, al Karla Franccesca. Siempre el mismo argumento de inteligencia extranjera; siempre la misma ausencia de sentencia firme antes de hundir; siempre el mismo desamparo cuando las toneladas de pesca y el casco desaparecen juntos.

Destruir la faena y el medio de vida sin tutela judicial efectiva no es un error de un día: es un método que siembra ruina en las costas de Manabí y que exige, con urgencia, que se rinda cuenta de por qué el sacrificio de los trabajadores del mar se reduce, una y otra vez, a nada.

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