El origen del viaje: De Vinces a Guayaquil / La rutina de Stalin no era la de un niño común de 12 años. En su natal Vinces, una localidad rural de la provincia de Los Ríos, el amanecer no significaba ir a la escuela, sino prepararse para un extenuante viaje por carretera. Diagnosticado con leucemia linfoblástica, su cuerpo dependía de tratamientos oncológicos complejos que solo se ofrecían en los hospitales de la gran ciudad.
Cada jornada, junto a su familia, Stalin recorría los más de 100 kilómetros que separan Vinces de Guayaquil. El trayecto, ya de por sí desgastante para un menor con las defensas diezmadas por el cáncer, pronto se convirtió en un calvario logístico. Al llegar al hospital público, la realidad los golpeaba de frente: el sistema sanitario ecuatoriano atravesaba una de sus crisis de desabastecimiento más agudas. Sus padres no solo debían luchar contra la enfermedad, sino rebuscar dinero para comprar insumos tan básicos como el paracetamol, jeringas y sueros que los dispensarios estatales ya no proveían.
El ruego público al poder: El vídeo que conmovió al país
Con el pasar de los meses, la leucemia avanzó y los tratamientos estándar dejaron de ser suficientes. Los médicos determinaron que Stalin necesitaba un fármaco de alta especialidad: blinatumomab, un anticuerpo indispensable para frenar el avance de las células cancerígenas y permitirle una oportunidad de sobrevivir. Sin embargo, la burocracia estatal y la falta de presupuesto mantuvieron el medicamento fuera del inventario público. Su costo era prohibitivo para una familia campesina.
Desesperados y viendo cómo la salud del niño se deterioraba, su entorno decidió romper el anonimato. Grabaron a Stalin en su cama de hospital y difundieron fotos de su vida diaria en redes sociales. En el video, con voz pausada pero firme, el niño miró a la cámara y se dirigió directamente al presidente de la República, Daniel Noboa. Le rogó que autorizara de forma urgente la compra de su tratamiento de quimioterapia para salvarse. El video se viralizó rápidamente, convirtiendo a Stalin en el rostro visible de miles de pacientes oncológicos desatendidos en el país.
Promesas a medias y el peso del reloj
La presión social en plataformas digitales obligó a una respuesta indirecta. Según denunciaron posteriormente los allegados del menor, una persona que se identificó “en nombre del Gobierno” llegó a contactarse con el entorno de los pacientes para solicitar información sobre el estado de Stalin. Hubo cruces de llamadas y promesas de gestión, pero los días en el calendario oncológico corren más rápido que los trámites ministeriales.
Mientras en la esfera política se discutían los inventarios y las culpas institucionales, Stalin continuaba viajando a Guayaquil, cada vez más debilitado, resistiendo con cuidados paliativos mínimos. El fármaco que prometía salvarle la vida nunca llegó a sus manos.
El desenlace: 18 de septiembre de 2026
La mañana del 18 de septiembre de 2026, el cuerpo del pequeño guerrero de Vinces dijo no más. Stalin Sarate falleció a la edad de 12 años en una camilla hospitalaria, tras meses de pedir auxilio en vídeo.
Pocas horas después, colectivos de salud, defensores de derechos humanos y medios de comunicación difundieron la noticia. “Hoy perdimos un guerrero. Falleció el niño que por meses rogó al presidente Daniel Noboa que apruebe la compra de su quimio para salvarse”, rezaba el doloroso comunicado emitido por quienes acompañaron su causa. Su fallecimiento transformó el luto familiar en un fuerte debate nacional sobre las prioridades del presupuesto estatal y la crisis de la salud pública en Ecuador. El niño que conmovió a las redes sociales se marchó esperando la medicina que el Estado no pudo —o no alcanzó a— entregar.
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