Fredy Miño no era simplemente el hombre encargado de empujar la silla de ruedas de Lenín Moreno. Fue militar, asistente personal, funcionario de la Presidencia y una de las personas con acceso más directo al exmandatario y a su círculo familiar. Su nombre completo es Fredy Guillermo Miño Mosquera. Perteneció a la Fuerza Aérea Ecuatoriana y formó parte del Servicio de Protección Presidencial.
Su historia con la familia Moreno-González comenzó en 2009, cuando fue asignado a la Vicepresidencia de Ecuador. Inicialmente trabajó cerca de Rocío González, esposa de Moreno, y posteriormente pasó a encargarse directamente de la asistencia y movilidad del entonces vicepresidente.
Desde ese momento, Miño comenzó a aparecer detrás de la silla en prácticamente todas las etapas importantes de la vida política de Lenín Moreno. Lo acompañó mientras fue vicepresidente de Ecuador, durante su misión internacional vinculada a Naciones Unidas, en la campaña electoral y durante sus cuatro años como presidente de la República.
También viajó con él por aproximadamente 15 países y estuvo presente en reuniones, ceremonias oficiales y encuentros con importantes mandatarios internacionales. Uno de esos momentos ocurrió durante la visita oficial de Moreno al entonces presidente estadounidense Donald Trump. Miño se encargó personalmente de sacar la silla de ruedas del vehículo, tomar al mandatario y colocarlo sobre ella antes del encuentro.
Al regresar Moreno de su misión internacional, a finales de 2016, Miño se retiró de las Fuerzas Armadas y continuó trabajando con él como servidor público.
Los documentos oficiales de la Presidencia demuestran que no aparecía registrado únicamente como encargado de movilidad. Durante el Gobierno de Moreno ocupó formalmente funciones como asesor y gestor de Gobierno dentro de la Secretaría General de la Presidencia.
Es decir, aunque para la ciudadanía era conocido como “el hombre que empujaba la silla”, su posición administrativa y su cercanía con el mandatario eran mucho más amplias.
Miño no fue ministro, no dirigió una cartera de Estado ni aparecía pronunciando discursos. Sin embargo, durante años tuvo algo que muy pocos funcionarios poseían: acceso permanente al presidente y la posibilidad de hablarle directamente. En una entrevista publicada en 2018, Miño reconoció que podía advertirle a Moreno cuando consideraba que una persona era buena o mala. Según sus propias palabras, el expresidente le había otorgado esa confianza.
También aseguró: “Mi tarea es cuidarlo y apoyarlo“. Estas declaraciones muestran que su relación iba más allá de la asistencia física. Miño era un hombre de confianza con acceso privilegiado al oído del jefe de Estado. Sin embargo, no existe documentación que demuestre que haya decidido políticas públicas, manejado contratos o intervenido en nombramientos. Tampoco está procesado ni ha sido señalado como participante en el caso Sinohydro. Su cercanía con Moreno no debe presentarse automáticamente como prueba de participación en los actos por los cuales fue juzgado el exmandatario.
Pero su familia también ocupó espacios durante aquella administración. Miño declaró públicamente que estaba casado y que tenía dos hijos. Su esposa es Adriana Lima Solano, tecnóloga en Administración de Empresas.
Durante el Gobierno de Lenín Moreno, Lima fue identificada públicamente como gerente administrativa de Seguros Sucre, compañía que entonces pertenecía al Estado. Su perfil profesional también registra su relación laboral con esa empresa. Su nombramiento fue cuestionado públicamente por tratarse de la esposa de uno de los hombres más cercanos al presidente. No obstante, el parentesco por sí solo no demuestra que Fredy Miño consiguiera su contratación ni que ella careciera de preparación para ocupar el cargo.
Tampoco existe información confiable que indique que los dos hijos de Miño hayan trabajado en el Gobierno de Moreno. Por su posición, Fredy Miño también tuvo acceso a una vida que estaba fuera del alcance de la mayoría de los servidores públicos.
Viajaba en las comitivas, entraba a reuniones y ceremonias, se alojaba durante las misiones oficiales y presenciaba encuentros con presidentes y personalidades internacionales. En la práctica, compartió durante años los ambientes, desplazamientos y privilegios asociados al poder presidencial.
Pero hay que realizar una distinción importante: acompañar al presidente y desenvolverse dentro de su entorno no significa necesariamente poseer su patrimonio ni mantener permanentemente su mismo nivel económico. Los viajes y alojamientos formaban parte de las funciones que Miño desempeñaba como asistente y servidor de la Presidencia.
Cuando Lenín Moreno terminó su mandato, en mayo de 2021, también concluyó oficialmente la función pública de Fredy Miño. En ese momento, Miño dijo sentir tristeza y nostalgia, pero aseguró que estaría junto a Moreno hasta el último minuto de su periodo constitucional. Todo hacía pensar que el hombre que durante doce años había empujado aquella silla desaparecería de la vida pública junto con el Gobierno. Sin embargo, las imágenes posteriores indican que la relación personal continuó.
Y este 28 de agosto de 2026, Fredy Miño volvió a aparecer detrás de la misma silla cuando Lenín Moreno acudió a la Corte Nacional de Justicia para conocer el fallo del caso Sinohydro. Ese día, un tribunal declaró al expresidente culpable, en primera instancia, por el delito de cohecho, dentro de una trama relacionada con los sobornos pagados alrededor de la construcción de la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair.
De acuerdo con la decisión judicial, se desvirtuó la presunción de inocencia de Moreno. Su esposa, Rocío González, y una de sus hijas también fueron declaradas culpables. La Fiscalía sostuvo que la empresa china Sinohydro pagó aproximadamente 76 millones de dólares en sobornos entre 2009 y 2018, y que más de un millón habría beneficiado a Moreno y a integrantes de su entorno familiar.
Lenín Moreno rechaza el fallo, asegura que no recibió dinero y sostiene que no participó en la firma ni en la administración del contrato. Al tratarse de una decisión de primera instancia, todavía puede presentar los recursos correspondientes. Pero mientras Moreno escuchaba uno de los fallos más graves de su vida política, detrás de su silla estaba nuevamente Fredy Miño.
Estuvo allí cuando Moreno era vicepresidente. Lo acompañó en Naciones Unidas, durante la campaña presidencial, dentro del Palacio de Carondelet y en viajes alrededor del mundo. Estuvo junto a él cuando era recibido con honores, tenía poder y se reunía con mandatarios internacionales. Y volvió a estar presente cuando el expresidente tuvo que comparecer ante la justicia y escuchar que había sido declarado culpable.
La historia de Fredy Miño no es la de un procesado en el caso Sinohydro. Es la historia de un hombre que convirtió la asistencia profesional en una relación de confianza personal que ha sobrevivido al final del Gobierno, a la pérdida del poder y ahora a una sentencia judicial.
Durante años conoció los desplazamientos, las conversaciones y numerosos momentos privados de la familia Moreno-González. Lo que pudo observar pertenece a una cercanía que pocas personas tuvieron, pero eso no permite responsabilizarlo por las actuaciones del exmandatario.
La lealtad, sin embargo, está a la vista.
Fredy Miño acompañó a Lenín Moreno cuando estaba en la cima del poder y permaneció detrás de su silla cuando llegó el momento de enfrentar a la justicia. Cambiaron los cargos, terminaron los viajes presidenciales y desaparecieron los honores, pero el hombre detrás de la silla siguió allí.
