Unas 68 personas perdieron la vida en esta nueva tragedia ferroviaria.
La mañana del 28 de octubre de 2026 amaneció como cualquier otra en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Pasajeros de dos trenes —un AVE de Renfe y un servicio de la compañía Iryo— avanzaban hacia Andalucía cuando, cerca de las 8:30, el sistema de control de tráfico LZB falló por un problema de comunicación entre ordenadores en un tramo de unos 60 kilómetros. Los trenes se detuvieron automáticamente, como está previsto en estos casos.Uno de ellos, el Iryo, quedó parado en las vías cerca de la localidad de Urda, en la provincia de Toledo, a unos 140 kilómetros al sur de Madrid.
Desde el centro de control de Atocha se autorizó la reanudación de la marcha de otro convoy que circulaba detrás. Minutos después, sobre las 8:54, el AVE de Renfe lo embistió por la parte trasera a gran velocidad. El impacto fue brutal. Varios vagones del tren que iba delante descarrilaron y al menos dos cayeron por un terraplén. El metal se retorció, los cristales saltaron y el silencio de la mañana se llenó de gritos y el ruido de los equipos de emergencia.

En total viajaban más de 540 personas entre ambos trenes: cerca de 397 en el Renfe y unas 147 (incluido un bebé) en el Iryo. El balance provisional arroja al menos 68 muertos y decenas de heridos, varios de ellos graves o en estado crítico. El maquinista del AVE falleció. Las cifras, advierten las autoridades, podrían subir a medida que avanzan las labores de rescate entre los restos.El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó la decisión de reanudar la marcha como “inexplicable” y “errónea”. Había señal en rojo y el sistema de seguridad no estaba restablecido.
Se investiga tanto el fallo técnico del LZB como la actuación humana del centro de control. Es el segundo accidente mortal grave de alta velocidad en menos de un año en la misma línea: en enero, cerca de Adamuz (Córdoba), otro choque entre trenes de los mismos operadores dejó 46 muertos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazó al lugar y habló de un país en duelo. La circulación entre Madrid y Andalucía quedó suspendida y las compañías cancelaron o bloquearon la venta de billetes.
En el paisaje de olivos y campos de la meseta, los equipos de rescate trabajan entre vagones volcados y escombros. Supervivientes cuentan el impacto como un golpe seco que los lanzó de sus asientos. Vecinos de la zona ayudaron en los primeros momentos. Mientras la investigación avanza, la alta velocidad española, orgullo nacional durante décadas, vuelve a estar bajo el foco de las dudas sobre seguridad e infraestructuras. El país entierra a sus muertos y pregunta cómo pudo ocurrir de nuevo.
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