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Argentina: Hernán Simó, entre leyes y pinceles digitales, la vocación que esperó su momento

Redactora Isabel Figueroa
5 minutos de lectura

Mucho antes de ser abogado, fiscal, especialista en Derecho y profesional con experiencia internacional, Hernán Simó fue un adolescente que descubrió que la música y el arte ocupaban un lugar demasiado importante en su vida como para ignorarlos. A los 16 años aproximadamente, un test vocacional terminó de confirmar aquello que internamente ya sabía. El resultado indicó un 95% de inclinación hacia la música.

La respuesta era clara. La decisión, no tanto.

Hernán había crecido en Godoy Cruz, Mendoza, en una familia donde las profesiones tradicionales tenían un fuerte peso. Su madre es médica y su padre abogado. En ese contexto, y pensando también en la necesidad de contar con una profesión que le ofreciera estabilidad, decidió estudiar Derecho.

Pero hubo una condición que se impuso a sí mismo: no abandonar aquello que realmente amaba. Mientras avanzaba en la carrera universitaria, siguió vinculado a la música. Estudió piano, tocó instrumentos, compuso, cantó en un coro y continuó explorando distintas formas de expresión artística.

El Derecho terminó convirtiéndose en una profesión. El arte, en cambio, permaneció como una identidad.

Simó se graduó de abogado en 2013 con medalla de oro y un promedio de 9,56. Ingresó al Poder Judicial de Mendoza, trabajó en cámaras de apelaciones civiles y posteriormente se desempeñó como Fiscal Civil Sustituto y luego como Fiscal con acuerdo del Senado provincial.

Su formación continuó más allá de las fronteras argentinas. Realizó un MBA en Barcelona y posteriormente obtuvo un Master of Laws en Estados Unidos, graduándose con honores. En 2023 aprobó el California Bar Exam, uno de los exámenes jurídicos más exigentes del país, y comenzó una nueva etapa profesional vinculada al ejercicio privado del Derecho en California.

Pero mientras su currículum jurídico crecía, también lo hacía su universo creativo

En algún punto de ese recorrido tomó una decisión que probablemente haya sido una de las más importantes de su vida: dejar su cargo como fiscal para recuperar tiempo y espacio para desarrollar su faceta artística. No fue una ruptura con el Derecho. Fue una forma de recuperar una parte de sí mismo que había permanecido siempre presente.

Hoy Simó continúa trabajando en el ámbito jurídico, pero también desarrolla una carrera como artista digital, pianista y compositor. Sus obras comenzaron a circular por distintos escenarios internacionales y llegaron a públicos de países muy alejados de Mendoza, su lugar de origen. En Qatar recibió el reconocimiento Best Digital Art Award por Rivers of Wisdom, en un festival internacional que reunió artistas de más de 70 países.

Barcelona también se convirtió en una escala importante de su trayectoria artística. Allí presentó Fragmentos de Luz, su primera muestra internacional individual, y próximamente recibirá el Premio Internacional Rembrandt, mientras sus obras serán exhibidas en el Museo MEAM durante la Bienal de Arte de Barcelona.

Grecia fue otro capítulo de esta expansión internacional. En la isla de Creta presentó Soul Journey, una serie de diez obras concebida como un viaje visual hacia el interior del ser humano.

Hay algo que atraviesa buena parte de su producción: la espiritualidad. Sus obras hablan de luz, transformación, búsqueda, trascendencia y conexión interior. Conceptos que, de alguna manera, también dialogan con su propia historia.

Porque la vida de Hernán Simó parece haber sido, justamente, un largo proceso de transformación. Primero fue aquel adolescente que descubrió que su vocación estaba en la música. Después llegó el abogado que eligió una profesión siguiendo también las expectativas y valores de su entorno familiar. Más tarde apareció el fiscal, el académico, el profesional internacional.

Y finalmente, sin renunciar a nada de lo aprendido, volvió a mirar hacia aquel joven que alguna vez recibió un resultado de un test vocacional que le decía algo que ya sabía: que el arte no era simplemente un interés. Era una parte esencial de su identidad.

Quizás por eso una de las palabras que lleva tatuadas en su piel sea “VIVIR”. Hoy lo hace desde varios lenguajes: el Derecho, la música y el arte digital.Y su historia demuestra que a veces la vocación no desaparece cuando la dejamos esperando. Simplemente aguarda el momento en que decidimos volver a escucharla.

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